El Gobierno Británico camina hacia la dictadura

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Nuevo avance del Gobierno de Keir Starmer hacia la censura ideológica. La recién creada unidad policial contra la radicalización, denominada Prevent, ha emitido la última versión del curso que los funcionarios públicos deberán hacer de forma obligatoria, en ella se advierte que reprobar la inmigración masiva o criticar la carencia de integración de determinados grupos étnicos dará como resultado la activación de una estricta vigilancia por parte del Estado.

Este programa de control policial se presenta con la excusa de apoyar a las personas susceptibles a la radicalización, y que expresen sus opiniones en el sentido de la inquietud que supone la amenaza del incremento migratorio para la cultura occidental,siendo esto una clara señal de alarma.

En síntesis: la critica hacia el multiculturalismo sería suficiente motivo para etiquetar a cualquier ciudadano como extremista y, por tanto, se iniciaría un procedimiento policial de investigación al considerarse radicalización en fase iniciaria.

La referida formación a profesionales del sector público, que ya se puede leer en la web del Gobierno británico, deberá ser realizada por miles de funcionarios, e irá especialmente dirigida a profesores, que tendrán la obligación de dar parte ante cualquier eventual señal de radicalismo.

La exigencia de estos manuales se circunscribe a la evidencia de unas políticas que comienzan a rozar la represión contra aquellos que se distancien de la versión oficial en materia de inmigración.

La oposición pública no se ha hecho esperar, ya que resulta incomparable equiparar es discurso anti inmigración, con el radicalismo islámico, que ya ha provocado más de un centenar de muertos en Inglaterra.

Los más críticos han afirmado que lo que realmente busca este nuevo experimento del Gobierno Británico es silenciar a la ciudadanía ante una cuestión que, según determinadas encuestas, ya representa el primer motivo de preocupación de los ingleses.

Reino Unido se dirige hacia una dictadura de imprevisibles consecuencias, ya que, con total seguridad, y viendo las últimas manifestaciones, esto sólo va a expandir el problema, problema creado durante décadas de Gobiernos irresponsables que siempre han mirado para otro lado. Ahora las Islas Británicas son una olla a presión que puede estallar en cualquier momento.


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