China ha fortalecido su presencia económica, tecnológica y diplomática en Asia Occidental, y se espera que una nueva administración Trump busque frenar su ascenso y limitar su acceso a recursos energéticos clave. En la última década, Pekín se ha consolidado como un socio comercial vital en el Golfo Pérsico, importador de energía e impulsor de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), que conecta Asia y Europa. Sin embargo, una segunda presidencia de Trump podría obstaculizar estos planes.
En sus primeros meses, Trump ha priorizado la industria estadounidense con decretos, aranceles y la doctrina de «Estados Unidos primero», intensificando la rivalidad con China en esta región geopolíticamente sensible.
Un documento filtrado del Pentágono, la «Guía Nacional Provisional de Defensa Estratégica», destaca a China como el principal desafío, relegando a Rusia a los aliados europeos y enfocándose en Taiwán.
EE. UU. presiona a sus aliados para aumentar el gasto militar y refuerza su campaña contra Irán, buscando contener a Teherán y cortar sus exportaciones de petróleo a China, debilitando así un pilar de la BRI. Naser al-Tamimi, experto en relaciones Golfo-China, señala que Washington podría presionar a los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para alejarse de Pekín, aunque estos han sabido mantener alianzas diversificadas.
En 2023, el comercio de China con Asia Occidental y el norte de África alcanzó los 507 000 millones de dólares, duplicándose desde 2017, con más del 50 % de su petróleo proveniente del Golfo. Aunque Pekín evita depender de un solo proveedor, su vínculo energético con la región es crucial.
China podría usar herramientas económicas para contrarrestar acuerdos entre EE. UU. y Arabia Saudí que amenacen sus intereses.
La reelección de Trump y la guerra en Gaza han puesto a prueba la diplomacia equilibrada de China, que históricamente mantuvo lazos con Irán, Arabia Saudí e Israel. John Calabrese, experto de American University, indica que eventos regionales, más que la rivalidad con EE. UU., moldean la geopolítica actual. Trump podría intensificar sanciones contra Irán, arriesgando una escalada que complique los cálculos de China y los países del Golfo.
La guerra en Gaza ha tensado las relaciones de China con Israel, al criticar sus acciones sin condenar a Hamás. En 2023, Pekín medió entre facciones palestinas, mostrando ambición por influir en la región y desafiar a EE. UU. como mediador. Mientras Washington respalda a Israel, China gana terreno como actor equilibrado.
La competencia también se refleja en proyectos como el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC), rival de la BRI. Tamimi sugiere que los actores regionales optarán por coexistencia pragmática. Sin embargo, la volatilidad global y las políticas impredecibles de Trump podrían desestabilizar Asia Occidental, elevando los precios energéticos y fragmentando aún más la región.


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