La supremacía de la IA: EEUU, China y el papel de Asia Occidental

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La carrera por la supremacía en inteligencia artificial (IA) ya no se limita a un duelo entre Estados Unidos y China. Los países ricos en energía de Asia Occidental están utilizando su poder financiero para invertir en empresas de IA tanto estadounidenses como chinas, convirtiéndose en actores clave capaces de inclinar la balanza en esta guerra tecnológica de alto riesgo.

En diciembre, la exsecretaria de Comercio de EE. UU., Gina Raimondo, admitió que «frenar a China es una tarea inútil», reconociendo el rápido avance tecnológico del país asiático. Poco después, China reforzó su posición con el lanzamiento de DeepSeek, una aplicación de IA que el expresidente Donald Trump calificó como una «llamada de atención» en la carrera global por la IA. Este hito desafió la percepción de dominio estadounidense, sugiriendo que China no solo ha cerrado la brecha tecnológica, sino que podría estar superando a Occidente en eficiencia y recursos.

La IA ha trascendido su papel como herramienta tecnológica para convertirse en un campo de batalla que redefine la seguridad nacional y el poder geopolítico. En este contexto, Asia Occidental ha emergido como un actor crucial, aprovechando su ubicación estratégica y sus vastos recursos financieros y energéticos. Países como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos ya no son meros consumidores de IA, sino inversores influyentes que apuestan por empresas de ambos bandos a través de fondos soberanos.

En julio de 2022, EE. UU. aprobó la Ley CHIPS y de Ciencia, un paquete de 52.700 millones de dólares destinado a revitalizar su industria de semiconductores y reducir la dependencia de Asia oriental. Esta ley también buscó fomentar la investigación en IA y computación cuántica, imponiendo restricciones a la exportación de tecnología avanzada a China. En enero de 2025, la administración Biden introdujo el Marco de Implementación de IA, que limitó las exportaciones de chips de IA a países como China, Rusia, Irán y Corea del Norte, mientras favorecía a los aliados de EE. UU.

Poco después, el expresidente Trump firmó la Orden Ejecutiva 14179, que buscaba acelerar el desarrollo de la IA y eliminar barreras burocráticas. Además, proyectos como Stargate, una iniciativa de infraestructura de IA valorada en 100.000 millones de dólares, reflejan el compromiso de EE. UU. por mantener su liderazgo en este ámbito. OpenAI, uno de los impulsores del proyecto, advirtió que si EE. UU. no atrae inversiones globales, estas fluirán hacia proyectos respaldados por China, fortaleciendo su influencia.

El lanzamiento de DeepSeek por parte de China sacudió la industria tecnológica. La aplicación alcanzó el primer puesto en la App Store de EE. UU., superando a rivales como ChatGPT y Gemini, y provocó una caída en las valoraciones de gigantes tecnológicos como Nvidia. Este avance aumentó las preocupaciones de seguridad en Washington, donde se teme que China utilice su superioridad en IA para ganar ventajas militares y difundir narrativas estatales.

China también está reduciendo su dependencia de empresas occidentales de semiconductores, como TSMC y Samsung, acelerando su camino hacia la autosuficiencia tecnológica. Además, la demanda de talento en IA está atrayendo a expertos de Occidente, lo que podría exacerbar la fuga de cerebros en EE. UU. y Europa.

Asia Occidental se ha convertido en un actor decisivo en la carrera por la IA. Países como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos están invirtiendo miles de millones en infraestructura de IA y tecnologías futuras, tanto en EE. UU. como en China. Por ejemplo, el fondo soberano saudí Sanabil invierte 3.000 millones de dólares anuales en empresas de capital riesgo, mientras que Prosperity7, brazo inversor de Saudi Aramco, ha apoyado a Zhipu AI, una de las mayores startups de IA en China.

La región también cuenta con ventajas geográficas y energéticas. Su ubicación estratégica como cruce digital entre Europa, Asia y África la convierte en un centro ideal para el despliegue global de IA. Además, los centros de datos de IA generativa requieren grandes cantidades de energía, algo que los países ricos en petróleo de la región pueden ofrecer.

La competencia por la IA ya no es un juego de dos jugadores. Asia Occidental ha emergido como un actor clave, capaz de influir en el equilibrio de poder entre EE. UU. y China. Con su capacidad para invertir en ambos bandos y su posición estratégica, los países del Golfo Pérsico están redefiniendo su papel en el escenario global, convirtiéndose en un factor indispensable en la configuración del futuro de la IA.


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