“Hands Off” tuvo una multitudinaria participación el sábado 5 de abril en todo el territorio estadounidense, sin que se hayan generado la violencia ocurrida en el primer semestre del 2020.
Sin atisbo de duda, fue el “Día de los anti-Trump” porque se reunieron, en las calles de los condados y de las ciudades importantes, personas que se enrolan en diversas organizaciones, aunque la manifestación fue liderada, claramente, por los coroneles y los sargentos del partido demócrata y los activos de George Soros.
Sacar a la gente a la calle es una regla básica de la tecnología política, la cual heredó ese procedimiento de las experiencias históricas de otros siglos y, por ende, no es una innovación posmoderna de la genialidad del cerebro de los Soros.
Si miramos los resultados, la acción consiguió lo querido:
a-Pintar un cuadro donde se destaquen los colores de la diversidad antitrumpiana, pero con un objetivo concentrador que es la oposición intransigente a Trump.
b-Construir un mensaje claro, hacia el interior y el exterior de EE.UU., de que no piensan entregar el dominio completo a Trump.
c-Mantener en gimnasia movilizadora a numerosos grupos.
Para esto, los ingenieros correspondientes expresan una consigna que es, de extremo a extremo, cómica: Luchar contra la oligarquía.
Para el inconsciente colectivo de los movilizados por el lema demócrata, la oligarquía no serían las élites que tomaron la dirección del partido, cooptaron la institucionalidad federal y absorbieron la mayor tasa de ganancias durante mucho tiempo.
Ellos no son porque los oligarcas -creen muchos de los manifestantes- sólo tendrían que tener la marca de la bestia de Trump: Elon Musk y tantos otros empresarios y activistas que ayudaron al 47° a volver a la Casa Blanca.
Se ve, nítidamente, el engaño en el discurso y en la acción para que las “Manos globalistas” no sean apartadas del gobernalle.


Deja una respuesta