Las formaciones paneuropeístas viven momentos sumamente críticos sin parangón en su historia.
No pueden entender, ni mucho menos comprender, que la civilizacion anti-woke no sólo tenga visibilidad contra el relato sesgado y los augurios fallidos de los actores individuales y colectivos de la progresía globalista, sino que su auge es un hecho indiscutido y que será uno de los motores que formatearán un siglo que, hasta donde se lo puede analizar, será cuasi definitorio del devenir humano.
Sin esperarlo, fueron hackeados por quienes expresan paradigmas opuestos a la granja woke-orwelliana y eso les está dejando inmersos en la confusión, el desconcierto y en la neurastenia.
Como medida predilecta, juzgan el incremento de la censura y la represión contra todos los disidentes, cuando está probado por la experiencia histórica que con esos mecanismos lo que más engendrarán será una resistencia activa, compacta y fuerte en cuanto a correlación de fuerzas.
El equilibrio de poder ha cambiado y el antiwokismo es un vórtice.
Desde el parlamento europeo, la verde Alexandra Geese hizo esta peculiar confesión: Putin, Trump y Musk nos han declarado la guerra.
La destrucción de la Unión Europea ha sido el objetivo de Putin durante años. Y ahora, con su estrategia de seguridad nacional, Trump se ha unido a este club con el objetivo, según ella, de tener:
«Un continente europeo débil y dividido, una sociedad polarizada y el poder de los partidos de extrema derecha. Miro a todos los grupos de esta casa, excepto al rincón más a la derecha donde se sienta el amigo de Putin».
Con sus declaraciones, la parlamentaria alemana, vinculada a la agenda de Soros, quiere neutralizar la elaboración y el progreso de lo que Kirill Dmitriev llamó una alianza conservadora antiglobalista sustentada entre Donald Trump y Vladímir Putin. Esta relación es también llamada como grotesca y efecto de una conspiración por otras voces alemanas, francesas, entre otras.
Los liberales globalistas están ansiosos por lo que podrá suceder, en su contra, y en 2026; y, a la vez, se manifiestan exasperantes por su salida del control hegemónico de las gestiones centrales de la geopolítica haya o una, se concrete o no, una alianza conservadora Putin-Trump.
Por tales circunstancias, en su contraofensiva eligieron a Elon Musk, el más débil de los tres personajes que fueron mencionados por Geese, para impedir que el hundimiento final del Titanic Globalista sea un acontecimiento histórico en la inmediatez.
De cualquier manera, tampoco podrán derrotar a Elon Musk. Se acabaron las quimeras para el wokismo y se reducen al máximo las chances mundiales de George Soros. No asistimos al final de un ciclo, sino que estamos viendo la caída de todos ellos.


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