Los coches Jaguar siempre se han caracterizado por una línea clásica, tanto en su diseño como en la filosofía de la marca, siendo sus compradores habituales personas de buen gusto y elevado nivel tanto adquisitivo como cultural.
Según los últimos datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), un cambio en la estrategia de marketing ha llevado al fabricante británico Jaguar al desastre.
La marca ha sufrido una caída vertiginosa en las ventas de sus automóviles en Europa, tan sólo se han vendido 49 unidades durante el mes de abril, lo que viene a ser un desplome del 98% respecto al mismo periodo de 2024, cuando se comercializaron casi 2.000 unidades.
Este desastre a nivel comercial ha llegado precisamente cuando la marca estaba ejecutando un proceso de transformación, que por lo que se ve, no ha gustado a sus clientes.
Jaguar llevaba tiempo anunciando lo que es denominado como un rebranding integral, o lo que es lo mismo, una campaña publicitaria que ha abrazado la cultura woke, abandonando completamente la imagen centenaria de la empresa.
En vez de coches, la publicidad de Jaguar mostraba modelos de diferentes razas y nacionalidades atabiados con ropa de extraños diseños en paisajes surrealistas, a modo de ejemplo un escenario lunar de color rosa.
La firma de automóvilestambién decidió eliminar el felino de su logotipo, que siempre supuso su icono como marca, reemplazándolo por un diseño neutro y excesivamente simplista. Los nuevos slogans publicitarios requerían, según su departamento de marketing, crear exuberancia y eliminar lo ordinario, lo que apunta hacia una estrategia estética, comercial e ideológica que ha defraudado por completo a la mayoría de sus habituales clientes.
Este cambio de imagen siguiendo la estrategia woke ha resultado ruinoso para la compañía, que tardará en reponerse de este desastre. No es la primera empresa a la que le ocurre esto, la cervecera Bud, también se acercó al wokismo, y sus resultados fueron calamitosos, por lo que tuvo que regresar a sus formas tradicionales.
En último lugar podemos señalar una tendencia generalizada en Europa y es la política del subdesarrollismo promovida desde los globalistas en el poder, desde Bruselas y desde la mayoría de gobiernos europeos. «No tendrás nada y serás feliz», como su objetivo descarado al más fiel estilo de la Agenda 2030 de los globalistas del Foro Económico Mundial, donde gustosamente participan tales mandatarios europeos.
Mientras la mayoría global busca desarrollarse, crecer, avanzar, mejorar, vivir mejor, con prosperidad. Sin destruir el medio ambiante pero sin limitar su desarrollo por seguir políticas impuestas desde el occidente globalista, que no buscan mejorar el mundo sino impedir el desarrollo de los países fuera de sus límites del núcleo occidental. Este ejemplo de propaganda nos muestra la senda por la que va la economía y sociedad occidental: Subdesarrollo y además, fealdad. Desconexión entre las élites y los pueblos. Más temprano que tarde, la desconexión se convertirá en enfrentamiento abierto.


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