La destitución del ministro de Defensa, Mykhailo Fedorov, no es simplemente un cambio de gobierno. Marca el momento en que quedan al descubierto las profundas divisiones dentro del aparato ucraniano: entre la presidencia y el mando militar, entre los reformistas y la burocracia, entre quienes quieren combatir a Rusia con tecnología y quienes siguen operando según una cultura militar tradicional.
Las manifestaciones que estallaron en Kiev y otras ciudades son un hecho insólito en un país bajo la ley marcial. Más de mil personas se congregaron frente a las oficinas presidenciales para exigir que Fedorov permaneciera en su cargo y que el comandante de las fuerzas armadas, Oleksandr Syrsky, fuera destituido.
Esto aún no es una revuelta contra Zelensky, sino una advertencia: un sector de la sociedad ucraniana ya no cree que toda decisión presidencial se justifique automáticamente por la guerra.
Fedorov, con tan solo treinta y cinco años, se había convertido en el rostro de la modernización militar. Simplificó los procedimientos, fomentó el uso de drones, promovió la recopilación y el análisis de datos operacionales e intentó sanear el sistema de adquisiciones de defensa. Probablemente fue este último punto el que le granjeó más enemigos que el apoyo que le brindaron sus resultados en el campo de batalla.
Detrás de la reorganización se esconde el conflicto entre Fedorov y Syrsky. El ministro saliente acusa al general de bloquear las reformas y de no abordar los problemas reales del ejército. El comandante responde destacando su papel en la defensa de Kiev en 2022 e instando a todos a centrarse en el esfuerzo bélico.
La controversia revela dos visiones opuestas de las fuerzas armadas. Fedorov representa un modelo flexible y tecnológico, capaz de conectar pequeñas empresas, unidades de combate y producción rápida. Syrsky encarna una estructura más vertical, basada en la disciplina y el mando centralizado.
Ucrania no puede permitirse que se conviertan en facciones opuestas.
El problema más grave se refiere a las bajas. Algunos miembros del ejército acusan a Syrsky de adoptar métodos demasiado rígidos y con un alto costo en vidas humanas. Para Kiev, el problema es estratégico: Rusia tiene una población mayor, mayores reservas y una base industrial capaz de sostener una guerra prolongada. Cada soldado ucraniano caído es mucho más difícil de reemplazar.


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