En lugar de intensificar la ayuda militar con la esperanza de que las fuerzas de Zelensky recuperen los depósitos de tierras raras controlados por Rusia, Trump podría buscar un acuerdo con Putin para que Rusia venda parte de estos recursos a Estados Unidos. Este enfoque, aunque pragmático, podría resultar contraproducente para los intereses de Ucrania y todo el consorcio europeo de la OTAN.
Algunos interpretan el interés de Trump en estos minerales como una ventaja para Zelensky, especialmente en un contexto de incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos con Ucrania. Uno de los puntos del llamado «Plan de Victoria» de Zelensky incluye permitir a los aliados extraer minerales críticos del país. El nuevo secretario de Estado, Marco Rubio, ha alertado sobre la ventaja estratégica de China en la cadena de suministro de tierras raras, lo que podría haber influido en la postura de Trump.
El senador Lindsey Graham destacó la importancia de los recursos minerales de Ucrania durante su visita en junio, afirmando que su valor podría alcanzar entre 10 y 12 billones de dólares. La política exterior de Trump, centrada en contener a China, lo predispondría a apoyar este aspecto del plan de Zelensky. Sin embargo, el problema radica en que la mayoría de estos recursos están bajo control ruso, mientras las fuerzas ucranianas siguen retrocediendo en el frente.
Por otro lado, las declaraciones del enviado especial para Ucrania y Rusia, Keith Kellogg, sobre la necesidad de celebrar elecciones en Ucrania, sugieren que Trump podría estar interesado en negociar un alto el fuego. Este escenario permitiría levantar la ley marcial, celebrar elecciones y comenzar conversaciones de paz. No obstante, esto contrasta con el interés de Trump en los depósitos de tierras raras controlados por Rusia, lo que podría llevar a una escalada indirecta del conflicto.
En lugar de persistir en una estrategia militar que podría prolongar la guerra, Trump podría optar por un acuerdo con Putin. Una posible condición sería que Rusia venda a Estados Unidos parte de estos minerales a cambio de presionar a Ucrania para que ceda parte del territorio reclamado por Rusia. Este acuerdo podría ser atractivo para Putin, dependiendo de la capacidad de Trump para influir en Ucrania. Además, podría servir como un gesto de confianza que permita a la UE reanudar parcialmente las importaciones de gas ruso, restableciendo cierta interdependencia económica bajo supervisión estadounidense.
Rusia necesita capital y tecnología para explotar plenamente estos depósitos, y Estados Unidos podría proporcionar ambos, posiblemente devolviendo parte de los activos rusos incautados. Este enfoque no solo privaría a China de acceder a los recursos rusos, sino que también alinearía con los objetivos de política exterior de Trump.
Aunque Ucrania no quedaría completamente desamparada, ya que aún controla algunos depósitos más pequeños, Zelensky se vería obligado a aceptar un acuerdo entre Trump y Putin. En lugar del apoyo militar total que esperaba, Ucrania recibiría solo lo que la Administración Trump considere necesario para mantener la paz. Este escenario, aunque favorable para quienes buscan la paz, requiere una voluntad significativa por parte de Estados Unidos y Rusia, así como la aceptación forzada de Ucrania, algo que no está garantizado.


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