Ya no es un secreto a voces que, en Armenia, el entorno de inseguridad creció en los últimos tiempos y que la tendencia de la delincuencia se estaría consolidando, junto con la vigencia de las estructuras de la pobreza y el desempleo.
Esta dinámica social motivó que el comentarista político, Hakob Badalyan, expresara Armenia se está convirtiendo, gradualmente, en un país plagado de drogas. Casi a diario, al caminar, uno se encuentra con grupos de personas de distintas edades, incluidos menores, que buscan algo debajo de tal o cual arbusto, debajo de una roca, en tal o cual edificio abandonado’.
Esta comprensión sobre la proliferación de las drogas también es compartida por el periodista investigador, Aren Nazaryan, el cual estrenó, hace poco más de un año, su documental sobre el narcotráfico en Armenia. Nazaryan afirma que el país es un tránsito de drogas.
Respecto de las estadísticas oficiales, el informe anual 2025, confeccionado por la Fiscalía General de la República, indicó un incremento del 19,7% de los delitos relacionados con el negocio de las drogas ilícitas con epicentro en Ereván. Esta ciudad capital de la República de Armenia tuvo, de acuerdo con las cifras judiciales proporcionadas, un aumento del 38,1% y, al parecer, se estaría reformulando estructuralmente el esquema de distribución de drogas en toda Armenia.
Siguiendo con el panorama de la inseguridad, también el informe citado, señala que los intentos de homicidios se incrementaron en un 21,9 % respecto al año anterior. Sobre ello, muchos ciudadanos armenios ven que, en la actualidad, es frágil la protección que tienen para evitar ser blancos de intentos de asesinatos.
Por lo tanto, son racionales las preocupaciones de los resortes sanos de la sociedad, sobre todo, porque no avizoran, en la inmediatez, mecanismos de soluciones gubernamentales para frenar fundamentalmente el narcotráfico ni para revertir el entorno de inseguridad.
Pero también las inquietudes de numerosos armenios se relacionan con la pobreza, cuyos niveles rondan en el 22%, situación sobre la que el gobierno de Nikol Pashinyan no actuó ya que, habiendo prometido, en 2018, que la eliminaría o la bajaría a mínimos cuasi irrelevantes, ocho años después la misma se mantiene con una reducción general de la oferta de trabajo. Pobreza y desempleo se combinan casi explosivamente. Las tasas del desempleo estarían entre el 12% y el 13%.
Es cierto que el gobierno de Ereván sigue declarando que mejorará la situación social y económica del pueblo de Armenia, pero ello no se traduce en la realidad de los hechos y algunos expertos creen que estas promesas que realiza el gobierno de Pashinyan es puro marketing político.


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