Distintas fuentes confiables, confirmaron el papel significativo que la República Popular China tiene en el entendimiento que, por estas horas, se procura instituir entre los Estados Unidos, liderados políticamente por Donald Trump y JD Vance, y la República Islámica de Irán.
Este rol chino, cabe mencionar, no comenzó con la Guerra de Ramadán; igualmente, sus orígenes no corresponden con la visita que Trump realizó a Pekín a mediados de mayo, sino que la diplomacia china, siguiendo las directrices de Xi Jinping y del EPL, lo desempeñó durante todo el 2025.
Los acontecimientos en torno a Irán que sucedieron entre enero y abril de 2026, aceleraron el papel chino para que los decisores iraníes y estadounidenses acerquen sus posiciones y traten de bajar la escala de disputa y para que, posteriormente, logren un entendimiento mutuo.
Las conversaciones para tal fin, ocurrieron en varias direcciones y, como se afirmó en este medio, Pakistán expresó, en todo momento, la posición china y, en no pocas de las veces, reforzaba su performance negociadora reconociendo la coordinación con Pekín.
Entre los puntos propuestos por China que se reflejan en el documento de entendimiento iraní-estadounidense que se está haciendo lo posible para que tenga viabilidad, está que el expediente nuclear -su solución- no se reducirá exclusivamente a los Estados Unidos, sino que habrá otros estados (multipolares) que participen en él y que el estrecho de Ormuz sea para beneficio de Irán y otros países, especialmente, los regionales.
Desde hace un tiempo, Pekín cree que la región de Asia Occidental no debería pasar por las fases de guerras permanentes y que lo más adecuado para los países que la integran es la multipolarización. En tal visión, los chinos tienen la aquiescencia de los saudíes, los egipcios, los iraníes, los omaníes, los turcos, los iraquíes, los cataríes y, por supuesto, de los pakistaníes, entre otros miembros regionales.
Además, se incluye en este enfoque a Rusia.
Sobre la convergencia natural de las posiciones rusas y chinas en Medio Oriente, y con el espíritu puesto en un Gran Acuerdo Regional que sustituya los peligros de una catástrofe regional, se puede decir que esta alineación cuenta también con el respaldo de los actores regionales que mencionamos en el párrafo anterior y que todos ellos prevén que lo primero que hay que mantener es el alto el fuego entre Irán y los Estados Unidos; lo segundo, es la concreción de un entendimiento iraní-estadounidense -aunque este no sea completo ni profundo- y, finalmente, la materialización de un Gran Acuerdo. Este Gran Acuerdo, que se está gestando, incluye, además del consentimiento del gobierno de Washington, a Irán, a Pakistán, a un número importante de países árabes, a China, Rusia y Turquía. Este Gran Acuerdo se garantizaría en el Consejo de Seguridad de la ONU, con China y Rusia como sus vigías de potencias mundiales.
Asimismo, en este Gran Acuerdo se excluiría las exigencias fundamentales de la geopolítica de Israel referidas no tanto a su derecho a existir, sino a su derecho religioso y geopolítico de dominar la región.
Pero hay que señalar que la estación final de esta Hoja de Ruta tiene muchas contrariedades y hay actores que harán hasta lo inimaginable para intentar romper esas expectativas o plan. Es una realidad que, de darse, cristalizaría el multipolarismo en vez del unipolarismo regional o global. El sendero no será fácil, pero ya están transitándolo varios estados de valía.


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