Los círculos gobernantes de Pakistán potencian su gestión para contribuir para que la administración Trump-Vance y el liderazgo de Mojtaba Jameneí-Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) lleguen a un punto de convergencia para obstruir las metas superlativas de todos aquellos actores que pregonan una región de Asia Occidental destruida por una conflagración bélica entre Israel, Estados Unidos e Irán.
La cúpula de poder de Islamabad confía en que sus diligencias producirán un resultado positivo, pese a que es consciente de las complicaciones inherentes al conflicto y conoce que muchas miradas internacionales son escépticas de su misión.
Pakistán, debido en buena medida a la cooperación insoslayable con China, expandió sus oficios diplomáticos en las últimas dos semanas en una segura coordinación con Pekín, sacando partido de la sociedad insoslayable subsistente entre el ejército pakistaní y el estamento militar iraní.
Es necesario mencionar que China, a la par de Pakistán, mantuvo conversaciones francas e influyentes con los liderazgos de más de 20 estados para que la situación de guerra no se desborde, cumpliendo su enviado especial para la región un rol significativo en aras de ese objetivo.
Todavía más: el estado chino, sin que Irán lo haya pedido, participó, al lado de Rusia, en la ayuda humanitaria internacional para la población iraní durante los 40 días de guerra. Esta ayuda fue canalizada por la Medialuna Roja Internacional.
De modo que pakistaníes y chinos actuaron también para apalancar la vía diplomática y que las llamas de la guerra no se expandan geográficamente ni que continúen temporalmente.
También privilegiaba el papel de Pakistán la relación que Trump procura cimentar con el liderazgo de Islamabad y la certeza que tenía el mandatario americano de que el poder chino aportaba al trabajo de Pakistán. Esta realidad, que era escasamente comentada en los espacios de noticias mundiales, fue admitida por el propio Trump, el 7 de abril, al responderle a un reportero de AFP, que China logró que Irán negociara un alto el fuego.
Entonces, en la semana anterior al cese provisorio de la guerra, Pakistán era, de hecho, el único canal directo donde fluían de un lado al otro los mensajes mutuos de los estadounidenses y los iraníes.
Aun así así hay que decir que Pakistán y China le asistieron a Irán en su fortalecimiento de las capacidades militares.
En la etapa prebélica, China envío a Irán algunas materias primas que eran indispensables para la fabricación de los potentes misiles iraníes, ya sea. Directamente, través del aire y del mar o, indirectamente, mediante Pakistán.
Estos insumos fueron almacenados, generalmente, en las, aproximadamente, 410 ciudades-misiles que Irán tendría, lo que ayudó que, en los días de la guerra dura, la fabricación militar -aún de los misiles- continuase funcionando sin problemas.
Algunas informaciones relevantes señalan que un número importante de estas ciudades subterráneas tendría extensiones de más de 80 kilómetros y que una división especializada, dirigida, entre otros, por el General Ismail Qaani, opera inmersa en esas ciudades las 24 horas del día y todo el tiempo, desde hace, al menos, 6 meses. Sería uno de los anillos que quedó, al parecer, intacto y fuera de los blancos que Israel y los Estados Unidos atacaron y destruyeron en la fase de guerra.
Por lo tanto, la cima de poder iraní está agradecida con Pakistán y China y, en ese marco de asociación, el liderazgo de Irán se siente seguro con las gestiones de sus socios de Islamabad y, por supuesto, también está predispuesto a satisfacer algunos pedidos a Pakistán y China.


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