Con toda seguridad, Alemania está más cerca de su descenso significativo en las dimensiones político-estatales, económicas y geopolíticas que de un auge como potencia líder en la escala mundial.
La clara derrota que sufrieron las élites militares, de seguridad y políticas alemanas con el rechazo para ocupar un asiento, en condición de no permanente, en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sigue siendo indigeribles para ellas.
¿Dichas élites, cómo pueden participar fundamental e influyentemente del destino final europeo y de las complejidades mundiales si ni siquiera pueden ocupar un asiento de espectáculo en el Consejo de Seguridad de la ONU?
Las élites de rectoría en Francia, Gran Bretaña y EE. UU., siguen evidenciando que no quieren que Alemania crezca, que Alemania les gane terreno en las distintas dimensiones internacionales y que la clase gobernante germana asimile más cuotas de participación geopolítica.
Les siguen diciendo a Berlín que su proyecto geopolítico está en la inasibilidad.
Así que no casual que haya caído el planeado Sistema Aéreo de Combate del Futuro que, conjuntamente con Francia, el estado profundo alemán quería construir.
Pero también la estructura de poder estatal alemana pasa por una serie de contradicciones que, en vez de potenciarla, la debilitan. En su faz intestina, ya hay indicios de clivajes en los espacios de influencia y gestión como así también hay una ola que, parece que irá in crescendo, de falta de credibilidad social hacia la partitocracia en un contexto de desfinanciamiento sanitario y social por parte del gobierno federal y de promesas y proyectos de rearme para militarizar la agenda exterior del estado alemán contra el sentir de una gran constelación de la sociedad civil.
Oliver Heinrich, integrante de la junta directiva del IG BCE (Sindicato Industrial de Minería, Química y Energía), comentó que La precariedad laboral y la pérdida de poder adquisitivo están marcando la vida laboral de muchos empleados de las industrias química y farmacéutica. Otras expresiones se muestran igualmente preocupadas por impactos de las tasas de inflación en los hogares, sobre todo, de los de menores ingresos.
En este cuadro, también se debe incluir el déficit de la tasa de natalidad, la cual, según reportaron las autoridades, registró, en 2025, 352.000 nacimientos.
Simultáneamente, crece la idea de un adelantamiento de sustitución del canciller, Friedrich Merz, junto con una irrupción, en el ámbito público, de manifestaciones masivas demandando cambios urgentes, junto con hechos de violencia política y social para, probablemente, finales de este año.
A todas luces, Alemania tiene un horizonte 2027-2030 que no es para nada alentador.


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