Exclusiva: el enigma de Pakistán, Arabia Saudí, Yemen e Irán

7–10 minutos

Escrito por Pepe Escobar. Publicado en Strategic Culture Foundation. Traducido por el Dr. Enrique Refoyo. Anterior artículo: Aquí.

La Casa de Saud está atacando a Ansarallah para proteger al culto a la muerte en Asia Occidental, escribe Pepe Escobar.

Comencemos con información exclusiva. El jueves, Yahya Ali al-Ra’i, presidente de la Cámara de Representantes con sede en Saná, bajo el control de Ansarallah, entregó una carta a Sardar Ayaz Sadiq, presidente de la Asamblea Nacional de Pakistán, en la que solicitaba la mediación pakistaní entre Ansarallah y Riad.

Ra’i, una figura ampliamente respetada, ocupa la presidencia en Saná desde 2008. Sadiq inició su actual mandato como presidente en Islamabad en marzo de 2024. Este canal parlamentario directo reviste una importancia inmensa como apertura diplomática, ya que Pakistán se enfrenta a una enorme presión, tanto a nivel nacional como en todo el mundo islámico, en torno a sus compromisos reales relacionados con el conflicto entre Arabia Saudí y Yemen, tal y como lo determina la Alianza de Defensa de La Meca.

Por muy turbia que sea realmente toda la situación, la información directa procedente tanto de Islamabad como de Teherán, al más alto nivel —tal y como solicité específicamente—, ha establecido cuatro puntos clave:

  1. Islamabad se mantiene firme en que Pakistán no atacará a Ansarallah y no destinará tropas a tal fin. El acuerdo alcanzado en Riad la semana pasada excluía la entrada en territorio yemení. Las fuerzas pakistaníes deben permanecer al margen de cualquier ofensiva terrestre contra Ansarallah. Ese parece ser el caso, por el momento.
  2. Pakistán ya estaba mediando entre Riad y Saná a través de Teherán. El mariscal de campo Asim Munir solicitó personalmente que el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Araghchi, utilizara la influencia de Irán sobre Ansarallah, junto con los contactos de Araghchi tanto con Islamabad como con Riad. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán no desmintió la existencia de este canal diplomático.
  3. Pakistán tendría que defender el territorio saudí en virtud de sus compromisos con la Alianza de Defensa de La Meca. Los despliegues para la protección de las fronteras y la defensa contra drones y misiles lanzados por las Fuerzas Armadas yemeníes encajan en este patrón. El problema es si ya hay algunos asesores pakistaníes desplegados en territorio yemení. Si Pakistán tiene tan solo unos pocos «asesores» en Adén y tropas en algún lugar del norte de Yemen, en la frontera con Arabia Saudí, eso ya supone un incumplimiento de sus promesas.
  4. Las fuerzas pakistaníes deberían ser capaces de defenderse por sí mismas; eso es algo inherente a su territorio. Se trata de una contingencia declarada; no de una predicción de represalias. Al menos un oficial pakistaní fue asesinado en Arabia Saudí sin que Pakistán diera una respuesta de represalia. Eso denota moderación, al menos por el momento.

Tránsito por Ormuz: utilice el CIPS y pague en riales

En el contexto más amplio de las relaciones entre EE. UU. e Irán, las maniobras diplomáticas respaldan lo que hemos estado informando durante los últimos días sobre el Protocolo de Transición. De hecho, Pakistán está desesperado por mantener el diálogo tanto con Riad como con Teherán, además de una coordinación ininterrumpida con Pekín. Al fin y al cabo, China apoya plenamente la mediación de Pakistán; y Araghchi sigue manteniendo conversaciones con Munir, tal y como hizo tras las conversaciones con Wang Yi en Pekín.

Mientras tanto, en Washington, la especulación es frenética en todos los ámbitos sobre los preparativos para una reanudación de la guerra por parte de la Administración Trump —incluidos posibles ataques contra la infraestructura energética iraní e incluso, lo que resulta bastante preocupante, contra objetivos nucleares—. Aún no hay una decisión definitiva por parte del «psicópata/sociópata al mando», y mucho menos una fecha de lanzamiento.

En cualquier caso, los riesgos inmediatos son abrumadores.

La diplomacia —incluso en su forma improvisada— se encuentra estancada en un punto muerto. Teherán sigue —y seguirá— aferrado a sus condiciones actuales, detalladas en el «memorando de entendimiento sin valor», pero ahora con la amenaza de bloquear las rutas de tránsito a lo largo de la costa de Omán que considera ilegales. Washington, por su parte, está obsesionado con obtener amplias concesiones nucleares.A principios de esta semana, confirmamos que el Consejo Supremo de Seguridad Nacional (SNSC) de Teherán tomó dos decisiones de gran trascendencia.

  1. Teherán decidió cobrar el peaje de tránsito por el estrecho de Ormuz únicamente en moneda iraní. Ni yuanes, ni criptomonedas. De hecho, a través de un mecanismo vinculado al CIPS, el sistema chino de pagos y compensación, eludiendo el dólar estadounidense. Se utiliza el CIPS para comprar yuanes de forma electrónica, cambiarlos a riales y pagar el peaje. Los ingresos por el tránsito por el estrecho de Ormuz son, al fin y al cabo, una de las pocas fuentes de divisas fuertes que le quedan a Teherán. El nuevo mecanismo reforzará sin duda el valor del rial.
  2. A través de Pakistán, Teherán notificó a Witkoff, el «Bismarck» inmobiliario de Trump, que Irán no cederá ni un ápice en sus condiciones para un acuerdo negociado —y que está plenamente preparado para cualquier posible ofensiva estadounidense—. Y esto después de que J. D. Vance planteara una condición adicional sobre el enriquecimiento nuclear: una reducción «significativa» y «sustancial». Esto bloquea el expediente nuclear y hace que una fórmula de resolución rápida resulte casi imposible.

La conclusión es que la escalada podría descontrolarse en un abrir y cerrar de ojos.

La «Tormenta yemení 1.0» ya está en marcha

En el frente saudí-yemení, las Fuerzas Armadas yemeníes se muestran absolutamente implacables. La «Tormenta yemení 1.0» ya está en marcha.

Los daños en la refinería de Yeda, cerca de Yanbu, son enormes. Ansarallah está atacando simultáneamente la costa oriental y la costa occidental de Arabia Saudí, además del oleoducto Este-Oeste que discurre entre ambas.

A efectos prácticos, Saná está apuntando a toda la infraestructura clave de Riad. El paraguas de defensa estadounidense es una farsa: las baterías PAC-3 y Patriot restantes son inútiles contra los misiles balísticos yemeníes.

Las tropas saudíes podrían ascender, en el mejor de los casos, a 75.000 efectivos, más 125.000 de la Guardia Nacional. Las Fuerzas Armadas yemeníes cuentan con al menos 350.000 efectivos, cifra que puede aumentarse fácilmente hasta los 800.000. Esperar «ayuda» de los jeques petroleros del CCG ni siquiera puede considerarse una broma.

Las Fuerzas Armadas yemeníes también lanzaron dos misiles balísticos y drones explosivos en dirección al aeropuerto internacional de Adén. Ansarallah afirmó que el objetivo eran los suministros militares saudíes que acababan de llegar al campamento de Badr, el cuartel general de los mercenarios situado junto al aeropuerto. Murieron un número indeterminado de oficiales y funcionarios saudíes de alto rango —quizá incluso algunos pakistaníes—.

Por su parte, Turquía también está a punto de desplegar tropas, aeronaves y sistemas de defensa aérea en territorio saudí. En teoría, estas fuerzas turcas podrían proteger Riad, las ciudades santas y el oleoducto Este-Oeste. Ankara, al igual que Islamabad, insiste en que no tiene planes de intervenir en la guerra en Yemen.

La rápida liberación por parte de las Fuerzas Armadas yemeníes de la costa occidental, cerca del mar Rojo, también dejó muy claro cómo la denominada «coalición» saudí —en realidad, una banda de títeres y mercenarios— había estado desplegando de facto a terroristas desde el principio.

Ansarallah recuperó una gran cantidad de pasaportes extranjeros —especialmente de Kuwait, Catar, Turquía y Siria— pertenecientes a matones del ISIS y de Al-Qaeda. Llámese a esto la «Legión de Terror, S.A.».

Es la misma historia de siempre. Catar y Turquía, en sintonía, instrumentalizaron el traslado de matones del ISIS y yihadistas salafistas desde Siria e Irak: fueron acogidos en Yemen por el Partido Islah. Turquía fue la ruta de tránsito clave; al menos 2.100 de estos miembros del ISIS son turcos.

¡AQAP ha vuelto!Ya en 2020, Ansarallah había incautado documentos, mapas y vídeos que mostraban a yihadistas del ISIS/Daesh y de Al-Qaeda, apoyados directamente por Riad, merodeando por Yemen, y los matones capturados confesaron que los saudíes les pagaban, les proporcionaban armas y les prestaban apoyo logístico.

Ahora ya está en marcha una nueva encarnación de la antigua Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), a través de al menos 20.000 matones terroristas del Daesh/takfiri «importados» de Siria. Serán enviados a la provincia de Adén —atendiendo a la petición, en realidad la exigencia del propio MbS, plenamente respaldada por la Administración Trump y su vasallo degollador convertido en presidente en Damasco, el antiguo miembro del ISIS al-Jolani—.

Sin embargo, el titular definitivo de todo este asunto es que la Casa de Saud está atacando a Ansarallah para proteger al culto de la muerte en Asia Occidental.Al controlar Bab al-Mandab, Ansarallah alega de facto el puerto israelí de Eilat. Esto ya había ocurrido anteriormente durante el genocidio de Gaza.

Riad estaba furiosa porque había cerrado acuerdos para el proyecto NEOM —ahora prácticamente descartado— que conectaría con Eilat una vez que los Acuerdos de Abraham trumpianos estuvieran en marcha.Teniendo en cuenta el panorama general, aún podría desatarse el caos a causa de una sola chispa.

Entre las posibilidades se incluyen: un ataque yemení contra Arabia Saudí que provoque un gran número de víctimas; un caos en el control de peajes en el estrecho de Ormuz; un ataque iraní contra un objetivo relacionado con los jeques petroleros del CCG, tras una provocación estadounidense; un ataque vinculado a Irán contra una base estadounidense, una vez más tras una provocación estadounidense; y, sobre todo, una (des)aventura del CENTCOM «por tierra, mar y aire» impulsada por un sociópata.

Abrótense los cinturones de seguridad.


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