La Alianza de La Meca: ¿un escudo regional o un nuevo frente de Washington?

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Composite scene of political leaders, Middle Eastern flags, aircraft, warships, and a glowing regional map

Escrito por Mehmet Ali Guller en The Cradle. Traducción por el Dr. Enrique Refoyo.

La nueva alianza de defensa de Turquía con Arabia Saudí y Pakistán corre el riesgo de arrastrar a Ankara a la agendaregional de Washington, convirtiendo una posible colaboración en materia de seguridad en un enfrentamientocon Irán y Ansarallah de Yemen.

El pacto de defensa de Turquía con Arabia Saudí y Pakistán plantea una cuestión fundamental: ¿puede Ankara construir un orden de seguridad regional independiente al tiempo que asume compromisos militares que sirven a los intereses de Washington?

La Alianza de La Meca es un avance positivo si ofrece una alternativa a la arquitectura de seguridad estadounidense. Pero si se limita a complementar dicha arquitectura, se alinea con la estrategia de reparto de cargas de Washington y se posiciona en contra de Irán, se convierte en algo negativo.
Una alianza construida en torno a las prioridades de EE. UU.

Lamentablemente, actualmente prevalece esta última tendencia, por tres razones.

1. La Alianza de La Meca se alinea con la estrategia de EE. UU.

La Doctrina Trump, que busca el dominio de EE. UU. sobre el hemisferio occidental, también implica transferir algunas de las responsabilidades de Washington en Europa y Asia Occidental a sus aliados. Por eso se describe como una «estrategia de reparto de cargas».

Las respuestas de los responsables estadounidenses a la alianza encajan en este enfoque. Según se informa, el presidente de EE. UU., Donald Trump, acogió con satisfacción el acuerdo como una señal de que los países podían asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa. El exembajador estadounidense James Jeffrey también lo calificó, al parecer, de «buena idea», refiriéndose a los compromisos de Washington en relación con China e Irán. En efecto, EE. UU. está transfiriendo a Turquía parte de la carga de seguridad que históricamente asumió para Arabia Saudí y los Estados del Golfo.

2. La Alianza de La Meca complementa a la OTAN y a los acuerdos de defensa de EE. UU.

Desde que se firmó el acuerdo el 7 de agosto de 2026, funcionarios de Turquía, Pakistán y Arabia Saudí han sostenido que la alianza complementa sus acuerdos bilaterales de defensa existentes con Washington.

Ankara también considera que el acuerdo es complementario a la OTAN. El acuerdo también prevé la cooperación en la industria de defensa, la producción conjunta de armas, las transferencias de tecnología, el intercambio de inteligencia y la coordinación militar.

3. Washington, Tel Aviv y la Alianza de La Meca comparten un enemigo común en Yemen.

El representante estadounidense Joe Wilson acogió con satisfacción el acuerdo y declaró: «Ha llegado el momento de que Turquía, Pakistán y Arabia Saudí destruyan a los hutíes». Tras la decisión de la alianza, el 5 de octubre, de apoyar a Arabia Saudí, Wilson volvió a elogiar la iniciativa:

«La Alianza de Defensa de La Meca tiene el potencial de convertirse en la OTAN de Oriente Medio. Agradezco a nuestros aliados, Turquía, Pakistán y Arabia Saudí, que hayan activado la alianza ante la agresión de los hutíes, respaldados por Irán».

El entusiasmo de Wilson no es de extrañar. Las Fuerzas Armadas de Yemen (FAY), alineadas con Ansarallah, son enemigas tanto de Washington como de Tel Aviv. Arabia Saudí lleva 11 años llevando a cabo operaciones militares contra Ansarallah, bombardeando territorio yemení.

Durante este periodo, EE. UU. ha lanzado repetidamente operaciones contra Yemen. El coronel retirado estadounidense Douglas Macgregor también ha afirmado que fuerzas especiales estadounidenses e israelíes entraron en Yemen en 2024, pero fueron repelidas por las FAY.

La larga búsqueda de Washington de un bloque suní

La Alianza de La Meca se solapa en parte con los proyectos que EE. UU. e Israel llevan años persiguiendo en la región, descritos de diversas formas como una «OTAN de Oriente Medio» o una «Alianza Suní».

En una entrevista de 2012 con Charlie Rose, el exjefe del Shin Bet, Ami Ayalon, abogó por una coalición suní liderada por Turquía e integrada por Egipto, Jordania y Arabia Saudí. Argumentó que el principal conflicto en Asia Occidental no era entre Israel y Palestina, sino entre suníes y chiíes, y que dicha coalición, respaldada por Washington, podría hacer frente a Irán. Ayalon también pidió que se aceptara a Israel como un actor regional legítimo.

En 2015, Arabia Saudí creó la Alianza Militar Islámica contra el Terrorismo. Sin embargo, la iniciativa no logró convertirse en una fuerza militar efectiva.

En 2017, el secretario de Defensa de EE. UU., James Mattis, esbozó una arquitectura de seguridad regional que vinculaba a Israel con Egipto, Jordania, Arabia Saudí y otros Estados del Golfo para hacer frente a amenazas comunes, en particular Irán.

En 2018, Washington puso en marcha la Alianza Estratégica de Oriente Medio (MESA), concebida como una organización paraguas para sus aliados árabes regionales y ampliamente conocida como la «OTAN árabe».

En enero de 2021, la Casa Blanca reconoció a Baréin y a los Emiratos Árabes Unidos como socios clave de EE. UU. en materia de seguridad. Informes del mes siguiente describieron conversaciones de Israel con Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Baréin sobre una alianza de defensa cuádruple.

En enero de 2021, Washington trasladó a Israel del Mando Europeo de EE. UU. al Mando Central de EE. UU. (CENTCOM), situándolo dentro de la misma estructura de mando militar que los socios árabes de Washington para facilitar la cooperación regional frente a amenazas comunes.

En 2022, el ministro de Defensa israelí, Benny Gantz, anunció la participación de Israel en una Alianza de Defensa Aérea de Oriente Medio liderada por EE. UU. Posteriormente, el rey Abdullah II de Jordania expresó su apoyo a una «OTAN de Oriente Medio».

¿Contra los enemigos de quién luchará Turquía?

Funcionarios de Turquía, Arabia Saudí y Pakistán insisten en que la alianza no va dirigida contra ningún país y permanece abierta a otros Estados que deseen unirse. Sin embargo, las alianzas de defensa conjunta suelen formarse en torno a amenazas que sus miembros perciben como comunes.

No obstante, los tres países perciben amenazas diferentes. Arabia Saudí lucha contra las Fuerzas Armadas de Yemen (FAY) y considera a Irán una amenaza. Pakistán se enfrenta periódicamente a la India y a los talibanes. Turquía no está involucrada en esos mismos enfrentamientos. Por lo tanto, Ankara está asumiendo nuevos riesgos considerables.

No obstante, a petición de sus socios, Turquía acordó en la reunión del 5 de octubre considerar la posibilidad de prestar apoyo militar a Arabia Saudí contra los ataques atribuidos a las FAY. El mecanismo de defensa colectiva de la alianza prevé una asistencia coordinada, sujeta a los procedimientos nacionales.
Los tres países tampoco comparten una definición común de terrorismo, ya que designan como grupos terroristas a organizaciones diferentes. Este es otro problema para Ankara.

Los cambios de postura de Ankara respecto a Yemen

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), en el poder, nunca ha mantenido una postura coherente y basada en principios respecto a las operaciones militares de Arabia Saudí contra Ansarallah durante los últimos 11 años. Por el contrario, Ankara ha cambiado de postura en tres ocasiones.

Cuando Arabia Saudí lanzó su intervención militar en Yemen en 2015, el presidente Recep Tayyip Erdogan declaró: «Apoyamos la intervención de Arabia Saudí. Turquía podría plantearse proporcionar apoyo logístico en función de cómo evolucione la situación».

Cuando las relaciones entre Ankara y Riad se deterioraron tras el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, Erdogan dio un giro de 180 grados. En septiembre de 2019, cuestionó quién había bombardeado primero Yemeny quién era responsable de la destrucción del país.

Al mes siguiente, desafió directamente a Riad, declarando:

«Arabia Saudí debería mirarse al espejo. ¿Quién ha llevado a Yemen a esta situación? Mirad en qué estado se encuentra ahora. ¿Acaso no han muerto decenas de miles de personas en Yemen? Oye, Arabia Saudí, da primero cuenta de esto».

Cuando Ankara decidió posteriormente restablecer las relaciones con Riad, su postura cambió por tercera vez. En 2022, Erdogan reconoció compartir las preocupaciones de Arabia Saudí respecto a Ansarallah, afirmando que, si bien Riad seguía mostrándose sensible ante la cuestión, Ankara tenía «ciertas preocupaciones comunes».

El comercio de armas tras la Alianza de La Meca y el Memorándum de Badr

Tras firmar el acuerdo de la Alianza de La Meca con Pakistán y Arabia Saudí, Turquía también firmó el Memorándum de Badr con Pakistán, Indonesia y Qatar.

El acuerdo de Badr se centra principalmente en el comercio militar y de defensa. Turquía vende drones, lanchas de asalto y vehículos blindados a Qatar, construye corbetas para Pakistán y coopera con Indonesia en la producción de tanques.

El objetivo económico que subyace al Acuerdo de La Meca también parece consistir en equipar a los soldados pakistaníes con armas turcas, financiadas por Arabia Saudí, para operaciones relacionadas con Yemen.
Ankara ha estado construyendo un complejo militar-industrial en torno a su sector de defensa en expansión, que incluye a Baykar.

Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Turquía ascendió al undécimo puesto entre los mayores exportadores de armas del mundo en el periodo 2021-2025, duplicando su cuota de las exportaciones mundiales del 0,9 % al 1,8 % en comparación con el periodo 2016-2020. Su volumen de exportación de armas se disparó un 122 %, siendo Pakistán el destino del 16 % de las exportaciones turcas, seguido de los Emiratos Árabes Unidos, con un 12 %, y Ucrania, con un 8,4 %.

Las cifras de la Asociación de Exportadores de la Industria de Defensa y Aeroespacial ilustran aún más esta expansión. Turquía exportó aproximadamente 54 000 millones de dólares en productos de defensa y aeroespaciales entre 2012 y septiembre de 2026. Más de 30 000 millones de dólares de ese total —más del 55 %— se exportaron entre 2023 y septiembre de 2026, superando las exportaciones combinadas de los 11 años anteriores.

Un compromiso de 10 años antes de la ratificación definitiva

La Alianza de La Meca se firmó el 7 de agosto de 2026, pero antes de recibir la aprobación de la Gran Asamblea Nacional de Turquía (TBMM), sus miembros ya habían celebrado reuniones, creado comisiones y acordado el nombramiento de un secretario general.

El acuerdo, compuesto por 16 artículos, llegó a la Comisión de Asuntos Exteriores de la TBMM el 27 de octubre, donde se aprobó el proyecto de ley de ratificación a pesar de las objeciones de la oposición. Aún debía ser examinado por el pleno de la Asamblea.

Los diputados de la oposición cuestionaron la disposición que impide la retirada durante los primeros 10 años. El acuerdo tiene una duración indefinida, pero los miembros pueden retirarse tras la primera década mediante un preaviso por escrito de al menos tres meses.

¿Por qué imponer esta restricción, que también han criticado diplomáticos jubilados? ¿A qué miembro le beneficia?

El objetivo económico esbozado anteriormente ofrece una posible explicación. Un compromiso de una década podría ayudar a Ankara a asegurarse a Arabia Saudí, Qatar, Pakistán e Indonesia como mercados a largo plazo para las exportaciones de armas turcas.

El viceministro de Asuntos Exteriores turco, Levent Gumrukcu, declaró ante los diputados que las actividades llevadas a cabo antes de la ratificación eran de carácter preparatorio y no generaban obligaciones personales, legales ni financieras para Turquía. Cualquier despliegue de fuerzas turcas en el extranjero requeriría una autorización parlamentaria independiente en virtud del artículo 92 de la Constitución.

El factor Irán: una trampa para Ankara

La rápida actuación de la Alianza de La Meca, desde la firma el 7 de agosto hasta la decisión de apoyo el 5 de octubre —antes de que se completara la ratificación nacional—, sugiere un sentido de urgencia. ¿Qué la impulsa y a qué intereses sirve?

Tras el cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz, las fuerzas alineadas con Ansarallah avanzaron a lo largo de la costa occidental de Yemen hacia el estrecho de Bab al-Mandab, de vital importancia estratégica, lo que alarmó a Washington. La interrupción de estas dos rutas vitales para la energía y el comercio ayuda a explicar la presión para una rápida coordinación militar.

Se está recurriendo a la alianza para lograr lo que Arabia Saudí no ha conseguido en los últimos 11 años. Turquía y Pakistán corren el riesgo de verse arrastrados a los esfuerzos por hacer retroceder a Ansarallah, una tarea que Washington y Tel Aviv han intentado repetidamente.

Esto también conlleva el riesgo de llevar a Turquía a un enfrentamiento con Irán, un resultado que los imperialistas de EE. UU. e Israel llevan mucho tiempo buscando.

Para Ankara, asumir un papel militar en Yemen a través de la Alianza de La Meca sería una trampa. Los intereses en juego allí no son los de Turquía, sino los de Washington, Tel Aviv y los Estados del Golfo. Ankara parece considerar que los futuros ingresos por exportación de armas son una compensación suficiente por ese riesgo.

Turquía tiene dos salidas.

  1. Negarse a ratificar el acuerdo. Aunque el pacto de 16 artículos fue aprobado por la Comisión de Asuntos Exteriores de la Gran Asamblea Nacional de Turquía (TBMM) el 27 de octubre, la asamblea en pleno aún podría rechazar o archivar el proyecto de ley de ratificación.
  2. Incorporar a Irán a la Alianza de La Meca. Transformar el pacto en una plataforma para una arquitectura de seguridad regional independiente requiere ampliarlo para incluir a Teherán. Esto ayudaría a Turquía a evitar la trampa de Yemen y facilitaría una solución regional al enfrentamiento entre Riad y Saná.Pero, ¿es eso posible?

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, se ha mostrado abierto a unirse a la Alianza de La Meca. El 26 de octubre, altos cargos de Arabia Saudí, Pakistán y Turquía se reunieron con funcionarios iraníes en Teherán. Las cuatro partes acordaron continuar las conversaciones sobre la paz y la seguridad regionales.

Aún no está claro si las conversaciones tienen como objetivo incorporar a Irán a la Alianza de La Meca o conseguir concesiones sobre Saná en medio de las crecientes amenazas de EE. UU. e Israel contra Teherán.


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