Escrito por Andrew Korybko en su Substack. Traducción al español por el Dr. Enrique Refoyo.
Este orden emergente es el más sostenible posible dadas las circunstancias.
El gran objetivo estratégico que Rusia pretendía alcanzar mediante su intervención militar a gran escala en Ucrania era remodelar la arquitectura de seguridad europea con el fin de resolver el dilema de seguridad entre la OTAN y Rusia provocado por la continua expansión hacia el este del bloque a lo largo de las últimas décadas.
La OTAN rechazó las peticiones de garantías de seguridad de Rusia a finales de 2021, las conversaciones de paz con Ucrania de la primavera de 2022 fueron saboteadas y Rusia ha sido incapaz de alcanzar sus objetivos maximalistas en Ucrania por la fuerza.
Esta situación pone en contexto varios acontecimientos recientes que, en su conjunto, allanan el terreno para una serie de compromisos mediados por EE. UU. entre la OTAN europea (E-OTAN) y Rusia, con el objetivo de construir la arquitectura de seguridad de posguerra más realista y sostenible para el continente.
La tendencia general es la creación por parte de EE. UU. de la OTAN 3.0, que hace referencia a la visión de Trump 2.0 de una E-OTAN que contenga a Rusia, de modo que la mayor parte de las fuerzas estadounidenses en Europa puedan reasignarse a territorio nacional, Iberoamérica y la región de Asia-Pacífico.
Si las últimas tendencias siguen su curso, los países situados entre Alemania y Rusia, conocidos colectivamente como el Intermarium, desempeñarán el papel más significativo a este respecto.
El centro de gravedad militar y de seguridad pasaría entonces a ser el Báltico, sobre cuya zona oriental (Finlandia y los Estados bálticos) el Bloque Vikingo liderado por Suecia y Polonia ejercerían un patrocinio militar conjunto. Estados Unidos y el E3 (Reino Unido, Francia y Alemania) «liderarán desde atrás» optimizando el «Schengen militar».
Para que Rusia acepte el despliegue de las fuerzas de mantenimiento de la paz del E3 en Ucrania, Estados Unidos tendría que comprometerse por escrito a no extenderles las garantías del artículo 5 y, además, los miembros de la OTAN anteriores a 1997 tendrían que retirarse de aquellos países que se incorporaron tras el Acta Fundacional OTAN-Rusia de ese año.
La única excepción podría ser una base militar permanente de EE. UU. en Polonia, que podría ser necesaria para que el pilar polaco del Intermarium acepte todas las concesiones que se abordarán en este artículo.
Del mismo modo, posiblemente a excepción de EE. UU., Francia y el Reino Unido también tendrían que comprometerse por escrito a no extender sus paraguas nucleares sobre los miembros del bloque posteriores a 1997.
Dicho esto, los países del Intermarium (excepto Noruega, miembro del Bloque Vikingo y miembro fundador de la OTAN) podrían desplegar tantas tropas y equipos como quisieran en el territorio de los demás, lo que supondría una concesión significativa por parte de Rusia, dada la rápida acumulación de fuerzas aéreas del Bloque Vikingo y el hecho de que Polonia comanda el mayor ejército de la E-OTAN.
Por otra parte, EE. UU. podría adquirir participaciones en los gasoductos Nord Stream, Yamal y Brotherhood para que Rusia reanude las exportaciones de energía a la UE bajo la supervisión de EE. UU., de modo que todos tengan un interés común en mantener la paz.
Paralelamente, EE. UU. puede mediar en las retiradas militares mutuas entre el Intermarium y Rusia a lo largo del flanco oriental de la OTAN, que también hace las veces de flanco occidental del «cordón sanitario». A continuación, podrían establecerse canales de control de crisis y negociaciones sobre control de armamento para institucionalizar los avances mencionados.
La centrada en los recursos asociación estratégica que Rusia y EE. UU. están negociando activamente según informan los medios de comunicación occidentales, proporcionaría a Washington intereses tangibles, financieros y estratégicos en preservar el orden de posguerra frente a cualquier provocación que Ucrania, el Reino Unido o cualquier otra parte pudieran orquestar para arruinarlo.
De este modo, EE. UU. podría llevar a cabo con mayor libertad su «giro hacia Asia» para contener a China, Rusia podría centrarse en hacer frente a las nuevas amenazas en Asia Central y la UE podría reconstruir su economía, devastada por las sanciones.


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