Exclusiva: Irán, una cobra enroscada lista para atacar

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Giant cobra over a satellite-view map with cities, ships, routes, and satellites

Escrito por Pepe Escobar en Strategic Culture Foundation. Traducción por el Dr. Enrique Refoyo.

Irán y Pakistán están inmersos en la construcción de un orden financiero posestadounidense en la encrucijada entre Asia Occidental y Asia Meridional.

Vayamos directamente al meollo de la cuestión: tras examinar minuciosamente el tablero de ajedrez, los dirigentes políticos y militares de Teherán ya han llegado a la conclusión de que un ataque conjunto de EE. UU. e Israel —cuya planificación avanza a un ritmo frenético— es inevitable.

Por eso se han posicionado ahora como una cobra enroscada, lista para atacar e inyectar su veneno mortal ante el primer indicio de una amenaza inminente del Sindicato de Epstein, incluso sin esperar a que se produzca un ataque real.

La ofensiva preventiva, ya delineada, será devastadora, se extenderá más allá de las bases estadounidenses en Asia Occidental a otros objetivos regionales e incluirá potencialmente la infraestructura energética del Golfo y los cables submarinos (en este caso, afectando principalmente al Golfo y a la India, mucho más que a EE. UU. y Europa).

Nos encontramos en territorio de peligro claro y presente: una maniobra militar estadounidense-israelí destinada a ejercer presión se interpretará sin duda en Teherán como el inicio de un ataque.

Así pues, la presión a favor de la guerra por parte del culto a la muerte y de Trump se encuentra ahora con un umbral iraní peligrosamente bajo. Las opciones de ataque del Pentágono abarcan desde las instalaciones nucleares iraníes hasta la infraestructura energética.

Huelga decir que el «sociópata en jefe» —que ya está en pánico ante la inminente debacle de las elecciones de mitad de mandato— es una presa fácil para el poderoso lobby sionista y los donantes a favor de la guerra. El peligro estratégico supremo es, pues, que esta presión incesante pueda generar una señal que Teherán interprete como un ataque inminente, incluso mientras Washington mantiene públicamente que no se producirá ningún ataque antes de las elecciones de mitad de mandato.

Yemen está llevando todo esto al siguiente nivel

Paralelamente, fuentes privilegiadas en Islamabad confirman el éxito de una prueba de misil paquistaní a Mach 7, con un alcance de varios miles de kilómetros. Esta nueva capacidad tiene todo lo necesario para alterar sustancialmente el equilibrio de poder en Asia Occidental, reforzando el alcance disuasorio de Pakistán y su capacidad para influir en todos los cálculos de seguridad regional, además de contribuir a la creciente interconexión de Pakistán con China, Irán y las petro-monarquías del Golfo.

Y ahora, otra exclusiva: personal de la inteligencia militar israelí, incluido un general de división, ha abandonado Riad después de que MbS, en un supuesto momento de lucidez, dijera «no» a la oferta de «asistencia» del culto a la muerte. Y, sin embargo, siguen allí más de 100 miembros del CENTCOM.

Es posible que la decisión de MbS le haya sido impuesta por Turquía y Pakistán —los otros dos signatarios de la Alianza de Defensa de La Meca—, que de repente se encontraron en la misma sala de guerra en Riad, codo con codo con agentes del culto a la muerte.

Ahora bien, aunque su partida puede haber eliminado un riesgo de escalada, los agentes estadounidenses siguen expuestos: cualquier ataque, venga de donde venga, que provoque bajas estadounidenses arrastrará inmediatamente a Washington a la guerra entre Arabia Saudí y Ansarallah.

La guerra entre Arabia Saudí y Ansarallah, de hecho, está alcanzando el siguiente nivel: la volatilidad. La mezcla tóxica de la interceptación de un misil de crucero sobre la provincia de Medina; las interceptaciones de drones en otras partes de Arabia Saudí; y los ataques con misiles de las Fuerzas Armadas yemeníes contra el complejo presidencial del gobierno títere de Adén es solo el principio.

Lo que ocurrió después de que Ansarallah atacara Najran —una de las provincias del sur de Arabia Saudí arrebatadas a Yemen en 1934 por los británicos— es algo que realmente llama la atención.

Un portavoz saudí acusó a Ansarallah de lanzar un misil de crucero contra Medina. La respuesta del emblemático portavoz de las Fuerzas Armadas yemeníes, el general Yahya Saree, fue contundente: «Hoy no hemos llevado a cabo ninguna operación militar dirigida contra territorio saudí. Por lo tanto, la afirmación del enemigo saudí de que Medina fue atacada es una invención absoluta y una grave falsedad».

Traducción: Yemen ataca una de sus antiguas provincias; los saudíes recurren a noticias totalmente falsas, inventándose un ataque contra una de las dos mezquitas sagradas —sin duda como preparación para una operación de bandera falsa—; luego, Yemen niega de inmediato haber atacado ningún (cursiva mía) territorio saudí.

Esto significa que Saná está declarando sutilmente, para que todo el mundo lo entienda, que ya no lleva a cabo operaciones en el extranjero (cursiva mía) en las tres provincias: Jizan, Najran y Asir. Ya están —psicológica y operativamente— preparando el terreno para recuperar su territorio robado.

Todo ello se plasma en este conciso análisis desde Yemen sobre la deconstrucción de la ostentosa Casa de Saud:

«Yemen está destrozando los pilares extremadamente frágiles de la economía no petrolera en la que los piratas del desierto depositaron todas sus esperanzas: imagen, inversiones (IED), escapismo e impunidad e invulnerabilidad frente al terrorismo en el extranjero».

Cómo Pakistán e Irán eluden al FMI

Ahora prestad atención a algo bastante sorprendente que ocurrió a mediados de semana en Bangkok, durante la reunión anual del FMI y el Banco Mundial —dignamente recibida por protestas callejeras tailandesas—.

El presidente del Banco Central de Irán, Abdolnaser Hemmati, se reunió con el presidente del Banco Central de Pakistán, Jameel Ahmad, al margen del principal ritual anual en alabanza del dólar estadounidense.

Pakistán se encuentra bajo las feroces garras del ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial —y, además, amenazado con sanciones estadounidenses por comerciar con Irán—.

Así pues, que Pakistán e Irán estén discutiendo de facto la desdolarización justo en la guarida del león —el templo del dólar estadounidense— no tiene precio.

La infraestructura está en marcha desde 2023, a través de un acuerdo de intercambio de divisas que utiliza el rial y la rupia en lugar del dólar estadounidense. El trueque lo gestionan ambos bancos centrales, y los canales bancarios pasan por el Banco Melli en Irán y el Banco Mellat en Pakistán. Sus mercados fronterizos —al menos seis de ellos— están en pleno auge: rutas comerciales físicas que eluden por completo al dólar estadounidense.

Lo que se debatió en Bangkok a principios de esta semana es cómo ampliar todo este sistema: les importan un comino las sanciones secundarias de EE. UU. Sobre todo porque Teherán ofrece a Islamabad lo que el sistema estadounidense simplemente no puede ofrecer: soberanía, sin cambio de régimen, sin austeridad, sin sermones y, sobre todo, sin ajuste estructural.

Por no mencionar que Pakistán necesita urgentemente el gas iraní —y las rutas comerciales de la Nueva Ruta de la Seda impulsadas por China—.

Irán ha construido toda una economía que elude por completo al FMI —y capaz de sobrevivir a un tsunami de sanciones, a un bloqueo y a la guerra—.

Ahora, Irán y Pakistán están inmersos en la construcción de un orden financiero posestadounidense en la encrucijada entre Asia Occidental y Asia Meridional —con intercambios de divisas, comercio de trueque, mercados fronterizos en auge y canales bancarios adecuados—, lo que convierte las sanciones secundarias en una burla.

Por cierto, esto está ocurriendo justo cuando un inmenso tren iraní, cargado de petróleo crudo —y el primero de muchos— está listo para partir hacia… China a través de Asia Central, por la línea ferroviaria de la Nueva Ruta de la Seda construida por China.

La cobra enroscada puede estar lista para atacar. Pero a la cobra, desde tiempos inmemoriales, también le encanta hacer negocios.


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