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Redefinición de la geopolítica del Golfo Pérsico desde la perspectiva de Irán

7–10 minutos

Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos desde UWI al español el siguiente artículo con el foco desde Irán:

Por Mohammad Reza Moradi, director general del Departamento de Idiomas Extranjeros y Noticias Internacionales de la Agencia de Noticias Mehr, desde Teherán / Irán

De la integración de la amenaza a la diferenciación de estrategias

Con el inicio del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, también estamos presenciando cambios en la visión de Irán hacia los países árabes del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico.

La alineación de algunos de estos países con las naciones agresoras contra Irán ha llevado a Irán a considerar estrategias diferentes y diversas para el futuro de sus relaciones con los Estados árabes del Golfo Pérsico.

A nivel macro, podría suponerse que Teherán analiza a los Estados del Golfo Pérsico dentro de un único marco de seguridad similar, pero en la práctica, la experiencia de la reciente guerra demostró que Irán se ha inclinado cada vez más hacia una diferenciación estratégica entre estos países —una diferenciación configurada en función del nivel de participación, el tipo de comportamiento y el papel que desempeña cada país en las ecuaciones de seguridad de la región.

De la convergencia aparente a la divergencia real: el fin de una suposición

En los últimos años, especialmente tras el acuerdo de Pekín entre Irán y Arabia Saudí, se había reforzado en Teherán la suposición de que la región avanzaba hacia un nuevo tipo de equilibrio y distensión. Este acuerdo, alcanzado gracias a la mediación de China, fue considerado por muchos en Irán como un punto de inflexión para superar las agotadoras rivalidades con Arabia Saudí.

Sin embargo, la reciente guerra puso en tela de juicio esta percepción y demostró que las capas subyacentes de desconfianza siguen activas. Desde la perspectiva de Irán, el comportamiento de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin e incluso Kuwait durante esta guerra indicó que estos países no solo se salieron del círculo de la neutralidad, sino que, en algunos casos, se posicionaron directa o indirectamente en el marco de la acción contra Irán.

Esta experiencia ha provocado un cambio paradigmático en la visión de Irán, un cambio por el cual, basándose en él, ya no se puede confiar únicamente en acuerdos diplomáticos o señales políticas para lograr un cambio real en el comportamiento de seguridad de estos países.

El cuádruple de crisis: Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait en la nueva evaluación de Irán

En la nueva evaluación de Teherán, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait se sitúan en un mismo espectro, aunque con intensidades variables, cuya característica principal es la participación en la estructura de presión contra Irán.

Desde la perspectiva de Irán, estos países pasaron a formar parte de la ecuación de la confrontación durante la reciente guerra, especialmente mediante el suministro de infraestructura logística, de inteligencia y, en algunos casos, operativa.

Esta percepción es particularmente marcada en lo que respecta a Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Irán cree que estos dos actores, además de la alineación operativa, también han tratado a nivel político de alentar y provocar a Washington para que adopte un enfoque más agresivo.

Tal percepción ha sembrado efectivamente serias dudas sobre la inversión diplomática de los últimos años entre Teherán y Riad y ha planteado la cuestión de si es siquiera posible un orden basado en la cooperación entre estas dos potencias regionales.

En cuanto a Baréin, esta desconfianza ya se había materializado, especialmente tras la normalización de las relaciones de ese país con Israel, y la reciente guerra no ha hecho más que consolidarla.

Kuwait, que hasta entonces era considerado por Irán como un país moderado y en cierta medida neutral, adoptó una postura diferente en esta guerra y, desde el punto de vista de Teherán, se alejó de su posición equilibrada.

En consecuencia, puede afirmarse que, en la fase de posguerra, Irán ya no definirá a estos cuatro países como socios potenciales o incluso como actores neutrales, sino que los considerará parte del entorno de amenaza —un entorno en el que cualquier interacción con ellos requiere una redefinición de las reglas de disuasión y rendición de cuentas.

Omán: continuidad de un papel histórico y elevación a un nivel estratégico

Entre los países del Golfo Pérsico, Omán ocupa un lugar completamente diferente a los ojos de Irán. Este país no solo evitó entrar en el ciclo de confrontación durante la reciente guerra, sino que también realizó importantes esfuerzos diplomáticos para impedir la escalada de la crisis.

Este comportamiento ha llevado a Teherán a considerar a Mascate no solo como un socio fiable, sino como un aliado potencial en las ecuaciones regionales.

Esta perspectiva cobra doble importancia, especialmente en lo que respecta al estrecho de Ormuz. Irán y Omán, como los dos países que dan a esta vía navegable estratégica, poseen una capacidad única para configurar su régimen jurídico y de seguridad.

Dado que la reciente guerra ha puesto de relieve una vez más la importancia vital de este estrecho, Irán busca definir nuevos marcos para gestionar e incluso controlar esta ruta mediante una cooperación más estrecha con Omán.

Este enfoque podría suponer avanzar hacia una especie de «gestión conjunta de la seguridad» en el estrecho de Ormuz, un modelo en el que los actores extrarregionales desempeñan un papel menor y los Estados ribereños, especialmente Irán y Omán, toman la iniciativa.

Aunque esto se enfrenta a importantes retos jurídicos y políticos, desde la perspectiva de Irán se considera uno de los objetivos estratégicos más importantes del período de posguerra.

Qatar: entre la dualidad geopolítica y una oportunidad para la reconciliación

Qatar ocupa una posición compleja y dual en las ecuaciones recientes. Por un lado, sus relaciones históricas y relativamente amistosas con Irán lo sitúan en una posición diferente a la de otros países árabes.

Por otro lado, la presencia de bases militares estadounidenses en territorio qatarí y el uso de estas bases durante los ataques contra Irán hicieron que este país quedara inevitablemente expuesto a las respuestas militares de Teherán.

Durante la guerra, Irán actuó de acuerdo con una doctrina específica: cualquier punto utilizado como plataforma de lanzamiento para ataques contra Irán se consideraría un objetivo legítimo.

En consecuencia, a pesar de su deseo de mantener relaciones positivas con Teherán, Qatar no quedó exento de esta norma. Sin embargo, la diferencia importante de Qatar con respecto a otros países es que Teherán sigue considerando a este país como un actor potencialmente positivo capaz de volver a la órbita de la cooperación.

En este contexto, el papel de Turquía como mediador potencial adquiere especial importancia. Ankara, debido a sus estrechas relaciones tanto con Irán como con Qatar, tiene una gran capacidad para reducir la tensión y facilitar el diálogo.

Algunos informes indican también que las consultas turcas durante la guerra ayudaron a reducir el nivel de tensión e incluso a limitar ciertos ataques. Si esta tendencia continúa en el período de posguerra, Turquía podría convertirse en uno de los actores clave en la reconstrucción de las relaciones entre Teherán y Doha.

La política de diferenciación de Irán: de una escala única a múltiples niveles de compromiso

Lo que se desprende de todos estos acontecimientos es que Irán ya no sitúa a los países del Golfo Pérsico en una única «balanza». Por el contrario, Teherán ha avanzado hacia una política basada en la diferenciación en la que cada país, en función de su comportamiento real sobre el terreno, ocupa una posición diferente.

Dentro de este marco, pueden identificarse tres niveles generales de compromiso: en primer lugar, el nivel de confrontación y disuasión, que incluye a países como Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y, en cierta medida, Kuwait. En segundo lugar, el nivel de cooperación estratégica, en el que se sitúa Omán. Y en tercer lugar, el nivel intermedio y reparable, en el que se define a Qatar.

Esta clasificación no solo muestra la complejidad de la visión que Irán tiene de la región, sino que también expresa un importante cambio en la gran estrategia de Teherán —un cambio por el cual la política exterior y de seguridad de Irán se ha vuelto más dependiente que antes de las realidades sobre el terreno y del comportamiento práctico de los actores, y no meramente de las posiciones declaradas o los acuerdos formales.

Conclusión

La reciente guerra ha supuesto una especie de punto de inflexión en la redefinición de las ecuaciones del Golfo Pérsico desde la perspectiva de Irán. Teherán, ahora con una experiencia diferente y una comprensión más profunda del comportamiento de sus vecinos, está reconstruyendo sus marcos estratégicos en esta región.

Esta reconstrucción se basa en la diferenciación, la disuasión inteligente y, al mismo tiempo, en la preservación de vías de cooperación con actores fiables.

En tales circunstancias, el futuro del Golfo Pérsico depende, más que nunca, de cómo se gestionen estas diferencias y de la capacidad de los actores para superar la lógica de la confrontación y avanzar hacia nuevos patrones de cooperación.

En este contexto, el papel de países como Omán y Turquía podría ser decisivo: países que, al adoptar enfoques equilibrados, pueden ayudar a reducir las diferencias y a formar un orden más estable en la región.


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