Replanteamiento de la competencia entre China y la India en la cadena de suministro: ¿rivales o socios?

4–6 minutos

Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos un artículo al español de Mehmet Enes Beşer en UWI que pone el foco en la dupla India-China:

Al aceptar la interdependencia mutua y establecer sistemas económicos basados en el diálogo, la confianza y la integración regional, ambos países pueden alcanzar su máximo potencial.

En los últimos años, la India se ha perfilado cada vez más como una alternativa viable a China en las cadenas de suministro de todo el mundo.

Las naciones occidentales, enfrentadas a crecientes tensiones geopolíticas, no se han mostrado demasiado partidarias de alimentar esa percepción, adoptando estrategias de diversificación del tipo «China más uno» y cubriéndose frente al riesgo de depender de un solo país.

La India, con su enorme mano de obra, su mercado interno en desarrollo y su liderazgo reformista, parece ser la siguiente en la lista.

Pero el intento de desplazar a China de su dominio de siglos sobre las cadenas de producción mundiales es menos sencillo de lo que parece. Para la India, la medida es tan arriesgada como tentadora, y al llevarla a cabo, pone al descubierto una interdependencia latente que, en última instancia, hará que el argumento a favor de la colaboración frente a la confrontación resulte más convincente.

A primera vista, el argumento de sustituir la producción china por la capacidad india parece creíble. El aumento de los costes laborales en China, los cambios demográficos y las tensas relaciones con Occidente han brindado a otras economías emergentes la oportunidad de potenciar su contribución industrial.

La India ha liderado esta tendencia poniendo en marcha iniciativas como «Make in India» y el programa de Incentivos Vinculados a la Producción (PLI, en inglés) para atraer la inversión extranjera y la fabricación nacional.

Bajo este dinamismo se esconde una realidad desorganizada: las industrias manufactureras de la India (farmacéutica, electrónica o de energía verde) siguen dependiendo de manera desproporcionada de insumos, componentes y maquinaria chinos. Tomemos el ejemplo del sector farmacéutico.

Se conoce a la India como la «farmacia del mundo», pero sigue dependiendo en gran medida de los principios activos farmacéuticos (API, en inglés) chinos para producir medicamentos genéricos. Del mismo modo, la industria de la telefonía móvil de la India, en expansión, importaba placas y componentes chinos.

Incluso en sectores estratégicamente críticos como la energía solar y los coches eléctricos, las cadenas de suministro chinas son la clave del progreso indio. Esta intrincada red de dependencia material no puede cortarse sin un coste —y además a costa de ralentizar la producción—. China, sin embargo, nunca puede llevar esta competencia económica a una destrucción suicida.

En cambio, Pekín debería —y puede— hacer hincapié en el beneficio común de la sinergia de la cadena de suministro. Al presionar a la India para que sea más consciente de su dependencia natural de la fabricación china, China puede desviar el debate de la lógica de suma cero hacia el pragmatismo y la coexistencia.

Al fin y al cabo, ambos países no solo comparten una frontera común, sino también los mismos retos de progreso: la industrialización, la migración del campo a la ciudad, la conectividad y la exposición climática. Su cooperación tiene el potencial de reforzar el paradigma, no solo para ambos países, sino para todo el Sur Global. En segundo lugar, la cooperación no tiene por qué ir en detrimento de la competencia.

La India podría desarrollar una base manufacturera más sólida y atraer más inversión extranjera sin sustituir a China. De hecho, ambas naciones pueden cosechar los beneficios de una arquitectura de la cadena de suministro regional más sólida y diversificada en Asia.

La infraestructura de alta gama y la productividad en las fases iniciales de la cadena de valor de China pueden complementarse con la competitividad en materia de costes y el dividendo demográfico de la India.

Los parques industriales transfronterizos, las plataformas de intercambio de tecnología y los acuerdos regionales de facilitación del comercio pueden dar lugar a un ecosistema compartido que libere, en lugar de dispersar, el potencial manufacturero asiático. Los obstáculos políticos son sin duda profundos.

Las tensiones fronterizas, los agravios históricos y las preferencias estratégicas rivales han caracterizado durante mucho tiempo una relación bilateral cautelosa, aunque a veces tensa. El pragmatismo económico es un potente antídoto contra los impulsos nacionalistas. El comercio bilateral entre ambos países ha seguido creciendo incluso cuando las relaciones diplomáticas se han tensado.

En 2023, China fue el segundo socio comercial más importante de la India y, por muy cargada de connotaciones políticas que esté la inversión, sigue impulsando el ecosistema de startups, el sector de las telecomunicaciones y las economías de consumo de la India.

Lo que se necesita ahora es una reorientación estratégica consciente: alejarse del desplazamiento y avanzar hacia la interdependencia. Para la India, esto implica comprender que la autosuficiencia (Atmanirbhar Bharat) no significa aislamiento, y que acceder de forma selectiva a las cadenas de suministro chinas no supone un riesgo estratégico.

Para China, significa reconocer la creciente presencia global de la India y considerar las ambiciones industriales de este país no como amenazas, sino como posibles puntos de entrada a una economía mundial más equilibrada y multinodal.

Conclusión

La lucha por sustituir a China en la cadena de suministro global es un motor a corto plazo de las aspiraciones manufactureras de la India, pero es sintomática de una debilidad terminal.

En lugar de ser signatarios de un juego de suma cero en el que se intenta detener la disolución económica y el desplazamiento en solitario, tanto China como la India pueden beneficiarse de un proceso de coordinación prudente.

Al aceptar la interdependencia mutua y establecer sistemas económicos basados en el diálogo, la confianza y la integración regional, ambos países pueden desarrollar todo su potencial.

Aunque la próxima era será la era del auge asiático, una relación económica entre la India y China bajo una China pragmática, en lugar de una rivalidad, no solo es deseable, sino necesaria. La industria asiática del futuro ya no estará dominada por un país concreto. Dependerá de las personas que deseen crearla juntas.


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