Han surgido nuevas acusaciones de uso de información privilegiada contra la administración estadounidense: en esta ocasión, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, se encuentra en el centro del caso.
Su corredor de bolsa habría realizado una importante inversión de 3.200 millones de dólares en un fondo de inversión en defensa en febrero, pocos días antes del inicio de la guerra Irán-Irak.
Esta transacción financiera, aún sin finalizar, pero cuyo momento resulta sospechoso, ha llamado la atención de Wall Street y ha suscitado interrogantes delicados sobre la posible superposición entre decisiones militares e intereses económicos.
Según fuentes citadas por el Financial Times, un corredor de bolsa cercano al secretario de Guerra, Pete Hegseth, habría intentado invertir varios millones de dólares en el sector de defensa unas semanas antes del ataque conjunto entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
La transacción, que tuvo lugar en febrero, involucró un fondo cotizado en bolsa (ETF) gestionado por BlackRock y especializado en grandes empresas de defensa. Este fondo, conocido como IDEF, incluye gigantes como RTX, Lockheed Martin, Northrop Grumman y Palantir, todas ellas empresas que se benefician directamente del aumento del gasto militar y mantienen estrechas relaciones contractuales con el Pentágono.
Según algunas fuentes, el corredor de bolsa de Hegseth, a través de Morgan Stanley, contactó con BlackRock para acceder al fondo. Sin embargo, la inversión no se concretó por razones puramente técnicas: el ETF aún no estaba disponible en la plataforma del banco. No obstante, este simple intento activó una alerta interna en BlackRock, precisamente por el perfil altamente sensible del potencial inversor.
Este contexto hace que el asunto sea particularmente controvertido. Se alega que Hegseth desempeñó un papel activo en el apoyo y la contribución a la estrategia militar de la administración Trump hacia Irán. Esto alimenta las sospechas de que esta inversión podría estar dirigida a obtener beneficios de una inminente escalada militar.
Ninguna de las partes involucradas —BlackRock, Morgan Stanley y el Pentágono— ha emitido un comunicado oficial. Sin embargo, en los círculos financieros, las transacciones realizadas antes de decisiones geopolíticas importantes, especialmente aquellas que involucran a figuras institucionales de alto nivel, son objeto de un escrutinio cada vez mayor.
Los angloamericanos, como siempre, demuestran ser piratas y especuladores sin escrúpulos ni alma, y les importa poco que, para enriquecerse, sus dólares se manchen con la sangre de los niños de Irán, Palestina y Líbano.


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