Así como están las cosas, la Unión Europea será una de las grandes perdedoras del estadio histórico y geopolítico que se instaura en Asia Occidental porque, en el archivo iraní, Teherán marginó al bloque europeo al tercer o cuarto lugar en la prelación de prioridades.
La torra de poder de Irán ya no confía en los europeos, ni tampoco cree que la Unión Europea tenga que aportar algo decisivo en la geopolítica emergente de Irán. Son los europeos quienes, si quieren pausar la exclusión cuasi total, deberán otorgarle cosas que agraden a Irán.
Algunos círculos influyentes europeos quieren reconocer formalmente a Irán como un actor autónomo, relevante y con extensión internacional, pero, otros, que tienen más cercanía con otros grupos de poder, resisten a dicha iniciativa.
Alemania, puntualmente, junto con sus servicios de inteligencia, se verá también afectada porque no tiene ya el respeto de los actores antisionistas y otros actores árabes.
En la escena libanesa, las fuerzas localistas, más las externas tales como las estadounidenses, iraníes, israelíes, saudíes, cataríes y turcas, están desplazando a las palancas europeas de la dimensión decisoria, aunque Macron, Meloni y León XIV se esfuerzan por mantener con vida los roles de Francia, Italia y el Vaticano en el teatro político, social y geopolítico de la República del Líbano.
De la misma forma, ha mermado el papel de los europeos en Cisjordania y Gaza y, no hay mucho que hablar, sobre la marginación elocuente que la UE tiene en los diseños israelíes.
En Siria, el régimen de los exISIS quiere que los europeos le den todas las utilidades que necesitan, pero no estarían predispuestos a tener igual flujo de beneficios para con Europa.
En la variable egipcia, si bien se preserva los lazos con los europeos, pero, en el Cairo, consideran que la Unión Europea puede ayudarle poco a Egipto y, por ese motivo, aumentan las comunicaciones y compromisos con actores diferentes del europeísmo globalista.
Turquía, sigue en código de extraer ganancias de todo tipo de la Unión Europea, pero, en Ankara y Estambul, hay quienes ven con algo de escepticismo que Bruselas pueda suministrarle a Turquía todas las promesas que le vienen haciendo al gobierno de Erdogan.
En lo que respecta al Golfo, todo está más que claro: los estados de esta área, sólo quieren potenciarse, máxime después de las guerras en la zona, a expensas incluso de los estados europeos en términos de activos y mecanismos económicos, financieros y turísticos.
Este ocaso de la influencia europea en la región es un acontecimiento extraordinario y se estaría cerrando la puerta de más de un siglo y medio de una fuerte presencia europea y de su participación en la mayoría de los encuadres geopolíticos de la región.


Deja un comentario