Cuando Donald John Trump está próximo a cumplir 79 años de edad y todavía gobierna en el período infra-bienal de su segundo mandato, las maquinarias de Marco Rubio y JD Vance potencian respectivamente los nombres de estas dos figuras para la sucesión electoral de 2028.
El inquilino de la Casa Blanca dijo que le gustaría ver a su Secretario de Estado y su vicepresidente como compañeros de una sola fórmula. Así lo dejó patente en el podcast Pod Force One -del New York Post-, que se publicó el miércoles 3 de junio.
No sé cómo se les puede vencer si están juntos. Sería un gran equipo, sentenció concisamente Trump.
Para Jonathan Wolfe, periodista del New York Times, Vance lideraría la fórmula, pese a que señala que Trump todavía no lo dijo de ese modo.
El caso es que, apenas se conoció, en julio de 2024, que JD Vance sería el vicepresidente de Trump, se tenía como una certeza que el hombre de Ohio era el sucesor natural de Trump para ser el 48° presidente de los Estados Unidos.
Pese a eso, o contra esa estimación prevalente en los ambientes trumpistas, Marco Rubio montó su propio equipo electoral para explorar las posibilidades de ser él quien tenga la Bendición del 47 y, por ese motivo, su gente duplicó la dedicación al objetivo presidencial, consiguiendo algunos respaldos de donantes fuertes, aún los que están estrechamente vinculados al poder israelí.
Para evitar una furia de Trump, con la subsecuente tarjeta roja expulsora del juego, Rubio se cuida mucho de no generarle molestias al presidente.
La aspiracional nominación de Rubio recibió un impulso importante en el último mes de mayo desde algunos vectores de la prensa influyente y hay hasta una encuesta de Overton Insights donde Rubio tendría un 42% frente Vance, quien, en ese estudio de opinión, recibió un 36%. Otra encuesta, también de fines de mayo, a cargo del Emerson College Polling, muestra a Rubio por encima de Vance con un 52% de votos.
Empero, hay activos políticos y estudiosos de la arena política estadounidense que recelan de estos números y comentan que se trata más de una campaña de marketing por posicionarlo a Rubio que de la verdad misma.
Como un dato significativo, sobresale el pedido que los dirigentes republicanos de Medio Oeste le hacen Vance -y no a Rubio- para que el vicepresidente tenga una mayor presencia en el área en las elecciones de mitad de término para conservar sus bastiones electorales. En términos de relaciones públicas, Vance es la cara de la No Guerra contra Irán de la administración federal y hay cierta desesperación en el Medio Oeste y otras zonas para que sea Vance quien haga más visible allí la vigencia de las promesas que llevaron de vuelta a Trump a la Casa Blanca en noviembre de 2024.
En contraste, el sur de Florida y Washington hacen proselitismo por Rubio y hasta pagan cobertura mediática y sondeos de opinión para tal fin.
Hasta el momento, Rubio tiene, en comparación con Vance, una mejor captación de votos entre los republicanos hispanos, pero es el más odiado de los dos en Latinoamérica.


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