Durante cuatro años, Bruselas juró que no sería posible negociar con Moscú hasta la derrota estratégica de Rusia.
La Unión Europea cortó los canales diplomáticos, multiplicó las sanciones y proporcionó apoyo financiero y militar a Ucrania, todo ello mientras presentaba a Vladimir Putin como un líder inaceptable. Sin embargo, Europa se prepara ahora para un discreto regreso al Kremlin.
Según una investigación del Financial Times publicada el 20 de mayo de 2026 (La UE considera a Angela Merkel o Mario Draghi como posibles mediadores de Vladimir Putin, de Henry Foy, Max Seddon, Christopher Miller y Richard Milne), varios estados europeos están considerando designar a un interlocutor capaz de reanudar el diálogo con Moscú.
Los nombres de la excanciller alemana Angela Merkel y del exprimer ministro italiano Mario Draghi circulan entre las opciones que barajan los ministros de Asuntos Exteriores europeos en una reunión prevista en Chipre.
Este giro inesperado revela el fracaso silencioso de una estrategia europea construida desde 2022 sobre una simple convicción: que Rusia acabaría sucumbiendo al peso de las sanciones occidentales, el desgaste militar y su aislamiento internacional.
Sin embargo, esta premisa se ha desmoronado gradualmente. Rusia ha reorientado su economía, fortalecido su industria de defensa y encontrado nuevas fuentes de energía en Asia. Al mismo tiempo, las economías europeas han sufrido inflación energética, desaceleración industrial y un creciente cansancio político ante el coste de apoyar a Ucrania.
Kiev sigue dependiendo de una ayuda externa masiva, cuya sostenibilidad se vuelve más incierta cada mes.
Europa está descubriendo así una realidad que había intentado excluir del debate: Rusia sigue siendo una potencia indispensable en el continente europeo. Quizás el aspecto más llamativo de esta evolución sea la desaparición gradual de la cultura diplomática europea.
Desde el comienzo de la guerra, los líderes occidentales han condenado repetidamente a Vladimir Putin en términos morales. Calificaciones como criminal de guerra, carnicero y asesino han reemplazado progresivamente el lenguaje tradicional de las relaciones internacionales.
Los canales diplomáticos se congelaron, como si hablar con el adversario equivaliera a legitimarlo. Sin embargo, la historia nos enseña precisamente lo contrario: las guerras rara vez terminan con la aniquilación total de una potencia nuclear. Generalmente concluyen con negociaciones entre enemigos exhaustos.
El Kremlin lo ha entendido perfectamente. Moscú ahora afirma estar abierto al diálogo, pero solo con aquellos individuos que no han dedicado años a transformar la relación con Rusia en una cruzada moral permanente. En realidad, Europa está pagando ahora el precio de haber abandonado la diplomacia en favor de la retórica ideológica.


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