El silencio de Israel no supone el fin de la guerra

5–8 minutos

Estimados lectores en la gran traducción del día les traemos un artículo del analista Azar Mahdavan en UWI. Vamos:

Un giro en el campo de batalla contra Irán

Tras el enfrentamiento a gran escala entre Irán e Israel, el relativo silencio de Tel Aviv hacia Teherán se ha convertido en una de las ambigüedades más significativas en las ecuaciones regionales. Incluso durante los enfrentamientos militares entre Irán y Estados Unidos en julio —que se produjeron a raíz de la «Guerra de los Cuarenta Días»—, el Gobierno israelí optó por no intervenir directamente. Esta decisión ha suscitado serias dudas sobre los cálculos políticos y de seguridad subyacentes de Israel.

Algunos analistas interpretan este silencio como una señal de la incapacidad de Tel Aviv para imponer su voluntad y del creciente coste que supone enfrentarse a Irán. Por el contrario, otros creen que, al abstenerse de volver inmediatamente al campo de batalla, Israel está tratando de reorganizarse, recalibrar sus estrategias y esperar un momento más oportuno para su próximo movimiento.

En este contexto, hemos entrevistado a Mohammad Ali Hassan-Nia, experto en asuntos de Oriente Medio, sobre las razones que subyacen al actual silencio de Israel, la posibilidad de que se reaviven las tensiones y las perspectivas futuras del enfrentamiento entre Irán e Israel. A continuación se incluye la transcripción de esta conversación:

¿Por qué evita actualmente Israel una guerra directa con Irán? ¿Se debe esta decisión a limitaciones militares y a los costes de una guerra de desgaste, o hay otros factores que influyen en el silencio de Tel Aviv?

La moderación de Israel a la hora de agravar el conflicto es el resultado de un cálculo complejo y multifacético basado en tres factores principales:

  1. El impacto de la «disuasión inversa»: La reciente guerra, aunque se diseñó con el objetivo de debilitar o incluso derrumbar el Estado iraní, no arrojó los resultados previstos. Por el contrario, los intensos ataques —concretamente, los asesinatos selectivos de líderes y altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), así como los ataques contra símbolos del poder— no condujeron al colapso del sistema iraní. En cambio, tras un breve periodo de conmoción, dieron lugar a la consolidación del consenso interno y al fortalecimiento del discurso de la «Resistencia». Irán salió de ello más cohesionado y decidido que antes, lo que significa que los costes de cualquier nueva acción militar israelí han aumentado exponencialmente.
  2. Un cambio en las ecuaciones estratégicas: Israel ha comprendido claramente que Irán ha pasado de ser un actor meramente vulnerable a convertirse en una entidad que emplea eficazmente estrategias asimétricas y aliados regionales. Una nueva guerra ya no sería un conflicto bilateral; se convertiría rápidamente en una guerra de desgaste en múltiples frentes con costes humanos, militares y económicos exorbitantes. La experiencia ha demostrado que Irán posee una gran capacidad para el «ajedrez estratégico» y mucha paciencia. Israel no desea entrar en esta guerra de desgaste en espiral, que ya se ha extendido a nivel regional —desde el estrecho de Ormuz hasta el mar Rojo, y desde el golfo Pérsico hasta Arabia Saudí y Jordania—.
  3. Priorizar una estrategia inteligente frente al conflicto directo: La doctrina militar de Israel se basa en ataques quirúrgicos, precisos y guiados por la inteligencia. Atacar los programas nucleares, la infraestructura de misiles y la eliminación física de comandantes clave es una estrategia que ha sustituido a la guerra total con un menor coste y una mayor eficacia. Mientras estas herramientas sigan siendo eficaces, hay pocos incentivos para una confrontación terrestre a gran escala. Además, Benjamin Netanyahu se encuentra actualmente enzarzado en cuestiones relacionadas con las elecciones y es probable que solo pretenda entrar en el conflicto tras las elecciones al Knesset, siempre que permanezca en el poder. Sin embargo, es poco probable que conserve el poder en el próximo Gobierno. Su salida pondría fin de hecho al «dúo de oro» formado por Trump y Netanyahu. Netanyahu es una figura influyente, mientras que sus diversos rivales políticos carecen de su nivel de influencia.

Dado que las autoridades israelíes no consideran que la guerra con Irán haya terminado, ¿qué factores podrían llevar a Tel Aviv a lanzar una nueva ronda de ataques? ¿Es probable que Israel vuelva a entrar en una guerra directa con Irán en caso de que fracasen las negociaciones entre Teherán y Washington o de que se produzca una escalada de la crisis en el estrecho de Ormuz?

A pesar del estancamiento actual, las autoridades israelíes no consideran que la guerra haya concluido. Entre los posibles desencadenantes de una nueva ronda se incluyen:

  1. El resultado de las negociaciones nucleares: El factor determinante más importante es el desenlace de las conversaciones entre Teherán y Washington. Cualquier acuerdo que, desde la perspectiva de Israel, no neutralice de forma verificable y completa la amenaza nuclear iraní se considerará una «línea roja existencial». Esto podría desencadenar una oleada de ataques preventivos, aunque, en la actualidad, parece muy improbable que se alcance un acuerdo de este tipo.
  2. Crisis en el estrecho de Ormuz: Si Irán intensifica las perturbaciones del tráfico marítimo y amenaza el flujo mundial de petróleo como táctica de presión, esto podría provocar una respuesta más amplia, de carácter económico y basada en sanciones, por parte de una coalición liderada por EE. UU. Esta es una vía que Donald Trump probablemente preferiría frente a otra guerra a gran escala.
  3. Apoyo estratégico de EE. UU.: La intensidad y el alcance de cualquier nuevo ataque dependen por completo del nivel de apoyo estadounidense en materia de inteligencia, logística y militar. Mientras Washington dé luz verde y preste un respaldo efectivo, existe la posibilidad de que Israel emprenda acciones más agresivas, especialmente tras las elecciones al Knesset.

¿Cómo interpreta Teherán el hecho de que Israel evite una nueva fase de la guerra? ¿Considera Irán esta situación como una señal de su propia disuasión y del creciente coste que supone la acción militar para Israel, o cree que Tel Aviv simplemente está cambiando de táctica y esperando una oportunidad más favorable para atacar?

En Teherán, esta situación se analiza desde dos perspectivas distintas, aunque complementarias:

Victoria en la disuasión: Desde la perspectiva de los responsables iraníes, la cautela de Israel es el resultado directo del aumento de los costes militares y del éxito de la estrategia de la Resistencia. Al demostrar sus capacidades —ya sea en el ámbito de los misiles y los drones o a través de sus aliados regionales—, Irán ha puesto de manifiesto que la ecuación ha cambiado. Salir de la guerra con un coste mínimo al tiempo que se obligan a realizar cálculos difíciles al enemigo se presenta como una victoria estratégica.

Cambio táctico y preparación para un golpe decisivo: Junto a esta confianza, existe una evaluación realista. Irán es muy consciente de que la calma actual no es más que una pausa táctica de Israel y EE. UU. para reagruparse, perfeccionar sus estrategias y crear las condiciones para un golpe más decisivo.

El éxito continuado de los asesinatos de comandantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y las amenazas persistentes indican que Tel Aviv está esperando el momento adecuado para su siguiente movimiento.

En mi opinión, la guerra ha entrado en una nueva fase. Comienza con sanciones económicas exhaustivas destinadas a paralizar a Irán, lo que podría conducir a futuros disturbios civiles.

Siempre que dichos disturbios se intensifiquen hasta un nivel similar al de las «protestas de Dey» (2017-2018), el apoyo externo a estos levantamientos se vuelve altamente probable. Ese es el punto en el que la situación derivará en sabotajes a gran escala, asesinatos selectivos y ataques militares y de seguridad definitivos.


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