El nuevo orden mundial y la búsqueda de la independencia estratégica en materia de energía y seguridad

5–8 minutos

Escrito por Adem Kılıç en United World International. Traducido por el Dr. Enrique Refoyo.

¿Por qué aumentará aún más la influencia internacional de Turquía en la nueva era?

Con el estallido de la guerra de Irán, una de las mayores preocupaciones a nivel mundial era que el cierre del estrecho de Ormuz desencadenara una crisis incontrolable en los mercados energéticos mundiales y redefiniera los enfoques de seguridad.

De hecho, lo ocurrido en los últimos siete meses ha demostrado claramente que esos temores no carecían de fundamento.

Las previsiones de que los precios del petróleo podrían alcanzar los 150 dólares por barril indicaban que las interrupciones en el suministro energético podrían tener graves consecuencias en una amplia gama de ámbitos, desde la producción y el comercio mundiales hasta la inflación y los presupuestos públicos.

De hecho, aunque con retraso, esto ha comenzado a suceder, sobre todo con la llegada de los meses de invierno. Europa, en particular, ya no oculta que se enfrenta a graves riesgos energéticos de cara al invierno y está manifestando abiertamente que se encuentra al borde de una crisis grave debido al aumento de los costes energéticos.

En el ámbito de la defensa, por su parte, la confianza en el paraguas de seguridad estadounidense se está poniendo en tela de juicio en muchas regiones, desde Europa hasta el Golfo, mientras surgen nuevos pactos de seguridad como el Pacto de Defensa de La Meca.

Repercusiones para el sistema internacional

Todas estas realidades están, sin duda, redefiniendo las relaciones de poder dentro del sistema internacional.

Si bien Estados Unidos cuenta con un importante colchón de protección gracias a su capacidad de producción energética, China ha ampliado su margen de maniobra mediante redes de suministro alternativas y reservas estratégicas desarrolladas a lo largo de los años, mientras que los países europeos se ven obligados a reevaluar su seguridad energética y su independencia en materia de defensa.

Los países del Golfo, por su parte, están reconsiderando por completo sus modelos económicos, sus relaciones de alianza y sus enfoques de seguridad.

El panorama que se desprende de todos estos acontecimientos demuestra que las crisis energéticas y de seguridad ya no pueden evaluarse únicamente a través de indicadores económicos.

Ahora resulta claramente evidente que los factores decisivos son la capacidad de los países para resistir las perturbaciones globales externas, la rapidez con la que pueden reorganizar sus cadenas de suministro y su grado de preparación ante crisis en ámbitos como las reservas estratégicas.

En otras palabras, la lección de Ormuz demuestra que la independencia energética y de defensa, así como la influencia política y la autonomía estratégica, se están convirtiendo en elementos clave del nuevo orden mundial.

La creciente distancia entre Estados Unidos y Europa

La crisis de Ormuz ha puesto al descubierto el alcance de la dependencia económica y militar de Europa respecto a Estados Unidos.

Por supuesto, este proceso no significa que la alianza transatlántica esté llegando a su fin. Sin embargo, ha desencadenado un proceso en las capitales europeas destinado a garantizar que la seguridad y la estabilidad económica del continente no sigan dependiendo exclusivamente de las decisiones tomadas por Estados Unidos.

De hecho, la Unión Europea ha puesto en marcha programas fundamentales como SAFE, especialmente en el sector de la defensa, con el objetivo de reducir la dependencia de proveedores externos y reforzar su propia capacidad de producción.

Por ejemplo, en el marco del programa SAFE, Europa pretende que, para 2030, al menos el 50 por ciento de sus adquisiciones en materia de defensa proceda de dentro de la UE, y que esta cifra alcance el 60 por ciento para 2035.

Sin duda, además de reducir la dependencia externa en la industria de la defensa, esto podría suponer nuevas instalaciones de producción, inversiones en tecnología, oportunidades de empleo y una expansión económica a largo plazo para Europa.

En el sector energético, sin embargo, Europa se enfrenta a una situación de caos aún mayor.

Europa, que ya ha reducido al mínimo las importaciones de energía procedentes de Rusia durante casi cinco años a causa de la guerra en Ucrania, se encuentra ahora al borde de una grave crisis como consecuencia de los efectos de la crisis en Ormuz.

En resumen, aunque la alianza transatlántica sigue siendo importante, la condición de Europa como «potencia soberana» se está erosionando gradualmente, tanto en materia de seguridad como de energía.

¡La importancia global de Turquía va en aumento!

La búsqueda por parte de Europa de mayores capacidades de defensa y de fuentes de suministro diversificadas está creando importantes oportunidades y nuevas responsabilidades para Turquía.

Turquía se está convirtiendo en un país al que ningún Estado del mundo querría perder, gracias a su pertenencia a la OTAN, su posición en el Mar Negro, su infraestructura de industria de defensa casi totalmente independiente y sus vínculos con países de Oriente Medio y Asia, en particular los Estados del Golfo.

Por ejemplo, la posición geográfica de Turquía, su infraestructura de transporte existente y sus relaciones regionales están cobrando aún más importancia en las posibles nuevas conexiones energéticas y comerciales que podrían desarrollarse entre el Golfo y Europa.

En la industria de la defensa se observa un panorama similar.

El objetivo de Europa de aumentar su propia capacidad de producción no puede permitirse pasar por alto a un importante productor de material de defensa como Turquía.

De hecho, Turquía se ha convertido en uno de los tres productores más importantes del mundo de vehículos aéreos no tripulados, junto con Estados Unidos y China, especialmente en el ámbito de los vehículos aéreos no tripulados, y actualmente representa el 65 % de las ventas en este sector, según instituciones como el SIPRI.

Turquía se ha convertido también en un aliado que no solo Europa, sino también numerosos países que se extienden desde el Golfo hasta el Cáucaso, desde África hasta Asia Central, no querrían perder, gracias a su ecosistema en rápido desarrollo en materia de guerra electrónica, producción masiva de munición, sistemas terrestres y diversas tecnologías de defensa.

Sin duda, estos avances proporcionan a Turquía un importante margen de maniobra diplomático y aceleran sus objetivos de una política exterior independiente y de autonomía estratégica.

Quienes estén preparados para las crisis serán los vencedores de la nueva era

La lección extraída de lo ocurrido en Ormuz ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades del sistema energético mundial y de las alianzas de seguridad entre los países.

Las interrupciones en la producción industrial, el aumento de los costes logísticos y el incremento del gasto en defensa mantendrán los efectos de la crisis en la agenda mundial durante mucho tiempo y acelerarán el proceso de reconfiguración del orden mundial que se viene debatiendo desde hace años.

Mientras los países del Golfo tratan de reforzar su resiliencia económica mediante el desarrollo de nuevos corredores energéticos y comerciales, Europa avanzará hacia políticas de defensa y comercio destinadas a reducir su dependencia de Estados Unidos.

Para Turquía, este proceso conllevará tanto riesgos como importantes oportunidades.

Reforzar el papel de Turquía en las conexiones energéticas y comerciales, acercar su tecnología y capacidad de producción en la industria de la defensa hasta alcanzar la plena independencia, y diversificar sus alianzas en diferentes regiones podría permitirle asegurar una posición más influyente en el cambiante orden mundial.

Al fin y al cabo, en la nueva era, la influencia internacional no se medirá únicamente por el tamaño de la economía.

Los países que sean capaces de anticiparse a las crisis, resistir las interrupciones en el suministro, controlar las cadenas de suministro y establecer infraestructuras y alianzas de seguridad sólidas ejercerán influencia.


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