El avance estratégico de la AfD implica la posibilidad que, entre otras absorciones, varios grupos que antiguamente pertenecían a la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) pasan a los distintos vasos electorales que poseerá la AfD durante los próximos dos años.
Claramente, AfD, al ser la principal fuerza política en Sajonia-Anhalt, aspira a tomar el poder en la región y que eso sirva de modelo de gobernanza para el resto alemán.
Por eso, los altos cargos del partido, a nivel federal, hablan recurrentemente de que están listos para gobernar Alemania -y no únicamente un gobierno o parlamento regionales-, declaración que horroriza a pilares clave del sistema del país.
Ulrich Siegmund, jefe principal del partido, está desarrollando una serie de acciones para captar a los desertores del CDU, conciliar algunos puntos concretos con definidas líneas de precisos partidos políticos y ganar más terreno en la población.
En ese marco, el grupo parlamentario de la CDU, en Sajonia-Anhalt, está a punto de perder a varios de sus miembros y no se puede descartarse una verdadera implosión parlamentaria del CDU en los próximos meses.
Desde luego, la central berlinesa está haciendo muchas cosas para evitar esa caída de la CDU y, por más que Merz plantee la idea de que hay una “falsa bandera” respecto de que algunos dirigentes de su partido estén apoyando o dialogando encubiertamente con personalidades de la AfD, lo cierto es que eso es una realidad: hay conversaciones continuas y no públicas entre gente de ambos partidos.
El flamante presidente del parlamento estatal de Sajonia-Anhalt, Tobias Rausch, dijo que cuatro parlamentarios de la CDU votaron por su elección para dicho cargo en un paso previo para instituir un “gobierno estable” en la región.
La AfD ha reemplazado, en relación con el voto ciudadano, a la CDU como el primer partido popular de la derecha alemana y la progresión electoral de AfD no se detendrá en los venideros dos años.
Quizá no tenga la cancillería, pero no será, tal y como lo venimos sosteniendo en esta columna, suprimida del juego político de la Alemania de los próximos cinco años.


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