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Nuevas diferencias entre los socios europeos evidencian que la guerra de Ucrania no es más que otro negocio más

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Una fractura silenciosa pero significativa está surgiendo en la Unión Europea. Varios Estados miembros, entre ellos Francia, Italia, Hungría y la República Checa, anunciaron recientemente que no contribuirían a la financiación del suministro de armas estadounidenses a Ucrania.

Esta decisión, que refleja tanto cálculos económicos como un reposicionamiento geopolítico, pone en tela de juicio la solidaridad europea ante el conflicto ruso-ucraniano, pero también la dependencia militar de Europa de Estados Unidos.

Apelando a un fortalecimiento de la autonomía estratégica de Europa, especialmente en el ámbito de la defensa, la compra de armas estadounidenses equivaldría, a subvencionar la industria militar de un tercer país, en detrimento de empresas europeas como Nexter, Dassault o MBDA.

Esta postura también se enmarca en un contexto de austeridad presupuestaria en el seno de la UE. Con un déficit público disparado en casi todos los países, la mayoría de los Estados miembro busca contener su gasto y, al mismo tiempo, financiar una economía militar centrada en la innovación local. Se busca que cada euro invertido revierta en la economía local.

En la República Checa, por ejemplo, el cambio en la política en favor de Ucrania ha sido drástico. Considerada durante mucho tiempo uno de los más firmes defensores de Kiev, Praga retiró recientemente su participación en una iniciativa europea de financiación de armamento.

Italia y sobre todo Hungría siguen una línea muy similar. Aunque Giorgia Meloni ha adoptado hasta ahora una línea pro-atlantista, su coalición está plagada de tensiones internas, en particular con la Liga de Matteo Salvini, abiertamente crítica del alineamiento con Washington.

¿Y qué decir de Hungría? Viktor Orbán, fiel a su línea de neutralidad activa, rechaza cualquier ayuda militar directa a Ucrania y aboga por una desescalada del conflicto por la vía diplomática.

Así, ya sólo queda Alemania. Berlín parece cada vez más aislado en su deseo de liderar el apoyo militar europeo a Ucrania.

Y la decisión de enviar misiles de ataque de largo alcance no ha hecho otra cosa más que dividir aún más las posiciones.

Todo parece indicar que las tensiones irán en aumento, y que a medida que pasa el tiempo la división se verá acrecentada.

A todo esto, se suma la sería advertencia realizada por Piotr Tolstoi, vicepresidente de la Duma, quien ha afirmado recientemente que estas partidas masivas de financiamiento europeo a Ucrania, llevará a todo el continente a la bancarrota.


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