El mercado petrolero podría entrar en una zona roja este verano.
El jueves 21 de mayo, la directora ejecutiva de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Faith Birol, advirtió que era probable una escasez de suministro en julio o agosto si no se alcanzaba una solución duradera en Oriente Medio. En una conferencia celebrada en el centro de estudios Chatham House de Londres, señaló que la temporada de viajes comienza a finales de junio, lo que suele incrementar la demanda de petróleo crudo.
La guerra en la región ya ha perturbado gravemente el suministro mundial. El estrecho de Ormuz, por donde solía transitar una quinta parte del petróleo crudo y el gas natural licuado del mundo, permanece bajo control iraní, y su tráfico lleva prácticamente paralizado varias semanas.
Por esta estratégica vía marítima, situada entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, normalmente transitan cerca de 20 millones de barriles de petróleo al día. Sin una rápida liberación de las reservas de petróleo, el suministro disponible podría no ser suficiente para cubrir el aumento estacional de la demanda.
Esta perspectiva ya ha provocado una reacción en el mercado: el precio del petróleo crudo Brent del Mar del Norte superó el jueves la barrera de los 95 dólares, un nivel que no se veía desde hace varios meses.
Esto sumado a los desorbitados impuestos y a unos datos económicos desastrosos, y es que el interés de los bonos de todos los países europeos no para de subir, provocan como resultado la señal inequívoca de una crisis que se antoja inmediata.
Como ya señalamos hace varios días, las sanciones al petróleo ruso han supuesto el equivalente a pegarse un tiro en el pie, o directamente en la cabeza, para unos ciudadanos europeos que ven con desesperación como la bonanza de antaño se aleja día tras día, y difícilmente volverán esas cotas de bienestar.


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