Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos al español un artículo del investigador de energía Reza Mokhtar en el medio Tehran Times. Pone el foco en la competencia mundial por la energía.
La nueva doctrina de Estados Unidos para contener a la República Popular China va más allá de la confrontación comercial y ha entrado en la fase de una «guerra energética mundial».
Esta estrategia multidimensional se basa en tres pilares principales:
- Cortar el acceso de Europa a los recursos energéticos baratos de Rusia y hacerla dependiente del GNL estadounidense.
- Debilitar la maquinaria bélica de Rusia mediante sanciones y ataques a su infraestructura energética.
- Tratar de controlar los recursos energéticos estratégicos de América Latina (Venezuela) y Oriente Medio (Irán) para bloquear las arterias vitales de la economía china.
Los conflictos actuales, desde Ucrania hasta Oriente Medio, no son incidentes aislados, sino piezas de un rompecabezas más amplio cuyo objetivo es asegurar la hegemonía de Estados Unidos en el siglo XXI mediante el dominio de la energía mundial. Irán, como uno de los principales proveedores de petróleo de China, se ha situado en el centro de este nuevo campo de batalla.
1. El declive de la globalización y el auge de los bloques de poder
El orden mundial posterior a la Guerra Fría, basado en la globalización económica y la cooperación, ha dado paso cada vez más a una intensa competencia entre las grandes potencias. En el centro de esta rivalidad se encuentra el enfrentamiento entre Estados Unidos y China.
Este choque ha pasado de ser una simple guerra arancelaria a un desacoplamiento estructural en los ámbitos tecnológico, financiero y militar.
Los datos muestran que el comercio de China con Estados Unidos ha caído del 26 % al 13 %, las inversiones bilaterales se han detenido y China ha reducido sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense de 1,4 billones de dólares a unos 760.000 millones.
En respuesta a esta presión, se está formando un «eje oriental» compuesto por China, Rusia e Irán, con el objetivo de establecer un orden multipolar y desafiar las estructuras dominadas por Occidente, incluido el sistema SWIFT y la supremacía del dólar, mediante herramientas como el yuan digital. En este marco, Estados Unidos se ha dado cuenta de que, para contener a China a largo plazo, debe atacar su principal fuente de vida: la energía.
2. El panorama europeo: ingeniería de una crisis continental
El primer paso en la estrategia de guerra energética de Estados Unidos fue separar a Europa, especialmente a su potencia industrial Alemania, de los recursos energéticos baratos de Rusia. La guerra de Ucrania sirvió de catalizador para este objetivo. Las consecuencias de esta ruptura han sido devastadoras para la economía alemana:
- Colapso de la producción: la producción de acero alemana ha caído un 12 % y la producción de automóviles es dos millones de unidades inferior a la de 2017.
- Precios energéticos insoportables: la explosión del gasoducto Nord Stream privó a Europa del gas ruso barato y la convirtió en un importante importador de GNL estadounidense caro.
- Nueva dependencia: mientras que antes Europa dependía de Rusia, ahora depende de Estados Unidos para la energía y de China para sus cadenas de suministro.
Estados Unidos persigue dos objetivos: en primer lugar, debilitar la base industrial de Europa para evitar que se convierta en un competidor independiente alineado con China; y, en segundo lugar, asegurarse el control total del continente como peón estratégico en su enfrentamiento con el Eje Oriental.
3. El frente ruso: guerra de desgaste y estrangulamiento energético
Además de su control sobre Europa, Estados Unidos lanzó una guerra de desgaste a gran escala contra Rusia, con dimensiones tanto militares como económicas. En el ámbito energético, destacan las siguientes acciones:
- Ataques a las infraestructuras de refinería: el 20 de octubre, dos importantes refinerías, la refinería Danube de MOL, en Hungría, y Petrotel, en Rumanía, que operaban con crudo ruso, fueron objeto de explosiones. Esta medida recuerda la estrategia de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial de bombardear los campos petrolíferos de Ploiesti, en Rumanía, lo que paralizó la maquinaria bélica de la Alemania nazi al cortar su suministro de combustible.
- Sanciones paralizantes: Estados Unidos y el Reino Unido impusieron sanciones radicales a dos de los gigantes petroleros rusos para agotar los recursos financieros de la maquinaria bélica de Putin.
- Ataques en el interior del territorio ruso: al levantar su oposición al uso por parte de Ucrania de armas occidentales para ataques dentro de Rusia (como misiles Tomahawk), Washington allanó el camino para dañar casi un tercio de la capacidad de refinado de Rusia.
A largo plazo, estas presiones podrían transformar a Rusia de un importante exportador de productos petrolíferos refinados en un potencial importador de gasolina y diésel, momento en el que Irán y las rutas de tránsito del Cáucaso (Azerbaiyán y Armenia) cobrarán una importancia crucial.
4. Giro estratégico hacia América Latina: la estrategia de Venezuela
La estrategia de Estados Unidos se enfrenta a un gran reto: la interrupción del suministro mundial de petróleo para golpear a China ha provocado un drástico aumento de los precios, lo que ha causado una inflación incontrolable en Estados Unidos. La solución a este dilema se encuentra en Venezuela.
Al obtener el control de los vastos recursos de petróleo pesado de Venezuela, Estados Unidos pretende mezclarlo con su propio petróleo ligero, gestionando así los precios del mercado interno y controlando (y, cuando sea necesario, cortando) el suministro mundial de petróleo a China.
Las declaraciones de Gustavo Petro, presidente de Colombia, confirman este análisis: «Una posible invasión estadounidense de Venezuela no se haría con el pretexto de la guerra contra las drogas, sino para apoderarse de su petróleo».
Al tomar el control del petróleo de Venezuela, Estados Unidos puede maximizar la presión petrolera sobre China sin preocuparse por la inflación interna.
5. El enfrentamiento final: Irán y el control de la energía de Oriente Medio
Suponiendo que tenga éxito en los frentes de Europa y América Latina, la pieza final y más crucial del rompecabezas para Estados Unidos es bloquear el flujo de energía de Oriente Medio a China. En este contexto, Irán desempeña un papel clave. Con exportaciones de más de 1,5 millones de barriles de petróleo al día a China, Irán es uno de los principales sustentos económicos del país.
Desde esta perspectiva, toda la presión de Estados Unidos sobre Irán, incluidas las negociaciones nucleares (JCPOA, en inglés), ya no tiene un carácter independiente, sino que sirve como herramienta en la guerra energética más amplia contra China.
El objetivo final es detener por completo las exportaciones de petróleo iraní a China. Por lo tanto, cualquier análisis que contemple la posibilidad de un acuerdo o diálogo con Estados Unidos, sin comprender este marco más amplio, será incompleto y engañoso. El futuro de la región está plagado de una «guerra petrolera» a gran escala para la que Irán debe estar preparado.
6. Conclusión: perspectivas de futuro
El mundo se encuentra al borde de una gran reorganización marcada por las líneas divisorias en materia de energía. La estrategia de Estados Unidos para mantener su hegemonía es agresiva y de alto riesgo, y abarca todas las regiones estratégicas del planeta. Si bien esta estrategia ha logrado éxitos a corto plazo al afirmar su control sobre Europa, también ha dado lugar a una cohesión sin precedentes dentro del bloque oriental, es decir, Rusia, China e Irán.
Para Irán, esta era representa tanto una amenaza como una oportunidad: la amenaza de una confrontación directa en la guerra energética y la oportunidad de convertirse en un actor vital en un nuevo orden mundial en el que el control de los recursos y las rutas energéticas será primordial.
Los acontecimientos internos de Irán, como su insistencia en aplicar los requisitos de transparencia financiera (FATF, en inglés), no deben considerarse una alineación con Occidente, sino más bien un paso necesario hacia la integración en el bloque económico oriental. En última instancia, la victoria en esta lucha no se logrará solo por medios militares, sino a través de un profundo conocimiento de las tendencias históricas, la geopolítica y la economía política.


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