Entre los cambios y las transformaciones que acontecen en todo el mundo, en la década de 2020, está el ascenso de un grupo de tecnólogos con las aspiraciones de ubicarse en el escalón superior de la élite mundial.
Estos influyentes hombres de la tecnología del tercer milenio, del dinero amasado en tiempos récords y de la capacidad técnica indispensable para la época, aspiran a dirigir el mundo en obvio detrimento de los cárteles financieros o bancarios que se formaron escalonadamente en los tiempos modernos.
Pese a que se hacen llamar la élite de Silicon Valley, su envergadura real trascendió tal categoría y lo más probable es que pronto sus prominentes miembros abandonen, casi para siempre, Silicon Valley y se reubiquen para el largo plazo en otros lugares, siendo algunos de tales destinos Australia, Nueva Zelandia y la Argentina.
Claro que, en la vida de estas personas, los lugares para residir permanentemente pueden ser cambiados varias veces según las exigencias personales, grupales y epocales.
Peter Thiel, Elon Musk, Sam Altman, Mark Zuckerberg, Ilya Sutskeyer y Larry Page, entre otros, necesitaron, en gran parte de su trayectoria, del dinero de los fondos de inversión y de la banca tradicional, como así también del apalancamiento cómplice y espurio de jefes de estados nacionales o lideres globales, porque sin estas conexiones no hubiesen llegado a la posición que ocupan; no obstante ello, estos líderes se convirtieron en propietarios del Dinero Nuevo y son factores relevantes para una parte significativa de los procesos estructurales en boga en todo el orden internacional, aún para los que pensaron y gestionan las familias del Dinero Antiguo.
Una corriente de esta élite nueva trata de amalgamar, externamente, los núcleos constituyentes de la tecnología máxima con los símbolos cristianos y/o católicos romanos (por ejemplo, Peter Thiel), uniendo, en su mente y discurso, la Roma desespiritualizada del cristianismo verdadero con la América de los Nuevos Padres Fundadores.
Otro grupo quiere sacar del juego todo eso e implementar el reino absoluto de todo lo artificial con preeminencia, por un tiempo, de la Inteligencia Artificial, donde no hayan megas ni micro ciudades estados y menos existan los Estados Unidos de América. Estos desprecian al lejano y cercano oeste, al lejano y próximo oriente (Larry Page y Mark Zuckerberg).
Quienes participan en esta facción, pueden ser los más sicópatas de esta esfera y en comparación con los del anterior anillo, pero no esto coloca a los primeros en una posición de moral humana.
También hay otros integrantes que todavía no definieron sus pasos finales o sus objetivos supremos, pero interactúen sin fisuras con los otros dos grupos.
Ante esta realidad, los estados nacionales soberanos deberían implementar una política estratégica auténtica y coherente para que la soberanización de los datos y la soberanización nacional del control de la Inteligencia Artificial sean una realidad frente a la locura ad infinitum de los tecnólogos de la nueva élite occidental.


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