Documentos británicos desclasificados de 1997 revelan lo que ya se sabía: la expansión de la OTAN hacia el este fue una provocación contra Rusia. Una provocación con consecuencias desastrosas, como lo demuestra el estallido de la guerra en Ucrania.
La investigación, publicada por Declassified UK, se basa en documentos de los Archivos Nacionales de Londres que datan de 1995 a 1999. Estos documentos demuestran que los funcionarios y primeros ministros británicos eran plenamente conscientes de la expansión de la OTAN hacia el este.
Esta expansión, que condujo al estallido de la guerra en Ucrania, sigue siendo objeto de un intenso debate.
Una nota informativa de marzo de 1997, redactada para el primer ministro conservador John Major antes de una reunión con el secretario general de la OTAN, Javier Solana, fue inequívoca. El documento afirmaba que una ampliación «demasiado grande y demasiado rápida» pondría a prueba las estructuras de la Alianza, pero sobre todo, «irritaría a Rusia».
El texto añadía que cualquier decisión posterior sobre qué estados admitir y el calendario para esta adhesión «provocaría a los rusos». En aquel momento, la OTAN estaba considerando la adhesión de la República Checa, Hungría y Polonia (que se unirían a la Alianza en 1999), y Eslovenia y Rumanía serían las siguientes.
Sin embargo, la verdadera cuestión política, como los propios funcionarios británicos recalcaron, concernía a los estados bálticos y Ucrania. La nota informativa indicaba que el presidente ruso Boris Yeltsin «probablemente buscaría garantías de sus socios clave de que la OTAN no admitiría a los estados bálticos ni a Ucrania». La respuesta británica ya estaba escrita: «No obtendrá nada de nosotros».
En febrero de 1997, durante una reunión con Jeremy Greenstock, embajador británico en Moscú, el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Nikolai Afanasyevsky, calificó las conversaciones sobre la adhesión de las antiguas repúblicas soviéticas a la OTAN como una flagrante provocación.
Greenstock intentó tranquilizarlo, afirmando que la OTAN no tenía intención de admitir a miembros de la antigua Unión Soviética en ese momento. Sin embargo, esta negación llegó siete años después, en 2004, cuando todos los estados bálticos se unieron a la Alianza.


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