Pakistán está emergiendo como un ganador neto de la rivalidad harto manifiesta entre los israelíes, los iraníes y los estadounidenses.
Se puede decir, sin temor la grandilocuencia, que terminó siendo el país sorpresa cuando, hace, exactamente, un año el común de los expertos de geopolítica no lo ponía en su radar de análisis al rol que, desde, aproximadamente, septiembre de 2025 lo desempeña.
Por aquella fecha, desde este medio, dijimos lo siguiente: El comerciante Trump reivindica la autoridad del poder militar pakistaní (tal vez, crea que el ejército es el decisor prevalente en ese país) y confía en que las élites políticas y económicas de Pakistán sellarán un acuerdo con él.
Aparentemente, Trump vio con asombro el hecho del respaldo político, militar y nuclear de Pakistán para con Irán cuando sucedía la guerra iraní-israelí y habría expresado que tal situación era mala para los EE.UU. e Israel.
Sobre ese papel ambicioso pakistaní, Trump quiso – y quiere- intervenir para convertir a Pakistán en un actor que haga lo que él pretendería, especificando De acuerdo con las declaraciones públicas de los líderes de Pakistán, este estado se mantendría firme en su posición de apuntalar un estado palestino, ahondar en la asociación con China y conservar el compromiso de seguridad mutua con Irán. No obstante ello, Islamabad tratará de sacar la mayor cantidad de ganancias en la interacción con Trump porque sólo hay, en las dos partes, pragmatismo internacional.
Siete meses más tarde, en abril de 2026, hablando de lo que realmente quiere la élite gobernante pakistaní, matizamos esto:
- Establecer a Pakistán como un estado que quiere evitar la gran explosión militar regional.
- Gestionar como mediador autorizado, en la superficie, porque es el primer estado islámico con armamento nuclear (en cuyo diseño participó Arabia Saudí con financiamiento encubierto).
- Mediante la gestión de dicho papel, Pakistán se coloca en la primera escena mundial y en un punto de interconexión con potencias mundiales y regionales. Esto le repercutirá positivamente en cuanto a ganancias económicas y geopolíticas (aunque sean mínimas).
- Consolidar la confianza que tiene Islamabad en Irán, China, Rusia y el Washington de Trump.
- Con este rol, y si logra resultados positivos, Pakistán se reposiciona como país insoslayable del futuro geopolítico de Asia Occidental.
- Aumentar la cooperación militar y de seguridad con Riad, ya explicitando una sociedad que data de la década de 1970 para desempeñar como un proveedor confiable en la nueva arquitectura de seguridad regional que, en estos momentos, se está elaborando.
- Mantener, dentro de lo posible, una cierta estabilidad interna porque, por ejemplo, áreas importantes de Pakistán está conectada conceptual, histórica y religiosamente a los chiitas iraníes y, ante una eventualidad de guerra de Islamabad contra Teherán, estas regiones se sumarán al bando iraní.
- Incrementar una cierta autonomía financiera frente a los organismos bancario-financieros occidentales y emiratíes.
Cabe indicar que la variable del ejército es la decisiva para cualquier entendimiento externo que pueda suscribir el gobierno de Islamabad y para conducirse en un sentido preciso en el ámbito exterior. Y este poder militar continúa siendo fiable para el ascendente hegemón iraní.
El Jefe del Estado Mayor del Ejército y comandante de las Fuerzas de Defensa de Pakistán, mariscal de campo Syed Asim Munir, es uno de los más abnegados, en el lado de la mediación internacional, para que Irán y Estados Unidos concreten un acuerdo que será sumamente histórico que estabilice las relaciones entre estos dos estados y desactive la gran guerra en la región.
En el entorno familiar de este Mariscal -que tiene, por igual, el respeto de Trump y de Irán-, hay devoción por las figuras y símbolos del chiísmo y este punto de conexión mental religioso contribuye positivamente en las interacciones que el Mariscal Syed Asim Munir tiene con las autoridades de Irán.
Pakistán obtendrá ganancias de las interrelaciones de seguridad regionales de la posguerra y todas ellas tienen a Islamabad como un actor insoslayable. En distintas capitales de la región, se están acelerando algunos planes para su realización donde Irán también participará.
También están entrando en las etapas finales de elaboración otros planes de naturaleza económica y logística entre, por un lado, Pakistán e Irán, y, por el otro lado, Pakistán y los otros países del Golfo. Junto a ello, están las iniciativas del corredor sino-pakistaní y los premios que Trump le daría a la cúpula gobernante de Pakistán.
Por ello, en algunos despachos empresariales y de gestión estatal de Pakistán están formándose distintos equipos para aprovechar la oportunidad estratégica y recoger los frutos contra el descontento de Nueva Delhi y Tel Aviv.


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