Trump, quien se autopercibe como El Rey del Mundo, no excluyó a África de sus planes de reconfiguración internacional y, por el contrario, en conjunto con las dimensiones que provienen del Deep State, tejen una red para que este continente termine masivamente bajo la férula trumpista-estadounidense.
Para ello, se han enfocado, primordialmente, en captar el mayor número posible de recursos vitales para que la propiedad o la gestión de intermediación de estos activos funcionen completamente por las rutas energéticas estadounidenses.
Por tal motivo, también incentivan acciones conducentes a reducir la influencia y la participación real en la geopolítica, en la economía y en la esfera comunicacional de las potencias multipolares, como China y Rusia.
A propósito de ello, fuentes bien informadas refieren que la nueva propaganda norteamericana para moldear las conciencias y las voluntades africanas dispondría de ingentes recursos financieros, llegando a pagar, en algunos casos, a comunicadores, blogueros y personalidades del continente, hasta 800 dólares por videos de duración de 3 minutos para negativizar a China y propiciar una imagen positiva para los Estados Unidos.
Según una encuesta del Centro de Investigaciones Pew, que fue realizada durante el primer semestre de 2026, Trump y los Estados Unidos están en picada, en la percepción general de los africanos, en comparación con Xi Jinping y China, quienes tienen una mejor imagen ante el público de África.
Ghana sigue siendo el único país de este continente que la reputación de los Estados Unidos supera a la de China (68% frente a 64%) porque aún en Sudáfrica los chinos superan holgadamente a los norteamericanos.
Así, más de 6 de cada 10 africanos tienen una mejor opinión sobre China que sobre los Estados Unidos.
Trump ha cerrado un compromiso con Mohamed VI, cuyas áreas de operación sobrepasa a la zona africana, y quiere hacer lo mismo con el líder egipcio, Abdel Fattah al-Sisi.
Empero, en la perspectiva de la Casa Blanca, Marruecos está por encima de Egipto en la prioridad de alianzas y con el otorgamiento de beneficios.
A la par, los estadounidenses también persiguen acrecentar sus vínculos con países como Senegal, Mauritania y Uganda, y, simultáneamente, estropear el desarrollo de autonomía estratégica en países tales como Argelia, Sudáfrica y Nigeria, entre otros.


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