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Se perfila un bloque de defensa musulmán, pero ¿en qué condiciones?

9–13 minutos

Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos al español un artículo de F.M. Shakil para The Cradle, cuyo foco está puesto en unas maniobras muy significativas. 

Cuatro ejércitos están debatiendo un marco de seguridad regional, pero sus divisiones podrían convertir la defensa colectiva en otro instrumento de la política de bloques.

En enero salió a la luz una propuesta que había circulado discretamente durante casi un año. Pakistán, Arabia Saudí y Turquía habían elaborado un borrador de acuerdo de defensa, y se estaban examinando copias del mismo en las tres capitales. 

El acuerdo propuesto reuniría a tres potencias regionales en una alianza de defensa sin precedentes.

Poco más de dos meses después de que el borrador trilateral se hiciera público, Egipto se unió a los ministros de Asuntos Exteriores de Turquía, Arabia Saudí y Pakistán en Riad el 19 de marzo, al margen de la cumbre de la Organización de Cooperación Islámica (OCI), para celebrar su primera consulta cuatripartita.

Aunque El Cairo no se había adherido formalmente al pacto de defensa propuesto, su inclusión sugería que la iniciativa trilateral podría estar evolucionando hacia un marco de seguridad musulmán más amplio en un contexto de guerra regional, ataques contra las infraestructuras del Golfo y crecientes dudas sobre las garantías de seguridad de Washington.

La cuestión es qué pretende Riad que defienda este acuerdo, quién lo dirigirá y si una fuerza presentada como autonomía regional podría agudizar las divisiones existentes en Asia Occidental.

La apuesta de Riad en materia de seguridad

El ministro de Producción de Defensa de Pakistán, Raza Hayat Harraj, declaró a Reuters que la propuesta era independiente del Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua entre Arabia Saudí y Pakistán firmado en septiembre de 2025. Afirmó que llevaba diez meses en fase de preparación, aunque los tres Gobiernos aún tenían que alcanzar un consenso. El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, confirmó las conversaciones, pero subrayó que no se había firmado ningún acuerdo.

Los informes posteriores a la reunión de marzo señalaban que la guerra con Irán y los ataques contra los Estados del Golfo ocuparon un lugar destacado en las deliberaciones. Fidan, el ministro de Asuntos Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan Al-Saud, el ministro de Asuntos Exteriores egipcio, Badr Abdelatty, y el ministro de Asuntos Exteriores pakistaní, Ishaq Dar, estudiaron una cooperación más profunda en materia de seguridad.

Los analistas sostienen que este marco podría reforzar la posición regional de Riad, al tiempo que redistribuiría la carga de seguridad del reino.

Zahir Shah Sherazi, vicepresidente ejecutivo de BOL News, explica a The Cradle que esta estructura permitiría al reino repartir sus riesgos militares y dotar de mayor peso político a su capacidad de disuasión. La capacidad industrial de defensa de Turquía, la capacidad militar y nuclear de Pakistán y la influencia financiera y diplomática de Arabia Saudí se reforzarían mutuamente.

«Además, este marco permitirá al reino contrarrestar, en cierta medida, la erosión de su legitimidad en el conflicto israelo-palestino, reforzando su pretensión de liderazgo regional», afirma.

Los cimientos de un bloque más amplio

Ningún gobierno ha anunciado un tratado cuatripartito, y su posible mandato sigue sin estar claro. Sin embargo, el ritmo de las consultas sugiere que la propuesta ha ido más allá de las especulaciones de los medios de comunicación.

The Cradle se puso en contacto con el ex primer ministro de Pakistán, Anwaar-ul-Haq Kakar, y con Harraj para obtener más detalles sobre la reunión celebrada en marzo en Riad, pero ambos se negaron a hacer comentarios.

Aimen Jamil, periodista e investigadora especializada en asuntos de Asia Occidental y en la política exterior de Pakistán, afirma que los continuos intercambios estratégicos entre los tres Estados originales —a los que ahora se suma Egipto— indican que las conversaciones están avanzando.

«Aunque aún no se ha realizado ningún anuncio oficial, hay indicios fiables de que dicho marco de cooperación en materia de defensa está a punto de concretarse», explica a The Cradle.

Jamil señala que la iniciativa tiene por objeto reforzar la defensa colectiva, mejorar la interoperabilidad y aumentar la autosuficiencia. Su importancia dependerá de si dichos objetivos dan lugar a un compromiso vinculante de defensa mutua, a una fuerza permanente o, simplemente, a un mecanismo de consulta y ejercicios conjuntos.

El Dr. Ghulam Ali, investigador principal del Centro para la Paz Global y los Estudios Estratégicos de Taiwán, afirma que la fuerza propuesta se encuentra aún en una fase incipiente. No obstante, señala el pacto entre Arabia Saudí y Pakistán como prueba de que las propuestas descartadas como meros rumores pueden adquirir rápidamente una forma institucional.

«Dada la transformación que se está produciendo en el Golfo y en Asia Occidental —que está alterando el equilibrio de poder, modificando las alianzas y reduciendo los conflictos—, el núcleo de este acuerdo estará orientado principalmente a la defensa», afirma Ali.

El compromiso actual de Pakistán con Arabia Saudí dota a la propuesta de sustancia militar. Su pacto de septiembre de 2025 considera cualquier agresión contra cualquiera de los dos Estados como una agresión contra ambos. En 2026, Pakistán desplegó alrededor de 8.000 efectivos, unos 16 aviones de combate —en su mayoría JF-17—, unidades de drones y un sistema de defensa aérea HQ-9 de fabricación china. Reuters informó de que Riad financió el despliegue, que es operado por personal pakistaní.

Islamabad ha advertido a Teherán de que los ataques contra instalaciones saudíes podrían activar sus obligaciones en virtud del tratado. Asimismo, ha advertido al Gobierno yemení liderado por Ansarallah que no amenace el territorio saudí ni obstaculice la navegación en el Mar Rojo, reivindicando su derecho a defender sus intereses marítimos. Dichos compromisos podrían arrastrar a Islamabad a enfrentamientos mucho más allá del sur de Asia.

La línea de fractura con Irán

Teherán ha acogido con satisfacción el principio de un sistema de seguridad musulmán colectivo que excluya a EE. UU. e Israel, pero, hasta la fecha, Irán ha tenido un papel secundario en el marco que se está configurando.

A medida que se intensificaban las tensiones regionales, los responsables iraníes volvieron a instar a los Estados de Asia Occidental a asumir la responsabilidad de su propia seguridad y a establecer un pacto sin la participación de EE. UU. e Israel.

«Ha llegado el momento de establecer una alianza de seguridad sin la presencia de Estados Unidos e Israel», afirmó Ebrahim Zolfaghari, portavoz del Cuartel General Central Khatam al-Anbiya de Irán, en un mensaje de vídeo dirigido al mundo árabe e islámico el 25 de marzo.

La iniciativa es anterior a la última guerra. Pakistán, Arabia Saudí y Turquía inauguraron su plataforma de Colaboración Trilateral en materia de Defensa en Riad en agosto de 2023.

En su segunda reunión, celebrada en Rawalpindi en enero de 2024, debatieron sobre equipamiento de defensa, tecnología e investigación, así como sobre la forma en que sus conocimientos especializados, recursos financieros y personal podrían permitir alcanzar «objetivos comunes» y una mayor autosuficiencia.

Dichos objetivos se hicieron más evidentes durante las consultas de Riad. Los informes que indican que los ataques iraníes contra las monarquías productoras de petróleo dominaron la reunión plantean la posibilidad de que una estructura promovida como autosuficiencia musulmana pueda desarrollar un carácter antiiraní.

Jamil, sin embargo, advierte que no se debe sacar esa conclusión en esta fase:

«En este momento, no lo describiría como algo fundamentalmente antiiraní. Dependerá en gran medida de la misión de la alianza, de sus objetivos estratégicos y de cómo opere y funcione. No se trata de una coalición antiiraní siempre y cuando siga centrándose en la defensa colectiva, la seguridad marítima, la lucha contra el terrorismo y el fortalecimiento de la cooperación regional en materia de seguridad».

Advierte de que el panorama cambiaría si la alianza adoptara una postura de confrontación o exclusión destinada a contener a Irán o a promover los intereses de un bando regional frente a otro. Tal rumbo podría agravar las divisiones geopolíticas que pretende gestionar.

«La cuestión será si fomenta una estabilidad regional inclusiva en lugar de una política de bloques o ambiciones hegemónicas», añade.

Puede que Irán no considere esta asociación como una amenaza inmediata, afirma Jamil, pero Teherán estará atento a cómo afecta al equilibrio regional y a sus aliados.

Los orígenes de la agrupación también ponen de manifiesto una falta de unidad respecto a Irán. Arabia Saudí y Pakistán están vinculados por un tratado de defensa mutua, mientras que Turquía y Egipto hacen hincapié en el diálogo político. Los cuatro Estados tienen intereses que se solapan, más que un consenso estratégico consolidado.

Sherazi señala la falta de una posición común respecto a Irán como la principal debilidad del marco:

«Los cuatro miembros de la fuerza de defensa de Asia Occidental propuesta no están unidos a la hora de abordar la cuestión de Irán. Arabia Saudí y Pakistán no se han mantenido neutrales debido a su acuerdo bilateral de defensa firmado el año pasado y desean que Irán deje de atacar al reino. Pakistán ha manifestado su preparación militar y ha advertido a Irán en numerosas ocasiones».

Turquía y Egipto, añade, han tomado un rumbo diferente y se han decantado por las negociaciones para poner fin a la crisis. Una alianza de seguridad puede sobrevivir a las diferencias entre sus miembros, pero no puede funcionar como una fuerza conjunta creíble sin un acuerdo sobre la amenaza a la que se pretende hacer frente.

Autonomía bajo el paraguas estadounidense

Los partidarios del pacto propuesto lo han presentado como una posible vía para reducir la presencia militar estadounidense en los Estados productores de petróleo del Golfo Pérsico. Irán ha exigido en repetidas ocasiones el cierre de las bases estadounidenses en la región, y una fuerza regional capaz que, con el tiempo, sustituyera a las tropas extranjeras respondería a una de las principales exigencias de seguridad de Teherán.

Los analistas ven pocos indicios de que Washington se esté preparando para marcharse. EE. UU. mantiene bases, acuerdos de defensa, contratos de armamento e infraestructura de mando en todo el Golfo. El nuevo acuerdo de cooperación nuclear civil entre EE. UU. y Arabia Saudí subraya esos vínculos, aunque debe someterse a revisión por parte del Congreso y el presidente Donald Trump ha intentado condicionarlo a la normalización de las relaciones de Arabia Saudí con Israel.

Ali sostiene que el marco regional emergente complementará la arquitectura militar de Washington en lugar de sustituirla:

« Este pacto no sustituirá a las fuerzas y bases estadounidenses en la región del Golfo. Estados Unidos incluso ha aprobado un acuerdo nuclear con el Reino de Arabia Saudí. Se trata de un punto de inflexión en el entorno de Asia Occidental, ya que es la primera vez que Estados Unidos ha acordado celebrar un acuerdo nuclear con un país árabe musulmán. Washington no va a reducir su presencia en Asia Occidental; más bien, está tratando de profundizar y consolidar aún más su posición y reforzar su reenganche estratégico con los países del CCG».

Jamil se muestra igualmente cautelosa ante las sugerencias de que el acuerdo emergente hará que las bases estadounidenses resulten innecesarias.

«Es demasiado pronto para llegar a esa conclusión. Estados Unidos cuenta con una gran infraestructura militar y alianzas estratégicas en la región, por lo que es poco probable que se encuentre un sustituto inmediato. No obstante, este enfoque podría, con el tiempo, reducir la necesidad de la región de recurrir a servicios de seguridad externos», observa.

Si el marco da prioridad a la cooperación, a la prevención de conflictos y a la soberanía sin buscar la supremacía, afirma, podría contribuir a la estabilidad a largo plazo. Otros Estados podrían acabar buscando vínculos con él en toda Asia Occidental y Asia Meridional.

El acuerdo propuesto encierra, por tanto, dos futuros contrapuestos. Podría aunar las capacidades de los Estados musulmanes y debilitar poco a poco un orden de seguridad construido en torno a las bases extranjeras y las garantías estadounidenses. También podría dejar intacto ese orden, al tiempo que proporcionaría a Riad un nuevo instrumento con el que controlar a sus vecinos y restablecer su pretensión de liderazgo árabe e islámico. 

La prueba decisiva no será el número de ejércitos reunidos en virtud del pacto, sino si se les permite definir por sí mismos la seguridad regional —y si se trata a Irán como parte de esa región o como el enemigo contra el que debe organizarse.


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