Los demócratas, tras una pausa por el noqueo que recibieron del trumpismo, están intentando reaccionar de diversas formas para revertir un panorama que es, por demás, peligroso para sus intereses.
Los Soros, Obama y Sanders encabezan esta respuesta que quiere ser un hito que esmerile la figura de Trump y lo desgaste para otras eventualidades posteriores, las cuales van de las más suaves a las duras.
Es sabido que los jerarcas y los generales del partido no se quedarían al borde del campo de juego (menos en las tribunas) viendo cómo el trumpismo se expande en todas las direcciones.
No en vano incentivaron la película Guerra Civil, estrenada en 2024, donde los odiosos sin absolución son los seguidores de Trump, el presidente autócrata está en el ocaso de su tercer mandato y las “fuerzas occidentales” lo superan.
Junto a los anteriormente mencionados, también se activó, dentro de ese plan, el gobernador de Illinois, JB Pritzker.
Este multimillonario, alineado con el wokismo, dijo, en una mesa política “Nunca antes en mi vida había convocado protestas masivas, movilizaciones ni disturbios. Pero ahora lo hago. Estos republicanos no pueden conocer un momento de paz”.
Pritzker es uno de los que se lanzaron, en conversaciones privadas, para competir contra Trump o Vance, en 2028, en aras de expulsarles de la Casa Blanca.
Comentando estas declaraciones, el influencer, Douglass Mackey, quien, durante el último gobierno de Biden, fue condenado a prisión por interferencia electoral, afirmó que Pritzker estaba «esencialmente llamando a una guerra civil contra MAGA».
Pritzker rechazó esas acusaciones, pero en los espectros republicanos o de MAGA no creen en su descargo porque consideran que el gobernador de Illinois y sus camaradas del Deep State están tratando de imponerse sobre Trump y sacarlo del juego.


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