Paso por paso, los responsables coordinadores de los planteles técnico-operativos que están enrolados en el gobierno de Trump gestionan el proceso de derribo de las burocracias y las figuras clave del denominado Estado Profundo.
Innegablemente, el definido como Trump 2.0 confirma, antes de cumplirse los 100 días de su asunción, su disposición a efectuar un número de cambios que delinearán el panorama general caracterizándolo como significativamente diferente a su mandato presente en comparación con el que tuvo entre 2017 y 2021.
Cuando vemos, hablamos y polemizamos sobre Trump, no debemos desconsiderar que la confrontación existente contra los centros globalistas y el desmontaje de los mismos no pueden realizarse en la misma forma y tiempos que dictan los deseos y las teorías.
Todos los procesos están operados por seres humanos y las mentadas estructuras de poder, desde la más débil a la más fuerte, no se mueven sin el concurso indispensable de los seres humanos.
Esta aclaración le podría parecer fútil al lector, pero observamos que, en precisos espacios de información, se deja entrever, en ciertos casos, o se expresa explícitamente, en otras situaciones, que la naturaleza existencial de las estructuras poderosas sería “mágica” o “sobrenatural” y que, para su génesis y desarrollo, el ser humano es prescindible o algo insignificante.
Trump, como un hombre de poder que es, conoce, por experiencia personal, que, en algunas ocasiones, hay que aumentar mucho la velocidad; pero, en todo momento, hay que pensar en bajarla y cuando las circunstancias lo ameriten, hay que hacerlo.
También sabe que hay puntos a los cuales él podría no llegar por causas de las variables que no son manejadas por sus oponentes.
El 47° quiere encauzar las mayores energías suyas, las de su pueblo votante y de sus socios contra los enemigos internos que son, para los otros pueblos, los enemigos externos.
Razón por la cual, los jugadores estratégicos que Trump puso están gestando acciones para imperar sobre el Estado Profundo que podría consistir también en detenciones y persecuciones legales en el extranjero. Hay exjefes de la CIA, del Pentágono otras agencias que temen por ello y que, como sucede con algunos nombres, ya no quieren regresar a los Estados Unidos y estarían radicándose, hasta nuevo aviso, en países donde los globalistas atlantistas garantizarían su seguridad.
En algún momento, una parte de ellos buscaría hacer las paces con el gobierno republicano, pero otras, en cambio, seguirán con la firmeza de producirle un gran daño al liderazgo de Trump.
Y Obama lo sabe.


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