Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos un documento muy especial pues se trata de un documento histórico firmado ayer 20 de mayo entre los presidentes de Rusia y de China en Pekín.
La Federación de Rusia y la República Popular China (en lo sucesivo, «las Partes»), en su calidad de civilizaciones con una historia milenaria, países fundadores de las Naciones Unidas (ONU) y miembros permanentes de su Consejo de Seguridad, importantes centros de poder del mundo multipolar, que desempeñan un papel constructivo en el mantenimiento del equilibrio global de fuerzas y en la mejora del sistema de relaciones internacionales, guiándose por los principios de la Declaración conjunta ruso-china sobre el mundo multipolar y la configuración de un nuevo orden internacional, de 23 de abril de 1997, la Declaración Conjunta entre la Federación de Rusia y la República Popular China sobre el orden internacional en el siglo XXI, de 1 de julio de 2005, la Declaración Conjunta de la Federación de Rusia y la República Popular China sobre la situación actual en el mundo y los problemas internacionales importantes, de 4 de julio de 2017, la Declaración conjunta de la Federación de Rusia y la República Popular China sobre las relaciones internacionales que entran en una nueva era y el desarrollo sostenible global, de 4 de febrero de 2022, declaran lo siguiente:
1. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se han acelerado los cambios en el panorama internacional y en el equilibrio de fuerzas en el mundo.
Por un lado, la ola de descolonización y el fin de la Guerra Fría han dado lugar a un aumento significativo del número de Estados soberanos en el mundo. La comunidad internacional se ha vuelto más diversa y compleja. Se ha producido un aumento del nivel de desarrollo y de la influencia internacional de los Estados de Asia, África, Oriente Próximo, América Latina y el Caribe. Ha aumentado el número de agrupaciones regionales e interregionales, cuya actividad abarca todas las esferas de las relaciones internacionales, desde la política y la seguridad hasta la economía y la dimensión humanitaria, y su papel en los asuntos mundiales no deja de crecer. La interconectividad y la interdependencia en el mundo han alcanzado un nivel sin precedentes en la historia de la humanidad.
Los intentos por algunos Estados de gestionar unilateralmente los asuntos mundiales, imponer sus intereses al mundo entero y limitar las posibilidades de desarrollo soberano de otros países, al estilo de la época del colonialismo, han fracasado. El sistema de relaciones internacionales en el siglo XXI está experimentando una profunda transformación, evolucionando hacia un estado duradero de policentrismo y la configuración de un nuevo tipo de relaciones internacionales.
La mayoría de los Estados, teniendo en cuenta la experiencia histórica adquirida, han tomado plena conciencia de la llegada de una nueva era y de la necesidad de seguir el camino hacia la formación de una comunidad internacional más cohesionada, así como del respeto mutuo de los intereses fundamentales, la igualdad, la justicia y la cooperación mutuamente beneficiosa, sin dividir el mundo en regiones y bloques antagónicos.
Por otra parte, la situación mundial se complica. Aumentan tendencias neocoloniales negativas, como la práctica de enfoques unilaterales basados en la fuerza, el hegemonismo y la confrontación entre bloques. Se vulneran con frecuencia las normas básicas y universalmente reconocidas del derecho internacional y las relaciones internacionales; a los Estados les resulta cada vez más difícil coordinar sus acciones y resolver conflictos en el marco de las instituciones de gobernanza global, muchas de las cuales están perdiendo eficacia. La agenda mundial de la paz y el desarrollo se enfrenta a nuevos riesgos y desafíos; existe el peligro de que se fragmente la comunidad internacional y se vuelva a la «ley de la selva».
2. Abogando por un proceso armonioso de construcción de un mundo multipolar equitativo y ordenado y de un nuevo tipo de relaciones internacionales, que incluya un sistema de gobernanza global más justo y racional, las Partes se comprometen y exhortan a la comunidad internacional a respetar en sus relaciones mutuas los siguientes principios básicos:
1) el principio de apertura del mundo a una cooperación inclusiva y mutuamente beneficiosa.
Es importante superar la división del mundo y promover la eliminación de las barreras transfronterizas en diversos ámbitos, respetando al mismo tiempo la soberanía, la integridad territorial y la identidad de todos los Estados soberanos. En el mundo no existe un camino universal hacia el desarrollo ni hay países ni pueblos de «primera clase».
Las diferencias entre los Estados, naturales en un mundo tan diverso y complejo, no deben constituir un obstáculo para el desarrollo de relaciones entre ellos basadas en la igualdad, el respeto y el beneficio mutuo. Es necesario respetar la elección del camino y el modelo de desarrollo de cada Estado soberano.
La democratización de las relaciones políticas internacionales y la construcción de una economía mundial más abierta responden a los intereses fundamentales de todos los países del mundo. Los enfoques unilaterales para resolver problemas comunes, el hegemonismo y la política de coacción, en cualquiera de sus manifestaciones, son inaceptables;
2) el principio de seguridad indivisible e igualitaria.
La formación de una comunidad internacional más cohesionada, en un contexto de riesgos y desafíos comunes cada vez mayores para la humanidad, implica que la seguridad de un Estado no puede garantizarse a expensas de la seguridad de otro. Todos los Estados soberanos tienen el mismo derecho a la seguridad.
Es necesario prestar la debida atención a las preocupaciones legítimas de todos los países en materia de seguridad, orientarse hacia la cooperación en cuestiones de seguridad, rechazar la confrontación entre bloques y las estrategias de «suma cero», oponerse a la expansión de las alianzas militares, las guerras «híbridas» y las guerras «por mano ajena», y promover la creación de una arquitectura de seguridad global y regional renovada, equilibrada, eficaz y sostenible.
Las discrepancias y controversias deben resolverse por la vía pacífica, eliminando las causas profundas de los conflictos. Es inadmisible obligar a los Estados soberanos a renunciar a la neutralidad;
3) el principio de la democratización de las relaciones internacionales y la mejora del sistema de gobernanza global.
Todos los Estados y sus agrupaciones son libres de elegir a sus socios extranjeros y los modelos de interacción internacional. La hegemonía en el mundo es inadmisible y debe prohibirse. Ningún Estado ni grupo de Estados debe controlar los asuntos internacionales, disponer del destino de otros países ni monopolizar las oportunidades de desarrollo.
El sistema de gobernanza y regulación global debe garantizar las condiciones para la participación en pie de igualdad de todos los Estados en los procesos de toma de decisiones políticas y en el disfrute de los beneficios derivados de ello, y debe perfeccionarse continuamente. En la gobernanza global, que constituye un importante instrumento para ordenar el sistema de relaciones internacionales, es necesario respetar la igualdad soberana, la primacía del derecho internacional, el multilateralismo, el enfoque centrado en las personas y la orientación hacia los resultados.
Para ello, es necesario reforzar el papel del multilateralismo como principal instrumento para resolver problemas globales complejos y multifacéticos, y no permitir el debilitamiento de la ONU. La reforma de la ONU y de otras instituciones multilaterales debe responder a los intereses de toda la humanidad y aumentar de manera sistemática la representatividad y el peso de los Estados en desarrollo en el sistema internacional.
La Carta de las Naciones Unidas constituye la norma fundamental de las relaciones internacionales y sus principios deben respetarse en su conjunto y en su interrelación. Las normas elaboradas en un círculo restringido de Estados no deben sustituir al derecho internacional universalmente reconocido. Los grandes Estados deben asumir una responsabilidad y una misión especiales, imponerse exigencias adicionales y no abusar de sus ventajas;
4) la diversidad civilizatoria y de valores a escala mundial.
Todas las civilizaciones humanas tienen valor intrínseco y son iguales; las civilizaciones no se dividen en altamente desarrolladas y poco desarrolladas, fuertes y débiles. El sistema espiritual y moral de ninguna civilización puede considerarse exclusivo o superior a los demás.
Todos los países deben defender una visión de las civilizaciones basada en la igualdad, el intercambio mutuo de experiencias y el diálogo; deben fortalecer el respeto mutuo, la comprensión, la confianza y los intercambios entre las diferentes nacionalidades y civilizaciones; deben promover el entendimiento mutuo y la amistad entre los pueblos de todos los países, y deben proteger la diversidad de culturas y civilizaciones.
Es necesario oponerse firmemente al uso de los derechos humanos como pretexto para interferir en los asuntos internos de otros Estados, así como a la politización y la instrumentalización de las cuestiones de derechos humanos.
La religión es un importante vector de la cultura humana que desempeña un papel especial en el establecimiento de vínculos entre los pueblos, y todos los Estados deben crear condiciones propicias para el diálogo y los intercambios interreligiosos.
3. Las partes seguirán elaborando una visión común para la configuración de un mundo multipolar y de unas relaciones internacionales más justas de un nuevo tipo.






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