En la concepción de los actuales decisores del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), está el objetivo de darles un mayor potencial a sus aliados regionales para que la reconfiguración estructural e histórica de la región de Asia Occidental sea codificada en el antihegemonismo anglo-norteamericano-israelí.
A pesar de todas las bajas que esta organización tiene desde el 2020, la misma sigue actuando con cuotas de protagonismo insoslayable en el vigente marco de desarrollo geopolítico y también ha escalado, en el ecosistema interno iraní, a tal punto que pasa por ella una parte fundamental de las decisiones estratégicas del estado.
La transformación de la Guardia Revolucionaria Islámica en un actor decisivo para el futuro de Irán y de toda la región es un estadio racional ya que esta institución se vino preparando, desde la finalización de la guerra contra el Irak de Saddam Hussein, para desempeñar el papel basal.
En efecto, cuando, por ejemplo, en la década de 2000, se decidió una nueva geopolítica para Irán, pero en una línea de continuidad con la Revolución Islámica, se señaló a la Guardia Revolucionaria Islámica como una de las piezas cardinales para la concreción de la idea por sobre las capacidades de las élites profesionales políticas y hasta de un sector de la dimensión religiosa.
Para tal fecha, las preocupaciones que existían sobre una ruptura, seguida de un enfrentamiento, entre las Guardias Revolucionarias Islámicas y el Artesh (ejército convencional iraní) que podrían ocurrir en algún momento del decurso histórico se calmaron cuando operaron, a lo largo del tiempo posterior, acciones encaminadas a sostener una unidad entre ambas fuerzas. Esto es lo que desconocía el Señor Trump cuando creyó -supinamente- en que el liderazgo del Artesh se opondría al de Pasdarán.
Para los jefes y los cuadros medios de la Guardia Revolucionaria Islámica, Irán es una madre de civilización y, por dicha naturaleza, debe lidiar y enfrentar, sin rendición alguna, a las civilizaciones que quieran destruirla. Para los orientadores del Cuerpo, Irán tiene una misión altísima en estos momentos de la geopolítica mundial y debe cumplirla con la mayor eficacia posible.
Entonces, se prevé que la Guardia proporcione mucho mayor apoyo -del que les vino dando- a sus aliados de la región para que estos sean actores clave -aunque no sean estados propiamente dicho- en la remodelación del área.
Antes de los presentes sucesos bélicos, era común que, desde fuera de Irán, varios actores de poder buscaran a los Zarif y afines para conectar y/o establecer influencia dentro de la estructura iraní, pero hoy esa opción ya no es compatible o conducente porque, tal y como lo están demostrando ciertas comunicaciones extranjeras que se hacen hacia el interior de Irán, tener el canal de diálogo automático y confiable con el CGRI para posteriores compromisos, es garantía de gestión segura.
Aun cuando las hostilidades de EE.UU. e Israel no terminan, algunos pensadores del CGRI elaboran sus visiones agregando emergentes ejes para la geopolítica iraní.


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