En tanto que los competidores estratégicos naturales de la India, Pakistán y China, exhiben un protagonismo reluciente como proactivos mediadores en distintos entornos de conflicto, con énfasis en Medio Oriente, el gobierno de Modi desempeña un papel de ausente.
Los defensores del actual ocupante del Rashtrapati Bhavan, al igual que sus detractores, argumentan que tal posición se debe, por un lado, para no esmerilar las relaciones estratégicas con actores como el israelí, teniendo en cuenta que esas guerras se acabarán, en el horizonte inmediato y, por el otro lado, respondería a una incompetencia evidente del liderazgo de Nueva Delhi para oficiar eficazmente mediador positivo.
Para la perspectiva de algunos partidarios de Modi, que India salga en ayuda de, por ejemplo, Irán, en desmedro de los intereses objetivos de Israel y los motivos de la agenda de Trump, terminaría incidiendo en una disminución del rol proyectivo de la geopolítica de la India y hasta recibiría, más adelante, la descarga furiosa (en una dirección vengativa) de líderes como Trump.
Por la cabeza de Modi no hay ningún espacio para romper con la Asociación Estratégica Global que sustenta con su Amigo Trump y, aunque sus portavoces oficiales dicen que el primer ministro indio no conocía del ataque bilateral israelí-estadounidense del 28 de febrero contra Irán, cuando visitó Israel, se admite que Modi y Netanyahu se proponen a llevar a otro nivel superior las mutuas relaciones estratégicas.
Obviamente, hay un marcado contraste, en algunas dimensiones, entre el enfoque geopolítico global del primer ministro israelí y el prisma que Modi alega tener para sí y su estado.
La vigorización y la expansión, en la realidad continental, del primero choca inexorablemente con los postulados vitales regionales del último por más que los discursos planteen una complementariedad.
Y este aspecto también se comenta en la India, aún dentro de la armada del país, institución militar, en la cual, por cierto, algunos de sus niveles han estudiado las enseñanzas sobre política internacional y las visiones referentes a las civilizaciones que dictaba Ali Jameneí, siendo un número no menor de estas premisas compartida por una corriente de oficiales navales de la India.
Estos oficiales incentivan a una mayor cooperación militar y diplomacia marítima entre la India e Irán en el contexto de una multipolarización que integre al soberanismo iraní con pleno derecho en el futuro regional y mundial donde la India sea un socio destacado del poder iraní.
En lo que respecta a la oposición política a Modi, el veterano líder del Congreso Nacional Indio, Jairam Ramesh, dijo Surgen serias dudas sobre la esencia y el estilo de la glorificación del autoproclamado Vishwaguru. ¿Cómo ha logrado Pakistán forjarse un nuevo papel a pesar del compromiso diplomático de la India de aislarlo tras el brutal atentado terrorista de Pahalgam en abril de 2025? Este fracaso resulta particularmente perjudicial, dado que el gobierno del Dr. Manmohan Singh había aislado a Pakistán con tanta eficacia tras los atentados terroristas de Bombay en noviembre de 2008.
Siguió arremetiendo contra Modi al resaltar que Trump está prefiriendo a Pakistán por sobre la India y que el primer ministro indio no actúa coherentemente como líder BRICS para crear un papel de mediador de la paz para India, máxime cuando hay países miembros de este bloque que están siendo protagonista de la crisis y la guerra en Medio Oriente.
Por su parte, la organización Rashtriya Lok Andolan mostró su preocupación porque el gobierno de Modi se halla fuera de los foros mediadores por la paz en Asia y que los impactos derivados de la tensión en el Estrecho de Ormuz están agregando más problemas al común de la ciudadanía india, haciendo que la inflación aumente y que más padres de familia tengan complicaciones para el sustento diario del hogar.
De la misma manera, en Pakistán y China se estudia milimétricamente el rol de Modi y se percibe, en esos lugares, que la India está perdiendo en este año 2026.


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