Fruto de años de nexos consistentes con el establecimiento militar y de inteligencia israelíes, el gobierno ugandés declaró que, está en sus planes, sumarse militar y estatalmente al lado de Israel para defenderlo en entornos de guerra.
Muhoozi Kainerugaba, hijo del presidente de Uganda, comandante de las Fuerzas de Operaciones Especiales y Ministro de Defensa, publicó, en su cuenta de X, ¡El verdadero problema es Turquía! Hemos estado esperando a que se pongan las pilas. Si no solucionan nuestros problemas, romperemos todas las relaciones diplomáticas con Turquía en los próximos 30 días. Incluso antes de empezar a hablar, exigimos un mínimo de 1.000 millones de dólares a Turquía.
El posible siguiente presidente de Uganda también dijo que puede enviar 100.000 soldados a Israel para defenderlo de los islámicos turcos e iraníes si estos deciden avanzar contra el estado israelí y, antes, dijo que en 72 horas él y su ejército podrían tomar Teherán sin bombardeos.
La participación ugandesa, como parte del ejército internacional defensor de Israel, se enmarca en los anuncios de hace unos meses de Tel Aviv de que aparecerán estados árabes, islámicos y africanos que proclamarán su inserción en la coalición militar que los jerarcas israelíes vienen diseñando para confrontar con sus rivales durante los próximos 8 años.
Su ejército tiene 45 mil miembros activos y, ciertamente, carece de las capacidades reales y fuertes para enfrentarse contra Turquía a Irán, pero sus jefes creen que son el David africano. Pero que, en un hipotético escenario de guerra contra Turquía e Irán, los soldados de las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Uganda cumplirían el papel de mercenarios y no el rol de un ejército nacional propiamente dicho.
La ideologización religiosa, sumada a la articulación monetaria y de seguridad con Israel que tiene su cúpula gobernante, le mueve a dejar de ser neutral y posicionarse del lado israelí con la convicción de que Israel sería el estado que gobernaría Medio Oriente y que su proyección global le facilitaría buenos negocios para Uganda.
Con una representación cristiana que ocupa el 80% de la población del país (que tiene 50 millones de habitantes), los dirigentes de Kampala quieren aprovechar las circunstancias internacionales para hacer crecer su estado mediante los beneficios que obtendrían de Trump y Netanyahu.
En tanto, las comunidades musulmanes del país no están de acuerdo con ese enfoque de los Museveni. Este clan gobierna la nación desde 1986 y sigue, a rajatablas, los vínculos estrechos entre un número de fuerzas políticas y militares ugandesas con Israel que tuvieron auge en las décadas de 1960 y 1970, pero cuyos lazos históricos se remontan a Theodor Herzl y VI Congreso Sionista (de 1903) cuando un número de representantes sionistas eligió a Uganda como territorio para instalar el Estado de Israel. Esta iniciativa fue dejada de lado, más tarde, en 1905, por la intervención de otros sionistas cuando Herlz ya estaba muerto (falleció en 1904).
La élite gobernante de Kampala también se destaca por recibir a migrantes que son expulsados de Israel y los Estados Unidos y promociona la imagen (errónea) de que ha comenzado una nueva edad dorada para el país, pero no reconoce que coacciona y reprime a la oposición política.
Por ejemplo, uno de los líderes opositores, Robert Kyagulani, que es un cantante pop más conocido como Bobi Wine, tuvo que salir secretamente del país para continuar su lucha desde el extranjero por temor a ser asesinado por el oficialismo, después de que denunciara que se produjo un fraude electoral, en las últimas elecciones presidenciales que se celebraron el 15 de enero (El clan Museveni informó que obtuvo el 75% de los votos emitidos y que, por eso, seguía al frente del manejo del estado).


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