En el artículo largo de traducción y análisis de hoy, vamos a poner el foco en Líbano y Siria, y sus dos amenazas mutuas, tanto al norte con Turquía como al sur con Israel. Por la parte más extensa, Siria está hundida en una guerra civil entre el autopercibido gobierno de Damasco encabezado por el terrorista Al Sharaa, y las facciones minoritarias (destacando ahora la situación con los Drusos en Suweida). Pero Líbano tiene una situación igualmente precaria, con turcos e israelíes presionando por ambos lados para tomar posiciones en un país que parece condenado a un hciago porvenir. Para tener datos precisos desde el terreno, utilizamos como referencia tres artículos desde The Cradle. Vamos con ello:
«Los planes de Turquía para gobernar Trípoli mediante operaciones encubiertas en Damasco»
En el primer artículo nos dicen que, Turquía busca ampliar su influencia en el norte del Líbano, especialmente en Trípoli, mientras Beirut enfrenta múltiples crisis internas y las consecuencias de la reciente guerra entre Israel e Irán.
Ankara ha extendido sus actividades más allá de programas de ayuda humanitaria y educativa dirigidos a comunidades suníes, implementando estrategias que incluyen naturalización, divulgación religiosa, control de infraestructuras clave y operaciones de seguridad dirigidas por su inteligencia desde Damasco.
Fuentes de seguridad indican que Trípoli es ahora una zona significativa de influencia turca, gestionada por la inteligencia turca desde una oficina en Mezze, Damasco, liderada por el oficial A.S. Este supervisa una red en Trípoli que monitorea eventos locales, coordina actividades políticas y religiosas, recopila información y establece una base de poder blando.
Durante más de una década, organizaciones como la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación (TIKA) y la Fundación Diyanet han incrementado su presencia en el norte del Líbano, proporcionando ayuda alimentaria, financiera, becas y gestionando mezquitas, escuelas y centros culturales en áreas como Trípoli, Minieh, Dinnieh y Akkar.
Turquía ha otorgado ciudadanía a cientos de familias libanesas bajo el pretexto de ascendencia otomana o turcomana, creando una población con doble lealtad. Además, la inteligencia turca opera un puesto de campo en Trípoli dirigido por M.S., quien recibe apoyo logístico y técnico, incluyendo dispositivos de comunicación por satélite. Una red de divulgación religiosa liderada por A.A. en Bab al-Tabbaneh promueve un «islam turco moderado» para alinear comunidades con Ankara.
Turquía busca controlar infraestructuras estratégicas como el puerto de Trípoli, el aeropuerto de Qlayaat y la refinería de Beddawi. El puerto, más grande que el de Tel Aviv, podría convertirse en un centro logístico para mercancías turcas hacia Siria e Irak. El aeropuerto de Qlayaat se reactivaría mediante financiación indirecta, y la refinería de Beddawi, conectada al oleoducto transárabe, es un objetivo energético clave.
Políticamente, Turquía apoya candidatos en Trípoli, Minieh y Akkar para las elecciones parlamentarias, buscando un bloque leal en el Parlamento libanés. En mayo de 2025, Abdullah Eren, jefe de la YTB, visitó Akkar y Trípoli, destacando la importancia de los turcomanos libaneses y anunciando más becas. El imán Sheikh Mohammad Mourab expresó que los musulmanes libaneses se sienten parte de Turquía.
Desde 2010, tras la visita de Recep Tayyip Erdogan a Kouachra, Turquía ha fortalecido su influencia, con entre 50,000 y 70,000 libaneses naturalizados como ciudadanos turcos. La familia Marabi y figuras como Khaled Tadmari son aliados clave. Tras la caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, Turquía reposiciona su influencia en el Líbano. En 2020, Abbas Ibrahim advirtió sobre estas actividades, instando a mayores controles.
Los medios turcos refieren al Líbano como parte de «Bilad al-Sham», reflejando la doctrina neo-otomana de Erdogan, que busca influencia a través de educación, comercio, religión y nacionalidad dual. Las operaciones desde Damasco, tras la destitución de Assad, marcan un cambio hacia una intervención directa en el Líbano.

«El ascenso estratégico de Hezbolá tras la guerra abierta de Irán con Israel»
En el segundo artículo, tenemos que, la operación iraní «Promesa Verdadera 3», un ataque con misiles y drones contra Israel, marcó un cambio estratégico, elevando a Hezbolá como aliado central del Eje de la Resistencia liderado por Teherán. Este ataque transformó a Hezbolá de una rama libanesa a un socio militar clave, señalando un paso de la defensa fronteriza a la imposición de líneas rojas regionales.
Diplomáticos iraníes indican que este cambio ha fortalecido el consenso interno en Irán, aumentando el apoyo a aliados como Hezbolá. La infraestructura de defensa regional de Irán se ha activado, demostrando capacidad para imponer disuasión y limitar la impunidad de Israel.
Hezbolá, antes vulnerable a ataques selectivos, opera ahora bajo una matriz de defensa regional, donde un ataque contra ellos podría desencadenar una respuesta de Irán.
A pesar de pérdidas significativas en líderes, infraestructura y redes logísticas, las bajas de Hezbolá se contextualizan dentro de un enfrentamiento regional liderado por Irán. Las fuerzas de Ansarallah en Yemen también han ganado relevancia, atacando objetivos vinculados a EE.UU., Reino Unido e Israel, remodelando la disuasión marítima y aérea.
Washington reconoce a Hezbolá como un componente de una alianza respaldada por un Estado, no como una milicia aislada. Las pérdidas de Hezbolá no debilitan su posición política, sino que la fortalecen dentro del Eje de la Resistencia. Entre sus seguidores, los sacrificios se ven como parte de un enfrentamiento más amplio entre Teherán y Tel Aviv.
Hezbolá ha accedido a datos de combate iraníes, observando sistemas de defensa aérea israelíes en condiciones reales, lo que permite perfeccionar estrategias y seleccionar objetivos. La cooperación en inteligencia con Irán se ha integrado, formando una doctrina de guerra conjunta. Las pérdidas han expuesto vulnerabilidades en mando, logística y ocultación, pero el apoyo iraní ha permitido a Hezbolá adoptar unidades móviles y descentralizadas.
Hezbolá estaba preparado para entrar en guerra si Irán enfrentaba una amenaza existencial, consolidando una doctrina de intervención mutua. Sus nuevas estrategias incluyen una defensa interconectada con Irán, unidades móviles, secreto sobre su arsenal de misiles, disuasión acumulativa y mayor coordinación militar regional, mientras evita fricciones internas en el Líbano.

«El ministro de Asuntos Exteriores turco acusa a Israel de ‘política de desestabilización’ en Asia Occidental»
Y en tercer lugar, en un artículo del 16 de julio, exponen que Hakan Fidan, ministro de Asuntos Exteriores turco, acusó a Israel de desestabilizar Asia Occidental tras ataques masivos contra Damasco, incluido el Ministerio de Defensa sirio y un sitio cercano al palacio presidencial, que mataron a más de una docena de personas.
Los ataques, bajo el pretexto de proteger a la minoría drusa, coincidieron con enfrentamientos en Suwayda, que terminaron con un alto el fuego.
Fidan afirmó que Israel prioriza sus acciones sobre su seguridad, ignorando normas internacionales y la soberanía de otros países, advirtiendo que estas políticas amenazan a la región y a Israel mismo. Instó a EE.UU., la UE y países regionales a detener a Israel para evitar consecuencias indeseadas.
Turquía comunicó propuestas sobre Siria a Israel a través de su inteligencia y advirtió a militantes kurdos respaldados por EE.UU. que no aprovechen el caos.
Desde la caída de Assad en diciembre de 2024, Israel ha ocupado el sur de Siria y realizado cientos de ataques aéreos para destruir infraestructura militar siria. Turquía, que ocupa el norte de Siria desde 2016, busca reforzar las defensas sirias y facilitar una nueva fuerza aérea.
Damasco y Tel Aviv negocian acuerdos de seguridad y normalización, mientras Turquía e Israel discuten un mecanismo de desconflicción.



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