La violencia en la frontera y las masacres en la costa han reavivado las tensiones entre Líbano y Siria, alimentando sospechas de que fuerzas ocultas fomentan la discordia suní-chií en beneficio de Israel.
La caída del gobierno de Bashar al-Assad en diciembre y el ascenso de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), liderada por Ahmad al-Sharaa, alteraron la seguridad libanesa. Celebraciones en Líbano y el alineamiento de facciones armadas con Damasco coincidieron con el surgimiento de grupos extremistas suníes hostiles a Hezbolá, generando alarma.
En la primera reunión entre Sharaa y Najib Mikati, con presencia de altos mandos libaneses, se evidenciaron estos temores, un mes tras la caída de Assad. Sharaa prometió controlar las fronteras y advirtió sobre células del ISIS en el norte libanés, pero los incidentes posteriores sugirieron su pérdida de autoridad.
En Siria, el fracaso de la transición se reflejó en el avance del Estado Islámico del Levante (ISIL) en Damasco, provocando el éxodo de 50.000 personas al Líbano en una semana, huyendo hacia el este, norte y sur de Beirut.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos reportó 1.383 civiles, mayormente alauitas, asesinados en masacres costeras, desatando temblores sectarios en el norte y este libanés. Tribus libanesas en Siria fueron expulsadas por la violencia, y una segunda ola de 90.000 sirios cruzó al Líbano, mientras 10.000-15.000 regresaron a Siria.
Las Fuerzas Armadas Libanesas contuvieron la escalada, pero las masacres alimentaron la narrativa occidental de sedición suní-chií, amplificada por medios regionales. Hassan Nasrallah había advertido antes de su muerte sobre intentos de revivir luchas sectarias para debilitar la unidad musulmana contra Israel.
Este plan busca desestabilizar sociedades musulmanas en Asia Occidental y África del Norte, desviando la resistencia contra Israel hacia conflictos internos, beneficiando intereses económicos occidentales. La violencia siria se extendió a Líbano, envenenando relaciones intercomunitarias.
Campañas de desinformación intentaron culpar a Hezbolá, aunque fuentes confirman su no involucramiento, limitándose la participación libanesa a tribus de Beqaa y el ejército.
Reportes sugieren un plan mayor: desplegar fuerzas internacionales en la frontera libano-siria para controlar armas, requiriendo que HTS intensifique ataques y culpe a Hezbolá, justificando intervención extranjera. En redes sociales, declaraciones falsas de municipios ligados a Amal y Hezbolá incitaron tensiones, seguidas de agresiones reales en Beirut.
Amal y Hezbolá pidieron no caer en provocaciones extranjeras, mientras el alcalde de Ghobeiry comparó estas tácticas con cohetes sin origen claro, atribuyéndolas a una quinta columna. Las rmas siguen entrando al Líbano, alimentando grupos extremistas, pese a mayores controles fronterizos.


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