La Casa Blanca incrementó su presión sobre las variables dirigentes del sistema chileno en aras de posibilitar que la presencia y la participación chinas en el país austral sean reducidas drásticamente para favorecer, en su lugar, las posiciones y la doctrina Donroe de los estadounidenses del trumpismo.
A través de múltiples canales, Washington está exigiendo a los responsables económicos, políticos y militares chilenos que apliquen, cuanto antes, las formulaciones que provienen del norte del continente porque, en su defecto, podrían pasar a ser objetivos de ataques continuos de carácter económicos, comerciales, diplomáticos y otros.
En un documento del 13 de agosto, intitulado La gran estafa del transbordo, la Casa Blanca incluyó a Chile en la lista de países que China utiliza para introducir diferentes tipos de productos y bienes a los Estados Unidos para evadir los aranceles de Trump.
Con otras palabras, los funcionarios encargados de la tarea les están diciendo a los chilenos que van a escalar las acciones contra Chile si, en un plazo corto de tiempo, no reciben indicios que sean favorables para EE.UU.
Esta cuestión es un comentario predominante en las reuniones económicas, políticas y diplomáticas chilenas y están quienes alientan a que el gobierno de Kast le dé a Trump, en bandeja de plata, las respuestas, que, a grandes rasgos, podría significar que China sea invitado a abandonar el país.
Claro que esa eventualidad le ocasionaría enormes perjuicios al empresariado exportador e importador de Chile y le generaría una desventaja al estado en el plano de la política internacional porque haría algo que ni siquiera los Estados Unidos o la Unión Europea lo hacen.
Adicionalmente, se paralizarían proyectos de inversiones que son importantes para la minería, lo cibernético y lo eléctrico en Chile.
¿Y a cambio de qué?
Casi… a poco o nada porque los norteamericanos no insuflarán a la economía chilena de las dosis de dinero que requiere; menos ayudarán a la potenciación de la infraestructura doméstica y tampoco le darán a Chile un trato preferencial con la concesión de privilegios y beneficios.
Esto que estamos diciendo lo están comprendiendo diversos tejidos de la economía y la política y estos son quienes, sin ser comunistas ni antiestadounidenses, propician la preservación de los vínculos con Pekín, consolidando el Tratado de Libre Comerio que rige desde el 2006.
Ciertos países, anteponiendo sus propios intereses a todo lo demás, e ignorando las normas internacionales, distorsionan el concepto de seguridad nacional con fines geopolíticos, declaró el embajador chino, Niu Qingbao, ante Santiago de Chile.
Acusar a China de exceso de capacidad y levantar barreras no resolverá su propio problema de incompetencia. Al contrario, tales prácticas solo perturbarán el orden económico y comercial mundial, socavarán la seguridad y la estabilidad de las cadenas industriales y de suministro globales, lanzó el diplomático en obvia referencia al enfoque vigente en los Estados Unidos, para terminar diciendo: Debemos resistir con firmeza y protegernos contra cualquier injerencia externa, manteniéndonos especialmente vigilantes ante cualquier intento de terceros de limitar o debilitar la cooperación entre China y Chile bajo cualquier pretexto.


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