Arabia Saudí atraviesa uno de sus periodos más delicados desde el estallido de la guerra en Yemen. En cuestión de días, el reino ha sufrido dos importantes reveses diplomáticos por parte de Estados Unidos: primero, la categórica negativa de Donald Trump a emprender acciones militares directas contra los hutíes, y luego la revelación de conversaciones secretas entre funcionarios estadounidenses y líderes de la milicia chií, celebradas el 13 de septiembre de 2026 en Mascate, bajo la mediación de Omán.
Según Reuters, que fue el primer medio en informar sobre la reunión, representantes hutíes, entre ellos Mohammad Abdulsalam y Abdelmalik al-Ajri, ambos sancionados por Estados Unidos, se reunieron con personal de la embajada estadounidense en Omán.
Tras estas conversaciones, los hutíes habrían obtenido garantías de Washington de que no serían blanco de ataques aéreos directos, a cambio de su compromiso de no atacar buques estadounidenses e israelíes. Sin embargo, los buques saudíes siguen explícitamente excluidos de esta promesa, lo que abre la puerta a la continuación de las operaciones contra el comercio energético del reino.
Esta decisión llega en el peor momento posible para Riad. Los rebeldes, respaldados por Teherán, controlan ahora toda la costa occidental de Yemen y representan una amenaza directa para el estrecho de Bab el-Mandeb, un punto estratégico clave por donde transita una parte crucial del comercio energético mundial.
Para muchos observadores, este doble revés no es casualidad. En una entrevista con L’Express, Karen Elliott House, ganadora del Premio Pulitzer y biógrafa del príncipe heredero Mohammed bin Salman, lo interpreta como una maniobra deliberada del gobierno de Trump. En su libro *El hombre que quiso ser rey: Mohammed bin Salman y la transformación de Arabia Saudí* (Harper, 2025), describe a MBS como un reformador visionario y un autócrata maquiavélico, decidido a modernizar el reino mientras consolidaba su poder.
Mediante este rechazo de Washington, Donald Trump sigue intentando presionar a MBS para que reconozca a Israel, explica.
Esta sería la gran victoria diplomática en Oriente Medio que el presidente estadounidense busca a toda costa. Esta interpretación es corroborada por varios medios de comunicación internacionales, que señalan que el gobierno de Trump limitó su ayuda a Riad al intercambio de inteligencia y la información sobre objetivos, negándose a cualquier intervención militar directa.
Este cambio de postura estadounidense coloca a Arabia Saudí en una posición aún más incómoda, dado el aumento de los ataques de los hutíes contra su territorio en las últimas semanas, dirigidos contra infraestructuras energéticas y ciudades del sur del reino. El 8 de septiembre de 2026, un ataque con misiles y drones hirió a 73 personas y provocó incendios en varias instalaciones petroleras, obligando a la suspensión temporal de algunas operaciones.
En este contexto, la negativa estadounidense a intervenir militarmente y las negociaciones paralelas con los hutíes parecen una clara señal: Washington prioriza la seguridad de sus propios intereses marítimos y la normalización de relaciones con Israel, dejando a Riad sola ante la amenaza hutí en sus fronteras.


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