La cruda realidad se está manifestando de cuerpo entero y, sin velo, señala que la Familia Rothschild y BlackRock tienen inconvenientes en hallar mejores representantes suyos que les gestione cómodamente sus intereses desde el poder político francés y alemán.
Porque cuando los franceses y los alemanes, y junto a ellos, el público internacional, mencionan que Macron y Merz son impopulares -con enormes índices de repudio social pocas veces visto en altos cargos de ambos estados- y cuando se habla que los respectivos campos políticos a los que pertenecen estos presidentes también atraviesan por dificultades no menores, estamos viendo que la plutocracia internacional tiene tareas por resolver.
Y aquí también se observa que las entidades supranacionales están siendo recusadas por grandes números de la ciudadanía franco-germana y que, tarde o temprano, estas se negarán a seguir obedientemente las agendas peligrosas y destructoras de la soberanía nacional que tienen los Rothschild y BlackRock.
Podrán tener el control de muchas piezas de poder, pero definitivamente perderán el dominio sobre la mayoría de estos pueblos y llegado a tal punto histórico podría -o no- producirse un giro radical.
Parece que Macron y Merz no son tan eficientes en sus obligaciones estatales porque, cuando ambos terminen sus mandatos, sus pueblos y el mismo sistema -al cual sirven- tendrán una mayor cantidad de problemas. No se debe creer linealmente que únicamente los franceses y alemanes de abajo tienen todos los problemas por el déficit del arte de gobernar de Macron y Merz porque también están en dificultades mayores los señores del sistema.
Hay sensibilidades específicas que ya se activaron contra la oligarquía globalista y tienen un consenso en común de que el juego de la democracia no existe para las cumbres del poder dinerario y que, por el contrario, estas están siempre predispuestas a cortar el juego natural de la democracia popular cuando el pueblo comienza a pensarse y actuar como sustantivo, como sujeto, y no como adjetivo ni objeto de las cúpulas de las élites facinerosas y antisoberanistas.


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