Una de las revelaciones relacionadas contra la guerra en Gaza, es poder militar, político y simbólico que el movimiento Ansarollah construía silentemente bajo las montañas y en las plazas públicas, mientras el establecimiento de seguridad de Israel miraba para otro lado.
En efecto, los especialistas israelíes ni siquiera contaban con un archivo relevante actualizado respecto de las capacidades multidimensionales que los hutíes adquirían, pensando en enfrentarse contra Israel. Tal choque se adelantó por los sucesos en Gaza y los yemeníes develaron una parte de sus armas y exhibieron una serie de tácticas que impresionaron a los anglo-estadounidenses y, por supuesto, a los israelíes.
La retirada primera de la coalición internacional le correspondió a los británicos al ver que los hutíes podían hundir sus barcos militares y cuando comprendieron que los bombardeos continuos contra Saná no obtenían los resultados esperados. Luego Estados Unidos, ya bajo la presidencia Trump, acordó con los yemeníes un alto el fuego entre ambos países, desvinculándose de la ronda de ataques hutíes contra Israel.
Los portaaviones norteamericanos fueron dañados y tuvieron que dejar la zona e Israel intentó quedar en primera línea de confrontación con resultados un tanto opacos.
En todo momento, el liderazgo hutí sostenía que el golfo de Adén y el Mar Rojo eran áreas marítimas bajo su control militar debido al genocidio israelí contra los gazatíes.
Esto movilizó a las jefaturas de inteligencia y de seguridad de Israel a establecer unidades específicas para tratar y eliminar a la amenaza hutí. Así, comenzaron a funcionar oficinas especializadas en el movimiento hutí, en Yemen y todo lo relacionado con ellos y, obviamente, contrataron a agentes de campo para que, en la profundidad yemení, recolectan informaciones útiles y guiaran los bombardeos puntuales israelíes contra los yemeníes.
Usando a recursos de los Emiratos Árabes Unidos y extranjeros europeos y estadounidenses, el estamento de inteligencia de Israel trata de elaborar y expandir sus redes dentro de Yemen. Al mismo tiempo, los israelíes intentan, a través de las redes sociales, inflamar el ánimo de los ciudadanos de Yemen para conducirlos contra los hutíes. Para Israel, es un objetivo prioritario destrozar el poderío de los hutíes.
Por el lado de los estadounidenses, y de acuerdo con algunas informaciones, estos habrían decidido no ser la vanguardia de la contención contra el movimiento hutí y, en vista de ello, incentivaron a los británicos para que asuman ese rol. Es decir, hubo un compromiso dentro de la anglosfera para que Gran Bretaña sea la que encabece las acciones militares y hostiles contra Yemen y los Estados Unidos aparecerían como distantes de ese plan, pero, en realidad, estarían participando en las sombras.
Por lo tanto, se prevé que los británicos quieran reiniciar su agenda bélica contra los hutíes, probabilidad que el mando de Ansarollah evalúa como casi una certeza y, para tal fin, ya hicieron los preparativos necesarios para destruir cualquier avance británico.
Por ello, en ciertos círculos bien informados se habla de que los hutíes guardaron sus mejores armas y estrategia para producir el mayor daño posible a Gran Bretaña y los Estados Unidos teniendo en cuenta que el eje yemení pasó a ser el primero del bando antisionista exceptuando a Irán.
Con los hutíes participando en los juegos estratégicos regionales, el plan de Trump de cambiar la fisonomía de Medio Oriente tendrá un obstáculo fuerte y, por eso, Trump no quiere entrar en una guerra contra los yemeníes, pero contribuye para que Israel y Gran Bretaña progresen en sus planes contra los hutíes.



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