El 47° presidente consiguió algo de lo que llevaba hablando desde noviembre de 2023: la liberación de los rehenes israelíes cautivos en Gaza.
Por aquella fecha, Trump manifestaba que Netanyahu fallaba en las relaciones públicas y que estando él en la Casa Blanca, se solucionaría el problema de los rehenes que fueron trasladados a Gaza a partir de la Operación Tormenta de Al-Aqsa que produjo un terremoto dentro de los aparatos de seguridad y político estatales de Israel.
Según se reporta, dos años después de aquél 7 de octubre de 2023, quedarían 20 rehenes vivos y los cuerpos de 28 fallecidos en la superficie y en los túneles de Gaza.
Es imperioso indicar que Trump también coadyuvo en la tregua y liberación -que luego quedaron postergadas- de enero de 2025. Por ende, esta es la segunda vez que Trump participa para el alto el fuego y el intercambio de rehenes y prisioneros en la guerra en Gaza.
Es por ello que Trump insiste en que, en esta ocasión, no se reanudará la guerra porque él y otros actores que establecieron las dos primeras fases del acuerdo en construcción impedirán que haya un reinicio bélico en Gaza.
Hay que enfatizar que tanto los árabes, los palestinos, los turcos y solo una parte de los israelíes decidieron que Trump sea reconocido como la persona que más incidió para el cese de la guerra. En virtud de ello, será vitoreado -por sólo una parte de los israelíes- en el mismo Israel y será reconocido por quienes participan de la Cumbre de Egipto.
Es más que evidente que esta guerra debió terminar hace tiempo y que Trump tuvo una oportunidad entre los meses de marzo y mayo y que sin el respaldo militar, de inteligencia y financiero estadounidense Israel no hubiese llegado tan lejos.
Tardó, pero ya está. Las garantías internacionales para que Israel no retome el ciclo de guerra en Gaza están escritas y Trump querrá avanzar con su agenda macro regional. Pero esta es otra historia, cuyas dinámicas y consecuencias no están prescritas.


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