Cuando Donald Trump se dirige al octavo mes de su segundo período de mandato popular y constitucional, sigue sin poder anunciar el fin de la guerra en Gaza y, pese a sus deseos personales, el campo de acción vio un notable cambio entre marzo y abril.
En efecto, al inicio de su presente ciclo, Trump había alcanzado tender puentes comunicativos con Hamás y otros representantes del pueblo palestino para resolver, al menos, en su fase temporal inmediata y en su dimensión más básica la cuestión de la guerra. Todo marchaba en un buen sendero y había optimismo de un lado y del otro: dentro de los encargados trumpistas y en el interior de Hamas.
Oficialmente, hubo reuniones y comunicaciones directas entre emisarios de Trump y Hamas y, por esos días, se construía una síntesis de las propuestas de Washington y Hamas para encarrillar las negociaciones y llegar a un acuerdo rápido y consistente en el primer semestre del 2025.
Eso pasó, pese a que, hoy, en algunas partes se hacen los desmemoriados. Los intermediarios árabes de Catar y Egipto también mostraban optimismo y hasta los saudíes le dijeron a Trump -durante su estancia en Riad- que la región esperaba entusiasmada el pronto fin de la guerra.
Los iraníes, a su vez, le indicaban a Washington sobre la necesidad del alto el fuego y un reinicio sensato en la Franja de Gaza con la preservación de los gazatíes en su propio suelo.
Y le decían en el contexto de las negociaciones que tenían con los estadounidenses por el tratamiento nuclear. De manera repentina, el panorama general fue tomando otros impulsos y las conversaciones palestino-estadounidenses se estancaron y la mirada de Netanyahu se impuso nuevamente.
Hace unos días, el corresponsal, en Washington, de medios de USA e Israel, Barak Ravid, dijo (o reconoció) que la estrategia de Trump y Netanyahu para lograr un éxito había fracasado y que, por ese motivo, según sus fuentes de la administración Trump, la Casa Blanca repensaría su comportamiento estratégico y que añadiría algunas modificaciones en su agenda hacia Gaza. Dio un dato: Marco Rubio les habría comentado a los familiares de los rehenes israelíes que los funcionarios necesitaban presentarle nuevas opciones a Trump.
Luego de ello, Israel informó que haría una “pausa táctica” en una zona definida de la Franja de Gaza para que los responsables del programa alimentario de las Naciones Unidas pudieran entregarles víveres y demás artículos indispensables a la población de Gaza que está siendo objetivo de una “hambruna deliberadamente organizada”, activada y mantenida por Israel, contra el repudio inmenso de la opinión pública global.
Pero quien no se siente indignado ni dolido por la situación en Gaza y que apuesta por maximizar la guerra como sistema, es el siempre arrogante y propalador de matanzas de inocentes, el senador Lindsey Graham. Según lo que habló, el domingo último, en el programa Meet the Press de NBC, Washington y Tel Aviv habrían acordado un cambio de estrategia, siendo un objetivo importante la aniquilación de Hamas.
Refiriéndose a los movimientos sobre el terreno en Gaza, Lindsey Graham dijo Todo lo que puedo decir es que van a ver, creo que, en los próximos días y semanas, un esfuerzo militar para destruir a Hamás, similar a lo que hicimos en Tokio y Berlín para destruir a los nazis y a los japoneses.
Vale decir: es lo mismo que Israel y la administración demócrata hicieron desde octubre de 2023 a enero de 2025.
Así que o Lindsey Graham intenta influir para instalar una decisión sobre la política exterior cuando todavía no se la tomó o Trump se vio superado por el drama y retiró sus opciones personales que las vendía como geniales antes de acceder a la presidencia a principios del 2025.
En cualquier caso, los gazatíes decidieron no obedecer a los israelíes ni a los estadounidenses. ¿Trump, realmente, comprende a Gaza?


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