Desde el mismo 3 de enero, hubo una catarata de rumores y comentarios escépticos en las filas del movimiento oficialista venezolano ya que las líneas medias y, especialmente, las bases no podían creer lo que había sucedido:
La captura de Nicolás Maduro Moro, su traslado militar a los EE.UU., junto con su esposa, Cilia Flores, y el acatamiento, por parte, de la presidente encargada, Delcy Rodríguez, de la nueva situación impuesta por Donald Trump al mando de la Casa Blanca.
Toda la verborragia del antiimperialismo y todas las señalizaciones del gran plan de guerra contra el gringo quedaron en el aire cuando Trump, desde Washington, declaró que, a partir de ese momento, Venezuela pasaba a formar parte de su gestión continental.
Una joya para la corona trumpista, quien, desde aquel memorable día, tiene la última palabra en las decisiones que toman los hermanos Rodríguez en cuanto a las medidas más importantes del aparato estatal.
La relativa transferencia soberana estatal hacia la externalidad estadounidense es un hecho palpable que no puede ocultar el aparato comunicacional de la cúpula del clan de los Rodríguez y sus asociados domésticos.
Con la remoción del poder de Maduro, y su posterior encarcelamiento en Nueva York, el Salón Oval trumpista supervisó la venta de más de 150 millones de barriles del crudo venezolano, quedándose con la mayor parte de las ganancias derivadas de tales operaciones.
El Rey Trump se jacta que Venezuela, bajo su dominio, vende más, que las élites estadounidenses tienen mejores ganancias relacionadas con esa nación sudamericana y que él sí supo resolver la cuestión venezolana sin guerra en el continente.
Pero, en los últimos días, en el hábitat del oficialismo de Venezuela, el influencer argentino, Michelo, y el comunicador y dirigente histórico del chavismo, Mario Silva, dijeron, al mismo tiempo, que hubo una traición en la captura de Maduro, que el alto mando político y militar que quedó a cargo, tras la eliminación política de Maduro, ordenó, en la madrugada del 3 de enero, que no se hiciera ninguna acción opositora a la Operación Resolución Absoluta de los EE.UU. y que el sistema local venezolano está dejando de ser rojo para ser estadounidense por una acuerdo que se dio en 2025.
Cabe recordar que Michelo, quien, debido a su estancia ideológica y laboral en Venezuela, conoce los detalles de las internas de poder y, por su lado, Silva, por ser parte del sistema que Chávez construyó, es uno de los protagonistas de tal interna, y, tal motivo, lo que ambos dijeron es por conocimiento de la situación y lo que mucha gente, dentro de Venezuela, piensa.
El cuerpo comunicacional del nuevo alineamiento que los Rodríguez plantean, no pudo anular que los testimonios y las críticas de Michelo y de Silva se propagaran con masividad, lo que produjo un shock en la estructura oficialista.
Mientras tanto, los opositores de María Corina Machado, junto a sus lobbies estadounidenses, elevaron sus reclamos para la celebración de elecciones generales, cayendo en saco roto tales demandas porque Trump sigue manteniendo vigente el acuerdo que detonó la caída de Maduro.


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