Con el desplante que Donald Trump le hizo a María Corina Machado al decir que la ganadora del Premio Nobel de la Paz no tiene las condiciones de liderazgo que se precisa para gestionar in situ política y administrativamente la Venezuela post Maduro, los operadores políticos, los empresarios y la dirigencia adscriptos a la organización que ella referencia quedaron estupefactos y desorientados porque se habían imaginado que el Gran Donald les haría el trabajo más duro de ellos y que los pondría en el trono de Venezuela.
La arremetida personal de Trump no quedó allí porque el 47° sentenció que la amiga de Marco Rubio (y asociada a él) no tiene el respeto del país venezolano, demoliendo de esa forma la fabricación de imagen pública que, en los últimos tiempos, se había realizado para posicionar a Machado como la amada por el pueblo de Venezuela y la jefa natural que debía conducir el estado después de la salida del poder político de Maduro.
En octubre de 2025, comentando la decisión de la Academia de Oslo de negarle el Premio Nobel a Trump y de entregarle a la citada política venezolana esa premiación, expresamos que, por dicho motivo, Trump se desquitará personalmente y, más tarde, dijimos que María Corina Machado no sería la presidenta de Venezuela porque, independientemente de cuál sea su calado político en el electorado de su país, Trump no le facilitaría su estancia en el Palacio de Miraflores.
Bueno, ya, en los días inmediatos a la caída de Maduro, la prensa estadounidense comentó, en una sedicente revelación de fuentes influyentes que Trump se había enojado con Machado porque formó parte de la movida globalista en torno al Premio Nobel de la Paz y que, debido a ello, decidió vengarse y apartarla del camino de la jefatura política en el proceso vigente que ahora impera en Venezuela.
Como si se tratara de una discusión en un salón de belleza femenina y sin darse cuenta de la realidad profunda de las cosas, María Corina Machado reapareció en la televisión estadounidense, más precisamente en Fox News, para decir que está dispuesta a ¡compartir el Premio con Trump!. Increíble, ¿no? Pero ese es el nivel de entendimiento de Machado que la tontaina de presidentes occidentales quieren poner para regir la dinámica del estado de Venezuela.
Así como en el planteamiento de Trump para Venezuela María Corina Machado no figura como la pieza clave y eso impactará negativamente en componentes políticos y económicos precisos, también ello afectará a grupos de inteligencia, aún dentro de la propia CIA, y de empresas de mercenarismo militar que estaban promocionando a Machado como la presidenta de Venezuela para repartirse el botín o los activos que dejaría el esquema de gobernanza del postchavismo.
Por consiguiente, estos grupos podrían operar, no sólo en la atmósfera de la opinión pública, sino también en las esferas de seguridad o de infraestructura económica mediante acciones violentas y de sabotaje para detonar el papel de Delcy Rodríguez como la persona capaz de cristalizar las demandas que Trump ha transmitido y que seguirá haciéndolo a través de los canales transaccionales de la operación de alto poder que se fraguó en el 2025.
Y no se puede descartar que estos mismos sectores intentarán propiciar circunstancias para que las facciones del poder del sistema venezolano imperante amplíen violentamente sus disputas hasta el punto de que Trump vea que esos clanes no son confiables para seguir sosteniéndolos en el funcionamiento trumpiano para Venezuela y los reemplace por las formaciones que apuntalan a María Corina Machado.
Para ello, contarán con la ayuda de algunos círculos estadounidenses que también quieren que Trump fracase en su experimento sobre Venezuela. Sobre este último punto, hablaremos más adelante.


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