La facción que sostiene a María Corina Machado sigue sin anotarse puntos a favor en la Oficina Oval y, desde el 3 de enero, llevó al terreno varias acciones para instalar a la fémina como la presidente natural del proceso que se incoa en esta nación de Sudamérica.
Ni la obsecuencia de concederle la Medalla Nobel a Trump pudo torcer la decisión del mandatario estadounidense, quien, por lo que ha demostrado inequívocamente, no considera que Machado deba ser la jefa interna. Ni el proselitismo de Marco Rubio (a quien una corriente de opinión le llamó imprudente y erróneamente El Virrey de Venezuela) cambió el parecer del 47°.
Porque el magnate devenido presidente tiene su propia visión y sus planes personales y desconsidera a la oposición liberal venezolana, continúa apoyando a los Rodríguez y ninguna operación mediática ni de presión política (el clásico lobby) logró desviar dicho respaldo.
Pero cerca de Trump también está otro grupo de menor relevancia, que es diferente de los agrupamientos de María Corina Machado y de los Rodríguez, y que vive dentro del trumpismo desde sus orígenes mismos como movimiento político.
Contando con el apoyo público –¡Nunca desinteresado!- de Roger Stone, este núcleo pretende participar en la organización del poder venezolano, hablando de un Reinicio total que supuestamente debería darse en el país y que. para que dicha nueva normalidad tenga efectos, tiene que ser conducido por Eduardo Bittar.
¿Y quién es este hombre?. En la práctica, tiene poco calado. Pero su trayectoria política cuenta que fue un socialdemócrata de fe y que militó por Henrique Capriles para, posteriormente, virar hacia la nueva derecha de los Bolsonaro y similares continentales.
Para Bittar, María Corina Machado es la falsa oposición que mantiene vivo al chavismo y que están dadas las condiciones contextuales para que fructifique una alternativa intermedia digitada desde los Estados Unidos, más exactamente, desde el entorno de Roger Stone o que éste participe preponderantemente en ello.
Claro que sí: María Corina Machado es una globalista ideológica sin competencia objetiva para conducir una transformación en Venezuela.
Claro que no: Roger Stone y Bittar son dos actores de la oportunidad que quieren captar algo o mucho creyendo que Venezuela será una notaría norteamericana durante los próximos años y que ellos pueden captar recursos.
Este conjunto todavía no puede absorber musculatura tanto en la Casa Blanca como dentro de Venezuela, a pesar de la amistad antigua y las comunicaciones frecuentes entre Trump y Roger Stone.
Tanto este como aquel grupo, ven facilidades para empoderarse en Venezuela a costa del sufriente pueblo venezolano. Presumiblemente, sus ansías de riqueza y poder serán zarandeadas por el viento de la Historia.


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